Osvaldo Bayer: “A los 82 años hay que empezar a recordar”

Por Emmanuel Gentile

Está a punto de viajar a Alemania, desde donde piensa escribir sus memorias. Se autodefine anarquista y pacifista. Padeció el exilio durante la última dictadura militar, y una de sus grandes obras, Severino di Giovanni, el idealista de la violencia, fue censurada por el gobierno de Raúl Lastiri. El autor de Los vengadores de la Patagonia trágica acaba de presentar en la Biblioteca Nacional el preestreno de Awka Liwen, un documental que cuenta la historia de las matanzas contra los pueblos originarios y el consiguiente despojo de sus tierras para establecer a una oligarquía terrateniente que, aún hoy, conserva su poder.

AZ: ¿Cómo seguirá el curso del nuevo film?

Bayer: Bueno, ahora se pasará en los cines comerciales, para que lo vea el gran público. Y después que termine ese periodo lo vamos a entregar por supuesto a escuelas, comisiones de cultura, universidades y a clubes barriales, para que se difunda en todos los sectores. Pero lamentablemente el Instituto Nacional de Cine (INCAA) no aportó nada. La directora Liliana Mazure no aprobó dar un sólo centavo.

AZ: Paradójicamente se verá en las mismas escuelas donde hoy se glorifica a Domingo Faustino Sarmiento.

Bayer: Claro, el documental va en contra del pensamiento de los liberales de esa época. Hay que releer el “Facundo” para darse cuenta del racismo insoportable de Sarmiento. El asco y odio que tiene por los pueblos originarios y por los mestizos; por los gauchos; por los criollos. No obstante, él tenía un 25 por ciento de sangre de los aborígenes a través de su madre, Paula Albarracín. Pero para Sarmiento la idea de progreso venía de Estados Unidos, por eso trajo maestras de allí, para que nos enseñen el camino de ése progreso. Al igual que Bartolomé Mitre, o el mismo Juan Bautista Alberdi, que al principio elaboró escritos muy racistas contra esos pueblos y después de la Campaña del Desierto cambió su posición totalmente, diciendo que era una injusticia lo que se había cometido.

AZ: El Gobierno ha declarado de interés nacional a su nueva película. Sin embargo, el monumento a Roca sigue ahí, a metros de la Casa Rosada. ¿Cómo se entiende?

Bayer: Ese es un tema que las autoridades no quieren tomar. Hemos hecho todo lo posible por la parte legal. Presentamos un proyecto ante el Concejo Deliberante porteño, que fue tratado y finalmente rechazado por la comisión de Cultura por seis votos a dos.

AZ: ¿Qué argumentaron quienes rechazaron el proyecto?

Bayer: El único argumento fue que en la historia hay que mirar hacia delante. Yo les escribí a esos señores concejales del macrismo que, con ese criterio, Alemania tendría que conservar todos los monumentos a Hitler, pero no me contestaron. Otros organismos no se han metido para nada, pero tuvimos un gran eco. Logramos cambiar el nombre de la calle central de la ciudad de Rojas, en la provincia de Buenos Aires, que se llamaba Roca, por el de Pueblos Originarios. La nueva placa la pusimos el Intendente y yo. Lo mismo hicimos con la calle de la costanera de Concepción del Uruguay, en entre Ríos. Hubo una gran concurrencia, sobre todo de estudiantes. Así que seguiremos en la lucha.

AZ: ¿Contra quién se libra esa lucha?

Bayer: Bueno, el diario La Nación hace una gran propaganda en contra del proyecto. También los señores Mariano Grondona y Rolando Hanglin, por ejemplo, con el argumento de que los Mapuches son indios chilenos. Es un disparate absoluto, porque los aborígenes están hace once mil años en estas tierras, y nunca tuvieron esas fronteras artificiales. Pero siguen repitiendo eso para quedar bien con la gente que tiene el poder. Ellos siempre van a luchar por Roca, a él le deben todas las tierras. Desde el decreto de entrega de los terrenos, después de la Campaña del Desierto, primero está la Sociedad Rural. José Alfredo Martínez de Hoz, su presidente en aquel tiempo, entregó dos millones y medio de hectáreas. Y todos los demás apellidos son los mismos actualmente. Son los bisnietos, pero siguen ahí. Es lógico que lo sigan defendiendo.

AZ: ¿Qué pasó finalmente con todos los proyectos cinematográficos para retratar la vida de Severino Di Giovanni?

Bayer: Hubo varios directores interesados. Incluso italianos. Pero ninguno fue capaz de hacerlo. Llegado el momento desistieron.

AZ: ¿Por qué?

Bayer: Yo creo que tuvieron temor. Porque realmente es un personaje que se hace querer. Principalmente por su historia de amor que tiene con la joven América Scarfó, pero además porque fue fiel a sus ideales. Posiblemente se lo pueda criticar por los métodos que usó. Pero ¿Qué se puede acusar de Severino di Giovanni si después los poderes establecieron una violencia muchísimo más grande? Más que fue fusilado por una dictadura militar como la de Uriburu, un fusilador que arrasó con todas las instituciones públicas. Pero no hubo posibilidad de filmarla. Leonardo Fabio tuvo durante 16 años los derechos, pero después declaró que luego de hacer una segunda lectura de Severino Di Giovanni, había decidido hacer la vida de Gatica. Hay una gran diferencia ¿no? El tipo era boxeador.
Después en Italia se leyó con mucho entusiasmo el libro, y se iba a producir. Pero cuando iba a filmarse ocurrió un atentado en un banco de Milán, perpetrado por una organización terrorista italiana, en donde murieron 13 personas, hubo una gran indignación. Y como Severino Di Giovanni también ponía bombas, los italianos temieron la censura del gobierno y un rechazo del público por ese episodio. Porque en el guión se elogia a Severino, por la valentía que muestra cuando lo fusilan. Ese sería el final. Yo no sé si la gente saldría emocionada, lo aplaudiría, o cómo reaccionaría. Pero para un gobierno que estaba en la represión de la guerrilla italiana, iba a resultar muy difícil.
Aquí también la quiso hacer en otra oportunidad Héctor Olivera. Estuvimos hablando, yo le hice dos o tres guiones. Pero finalmente dudó sobre la reacción del público. Así que no hubo ningún director de cine capaz de hacer la película.

AZ: Quizás, más adelante…

Bayer: Pienso que sería un gran film. Todos los asaltos de él tienen algo maravilloso, algo cinematográfico. Pero no me hago muchas ilusiones porque ya pasaron 39 años desde que escribí el libro.

AZ: ¿Cómo son sus días aquí y cómo son en Alemania?

Bayer: Bueno, aquí en Buenos Aires vivo ocho meses y me dedico a dar charlas en todos lados. Creo que el intelectual tiene que volcar lo que sabe ahí donde la gente lo quiere escuchar. Tengo conferencias todos los días, me conozco todo el país. En cambio a Alemania voy a descansar y a escribir. Ahora viajo justamente el próximo sábado, y estaré hasta el 1º de marzo. Me voy en invierno porque en esa época lo único que se puede hacer es trabajar adentro, porque hace un frío terrible. Salgo a mediodía a caminar media horita por el bosque, pero muy, muy abrigado. Y después queda todo el día para trabajar. Allá vive toda mi familia, son cosas que dejó el exilio. Si no fuera por eso viviría los doce meses acá en Argentina. Pero mis cuatro hijos estudiaron, se recibieron, y se casaron allá; mis diez nietos viven en Alemania; y mi mujer ha decidido quedarse. Viene a visitarme, pero quiere vivir allá. Yo la comprendo muy bien, porque se quiere mucho a los nietos.

AZ: En la edición definitiva de La Patagonia Rebelde usted relata dos curiosos episodios ocurridos en 2001, donde en la misma semana se encuentra con la hija del General Elbio Anaya y más tarde con la del dirigente de los peones rurales, Albino Arguelles. La primera para acusarlo, la segunda para agradecerle su trabajo. ¿Había vivido una situación semejante?

Bayer: Sí, me sucedió con Elvirita Viñas Ibarra. Ella se hacía llamar Elvirita. La hija del Capitán Viñas Ibarra, fusilador de los peones en la estancia La Anita. Cuando murió el padre, ella me llamó y mantuvimos un diálogo siempre muy afectivo. Yo la aprecié mucho. Y ella me invitaba a su casa para saber la verdad sobre su papá, pero no hablaba mal de él. Siempre me sacaba detalles, datos. Quería saber si realmente había sido un asesino. Entonces me escuchaba en silencio, y cuando yo le fui demostrando todo, las órdenes de él y todo eso, me siguió invitando. Una mujer muy anciana. Muy, muy simpática. Incluso participó de una entrevista en el documental de Eduardo Anguita, La vuelta de Osvaldo Bayer, en mi retorno a las tumbas masivas.

AZ: ¿Pero sus encuentros con la señora fueron anteriores al documental?

Bayer: Sí, fueron durante la investigación, pero ella no quería figurar en el libro, por eso no la menciono. Casualmente, Elvirita falleció hace un mes y la hija me llamó para invitarme a una misa en su nombre. Se hará en la iglesia de Ayacucho y Santa Fe. Y voy a concurrir porque ella se lo merece. Su hija me decía que siempre me quiso mucho y que a través mío supo gran parte de la vida de su padre.

AZ: Es la iglesia que usted menciona en el libro, la capilla del Patrocinio de San José, donada por los Braun-Menéndez, en recordación de José Menéndez.

Bayer: (Consulta el libro) Sí, es la misma. Ayacucho 1064.

AZ: Y ahora, ¿qué tiene pensado escribir?

Bayer: Estoy escribiendo mis recuerdos. Ya con 82 años hay que empezar a recordar. Estuve revisando archivos, escritos. Yo tengo todo guardado.//z

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