Nuestro Tendón de Aquiles

La Trastienda volvió a alojar a El Mató para un peculiar show de proyecciones surrealistas, líderes lesionados jugando en una pierna y algún que otro mosh al pasar. Atrás Hay Truenos fue el prólogo para una de las últimas oportunidades de ver a los platenses antes de su gira europea de este año.

Por María Victoria Moreno

Foto de Martín Benavidez 

La pantalla que funciona como escenografía proyecta una preparación de microscopio en movimiento. O algo muy similar. Toca Atrás Hay Truenos, una banda neuquina formada en 2005, primero como un juego, después como un trabajo lúdico. En su ludismo, Atrás Hay Truenos suenan compactos, aunque muchas veces ruidosos. Es la voz de quien canta la que nos recuerda que vienen de un lugar ventoso y seco, un lugar de donde no llegan bandas a Buenos Aires, es la voz de quien canta a la que hay que habituarse pero, que una vez habituados, entendemos cómo disfrutar. El reconocimiento del público está y se nota cuando tocan su hit, “El Encanto” –track 9 de su segundo larga duración homónimo-, en el que cantan: “Quiere cantar aunque no tengan la palabra / La encontrará aunque tenga que robarla / Cae rendido al encanto y no quiere más”.Tal vez es su canción más conocida por sus rasgos autobiográficos. Tal vez saben que hace falta una preparación para escucharlos con goce; tal vez por eso la proyección microscópica magnificada –valga la contradicción- que ilumina el escenario.

La preparación de microscopio es reemplazada por la proyección de películas surrealistas de fines del ’20. Y llega El Mató, en una segunda presentación porteña atrasada por una ruptura dentro de la banda. Quienes los seguimos sabemos por qué no tocaron, como habían anunciado, el viernes 14 de marzo: Santi Motorizado se rompió el tendón de Aquiles en la que fue, tal vez, su última incursión en las canchas de balompié. El sábado 29, ya operado pero todavía convaleciente, el cantante y bajista de la banda aparece sentado en una silla, calzado con una bota ortopédica en la pierna izquierda, dos muletas apoyadas en la esquina del escenario y, no menos importante, un vaso de whisky para calmar el dolor que tanto lo aqueja, como él mismo proclama. A lo largo de las casi dos horas que dura el show, Santi comparte su sensación de culpa – Chatrán Chatrán, habitual tecladista,  lo reemplaza en el bajo y Mora de los Faunos toca el teclado – por indicación médica no puede abandonar la silla que lo hospeda y ni siquiera tiene jurisdicción sobre las medidas de whisky que le corresponden. El público, envuelto en un sentimiento de hermandad, por la devoción que le profesan a la banda y a su líder, por haberlos acompañado desde el Cemento platense, por saber que  en unos días son line up del Lollapalooza, porque llenan La Trastienda y porque va a pasar sus próximos meses girando por Europa, aplaude profusamente. Y así, la culpa se esfuma después de cuatro canciones, cuando Santi se para y da el resto del show de pie, aunque con algunas preguntas a un supuesto médico que lo controla desde detrás de bambalinas.

Con La Dinastía Scorpio, último LP de la banda, lanzado hace más de un año [noviembre de 2012], el recorrido por el –ya no tan- nuevo disco se torna menos crucial. Así, la libertad de la banda crece y la aprovechan: tocan “Sábado” y “Escupime” del primer disco, lanzado allá por 2004, recorren con desahogo Navidad de Reserva,Un Millón de EurosyDía de los Muertos, aunque no dejan de hacer sonar las canciones de La Dinastíaque más difusión tuvieron: “Chica de oro”, “Más o menos bien” y “Mujeres bellas y fuertes”.  Con un fiel público porteño que los sigue a pesar de saber que cada recital en la Ciudad empieza con “El magnetismo” y termine con “El fuego que hemos construido”, Él Mató tiene el mérito de ser una banda independiente que convoca, llena y logra que su público no sólo venza la molestia de un cambio de fecha sino que sostenga emocionalmente a su cantante: las demostraciones de afecto hacen que algunos espectadores decidan, en esta noche especial, ondearse horizontales sobre las cabezas de la gente, en las más próximas inmediaciones del escenario.

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