Noche de canciones mágicas

El sábado 21 de abril, Tomás Aristimuño brindó un emotivo show en el marco de la presentación de su disco “Verde Árbol”. Poesía, excelencia musical y melodías hipnóticas dieron lugar a una velada perfecta.

Por: Nayla Madia

Fotos: Belén Peralta

Luego de tocar en Rosario y La Plata, Tomás Aristimuño volvió a los escenarios porteños para presentarse en el ciclo de cantautores que se lleva a cabo en Café Vinilo. Hacia allí nos dirigimos en un sábado otoñal de noche estrellada, ideal para disfrutar el encanto de la buena música.

En la puerta de la pintoresca casona ubicada en la calle Gorriti 3780. Gente de todas las edades se acercaba con entusiasmo para compartir una celebración artística y musical. Dentro del bar cultural, el ambiente era relajado. La iluminación en base a velas, reflejaba el característico y cálido ambiente que hace de Café Vinilo un lugar sumamente acogedor. Un gran pizarrón escrito en letras naranjas anunciaba que el joven cantautor patagónico presentaría junto a su banda Verde Árbol su flamante disco, grabado en los históricos estudios Ion, con su hermano Lisandro en la producción y editado por el sello discográfico Viento Azul discos.

A las 24hs, las luces se apagaron, todo quedó en silencio. Tomás salió a escena, junto a su banda (integrada por Juan Manuel Gracia en Bajo, Federico Barra en Batería y Rocío Aristimuño en coros). Un fuerte aplauso tuvo lugar en la sala. Con la presencia de una intensa base instrumental, la canción encargada de abrir el show fue “Marte”, inspirada en el libro El hombre ilustrado, del escritor Ray Bradbury.

El tiempo se detuvo y todos los presentes experimentaron un abanico de emotivas sensaciones que fueron in crescendo a medida que avanzaba el tema. Con una excelente profundidad poética, Tomás cantó: “la luz se vuelve mágica aquí, tus pies se llenan de arena, tu boca deberá cerrarse así y no dejar una huella…”

Bajo un clima de intimidad total entre el público y los músicos, comenzó a sonar “No me miras”. La intensidad sonora se potenció con el sonido de la guitarra, fue un momento épico.  Muy distendido, el joven cantautor agradeció al público presente con afectuosas palabras: “Muchas gracias a todos por venir, estamos muy contentos por tocar acá esta noche, que ustedes vengan y podamos compartir lo que hacemos, es muy importante para nosotros”.

Acto seguido, comenzaron las notas de “Sobre mi lengua”, una canción donde la naturaleza se hizo presente y cobró protagonismo a partir del encantador estribillo: “aves, salen de paseo, salen porque sí”. Mientras los músicos generaban un magnífico juego sonoro a partir de sus instrumentos, las luces se atenuaron hasta volverse azules, generando una delicada atmósfera que duró hasta el final de la canción, convirtiendo aquel instante en algo emocionante.

Entre canción y canción, hubo anécdotas sobre cómo surgieron algunas letras. Uno de los momentos más conmovedores del show tuvo lugar cuando comenzaron a sonar los primeros acordes de “Te fuiste mucho y lejos”. Según explicó Tomás “esta canción se relaciona con lo que dijo mi abuela en el momento en que mi abuelo falleció”. Las palabras se conectaron con la música de una manera profunda, logrando estremecer el alma e impulsando la impronta poética que predomina en el tema: “es el frío el que me cierra, no es que no te quiera hablar, me duerme el viento que resopla y duerme lejos de tu corazón. Yo te amaré hasta donde pueda, pero si te me vas, no creo que pueda”, señala la letra que logró cautivar a todo el público presente.

Luego, llegó el momento de “Hermanos”. Tomás se lució en este tema dedicado a su familia. La batería de Fernando Barra  sorprendió con una potente entrada y rápidamente se sumo Rocío en coros, quien cantó a dúo con Tomás parte de la canción: “encausen a los mares para más ríos darme, ustedes animales son mis ojos, son mi sangre”. Fue realmente emotivo verlos a los dos desplegando tanto talento, unidos por ese lazo de fraternidad que los conecta en el escenario de manera  sublime.

Posteriormente, tuvo lugar la suavidad de “Atardece” y, casi pegadita a esta canción, el músico regaló “El último día”, un tema inédito que culminó con un fenomenal segmento rítmico. A mitad del show, con un intenso groove energético comenzó a sonar “Punto Cardinal”, el momento rockero de la noche.

A continuación, tuvo lugar “Fin”, una de las primeras canciones que Tomás compuso, en la que el folk se hizo presente a partir del estribillo “No entiendo tus pensamientos de noche. Por eso ruego que salga el sol. Será la luna que tapa mi voz“. Poco a poco se comenzaba a vislumbrar el desenlace, comenzaron a sonar las primeras estrofas de “Verde Árbol”, tema que da nombre al disco y musicalmente todos asistieron a una experiencia onírica atravesada por ese sur que se sumerge en cada acorde.

Tras una gran ovación, los músicos se despidieron colmados en aplausos, pero la gente no quería irse. Todas las voces al unísono pedían un tema más. Después de que se encendieran las luces, el público seguía dando palmas, lo que provocó que todos los integrantes de la banda vuelvan al escenario para regalar otra sonrisa. Así, tuvo lugar “Me diste tanto”, una canción de las más festejadas.

Luego, Tomás anunció que invitaría a alguien muy especial: “vamos a hacer la última canción y quiero invitar a alguien muy importante para mí”. Con un fuerte aplauso subió al escenario Vico Zapata, quien forma parte del  grupo de baile flamenco La Tierra al aire. Juntos interpretaron una hermosa versión de “Fíjate bien”, un tema que se fusionó con la percusión y las palmas de Rocío. Fue el broche de oro para concluir una  noche  maravillosa.

Desde las cuerdas de su guitarra, Aristimuño desplegó su talento en un recital impactante. Junto a su banda, el músico demostró una entrega total en el escenario, dando lugar a un encuentro musical en el cual la magia cobró vida en forma de canciones, que a partir de letras sensibles y sentidas, crecen y florecen en  los corazones.

En vivo, las melodías del disco Verde Árbol se expanden y se multiplican, convirtiéndose en una medicina musical que cautiva los canales auditivos y alimenta el alma.

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