Diario de un adolescente

Noah Cicero recuerda sus años de juventud, la difícil convivencia con su padre y cómo un disco de Sunny Day Real Estate lo convirtió en escritor.

No quiero poner el disco mientras escribo, pero voy a hacerlo. Solía escuchar Diary de Sunny Day Real Estate durante la época más horrible de mi vida: mis años de secundaria en un pequeño pueblo de dos mil personas en la zona rural de Ohio. Me tiraba en mi habitación y lo ponía en repeat. Incluso lo ponía en el pasacassette mientras andaba en auto. Vivía con ese disco, me atravesaba, me engullía, se convirtió en mí durante esos años. No tenía padres, hermanos o familia: tenía Diary, de Sunny Day Real Estate.

El disco salió en 1994 y parece que Sunny Day Real Estate nunca debió haber existido. Todo era Versus de Pearl Jam contra In Utero de Nirvana, que salieron en esa época. Green Day surgió ese mismo año y No Doubt en 1995. Sunny Day no sonaba para nada como ellos, estaban en su propio mundo, no estaban en la misma onda que los demás.

Era todo lo que quería de un disco: emoción sin pretensiones, era ruidoso pero no era metal, fuerte como Nirvana pero sin las melodías pegajosas. Ni siquiera busqué una foto de la banda para ver cómo eran. Nunca me importó. Me imaginaba yo como el cantante, guitarra en mano, sufriendo una crisis emocional frente al público. Quería ese nivel de confesión a mis 18 años, pero no confesarme antes amigos o consejeros escolares, sino que quería decirle a todos cómo me sentía, lo atrapado que me sentía, cómo no podía escapar de mis sentimientos. Quería gritarle a todos en la cara “Tengo sentimientos”.

Mis padres nunca reconocieron estos sentimientos, ignoraron mis emociones. Querían que vaya a la universidad, que encuentre una carrera, que me casara con mi novia del secundario. Querían que tenga armas, una moto, que participara en las reuniones familiares, que sepa arreglar el auto y hasta que jugara al golf. Yo no quería hacer ninguna de esas cosas. Cuando era chico, a los 13, las paredes de mi habitación estaban cubiertas con pósters de estrellas de rock. Tenía el pelo largo, quería música, diversión. Quería cosas que mi padre no respetara, o de las que no supiera nada. Una vez me gritó que todos los tipos que estaban en mi pared eran unos idiotas, algo horrible y alienante para decirle a un chico de 13 años.

Ahora que tengo 36 y tengo gente joven a mi alrededor, gente a la que ayudé a crecer, lo entiendo un poco a mi padre. Es algo instintivo que quiera que su hijo sea como él, que crezca con los mismos valores y sentimientos. No tuve ninguno de sus valores ni sentimientos. Era como un marginal para él. Yo marginal, no él. ¿Pero qué sabe un chico a esa edad? Un chico no sabe que está alejando de su vida a su propio padre.

A partir de ese momento, la distancia entre él y yo solo creció. Renuncié a todos los deportes, cosa que lo entristeció aún más en cuanto a mi existencia en este planeta. Realmente me veía como un marginal, como una criatura extraña viviendo en su casa. Eso no hizo que me tratara mejor: era un gasto extra, una criatura que no quería nada como él. En los ojos de mi padre, yo despreciaba todo lo que él disfrutaba y valoraba. Yo lo tomaba como si mi padre no estuviera orgulloso de mí, en vez de ser yo quien se distanciaba de todos en mi casa.

Para esconderme de mi padre y de su enfado por mi existencia, pasé de escuchar músicos idiotas a bandas que él nunca había oído y después a leer libros. Pensaba que si leía libros él no me diría cosas feas y que ni siquiera podría hablarme sobre libros, porque él nunca había leído. Podíamos vivir pacíficamente, él podía sentarse en el living a ver deportes y comedias y yo podía estar tirado en mi cama tranquilo y leer libros. Creo que ambos sentíamos que estábamos en una cárcel. Él era el guardia, forzado a ocuparse de un loco, y yo el prisionero condenado a permanecer allí por mi edad. Era en verdad una cárcel.

Diary de Sunny Day Real Estate es música carcelaria para mí. Es el sonido de un ser humano atrapado, privado de emociones por años, en un mundo donde nadie respeta los sentimientos y finalmente, tras muchos años de negar las emociones y lo que siente el corazón, tras muchos años de restricción, sólo queda disonancia.

En términos musicales, Diary fue la influencia más grande en mi escritura. Siempre quise crear una disonancia en mis lectores. Siempre he creído que todas las personas viven en un estado de disonancia. Según Internet, es “la falta de entendimiento o acuerdo”. Creo que nunca estamos de acuerdo con nosotros mismos, que falta armonía en nuestro interior. Allí somos ruidosos, incoherentes o, como dice una segunda definición de disonancia, “la mezcla entre una comedia amarga y una cruel tragedia”.

I don’t want to hear this album but I’m going to listen to it while writing this, I used to listen to Sunny Day Real Estate’s Diary during the most horrible portion of my life, when I was trapped in high school in a small town of 2,000 people in rural Ohio. I used to lie in my bed and listen to this album on repeat in my small bedroom. I even put it on a cassette and played it in my car. I lived with this album, it penetrated me, it overwhelmed me, engulfed me, it became me during those years. I had no parents, no brothers, no family, I had Diary by Sunny Day real Estate.

Diary came out in 1994, it doesn’t seem like Sunny Day Real Estate should have existed, Pearl Jam’s Vs. and Nirvana’s In Utero came out those years. Green Day came out in 1994 and No Doubt in 1995. Sunny Day didn’t sound anything like them, they were in their own world, living completely outside the normal wavelength of the species.

Diary was everything I ever wanted in an album, it was emotion without pretense, it was noisy but not metal, it was loud like Nirvana but without gimmicks or playful choruses. I didn’t even bother to look up the band to see what they looked like, I never cared. I imagined myself as the singer, holding the guitar, having an emotional breakdown on a stage in front of people. When I was 18 I wanted that level of confession in my life, but not a confession between two friends or a counselor, I wanted to tell everyone how I felt, how trapped I felt, how I could not escape my emotions. I wanted to scream in people’s faces “I have emotions.”

My parents never acknowledged I had emotions, they avoided my emotional states, they wanted me to go to college, they wanted me to find a profession, they wanted me to marry my high school girlfriend and get married. They wanted me to shoot guns, ride dirt bikes, take part in family events, learn how to fix cars, and even play golf. I didn’t want to do any of those things, and I didn’t know why they wanted me to do those things. When I was little, like 13, the walls of my bedroom were covered in posters of hippy rock stars, I had long hair, I wanted music, I wanted fun, I wanted things my dad did not respect, or know anything about. He screamed at me one day, “All these people on your walls are assholes.” It was a horribly alienating thing to say to a 13-year-old boy. Now that I’m 36 and have younger people in my life, people I have helped grow up, I understand my father a little. It is instinctual for a father to want their son to be like them, to grow up to have the same values and sentiments as them. I had none of his values, and none of his sentiments. I was an alien to him, I was the alien not him. But what does a child know? A child doesn’t know he is alienating his own father from his life.

The division between my father and myself only grew after that, soon I quit all sports, which made him even sadder concerning my life on this planet. He really viewed me as an alien, as this strange creature living inside his house. This did not lead him to being nice to me, I was this added expense, this creature that did not want to be anything like him, and in my father’s view, I despised the very things he enjoyed and valued. I took the whole event, as my father not being proud of me, not as me being an alienating force in the house.

To hide from my father and his anger at me for existing, I moved from asshole hippy musicians to bands he had never heard, then I started reading books. I calculated that if I was reading books he wouldn’t say mean things to me, and he wouldn’t be able to talk to me about the books, because he never read. We could live in the house peacefully, he could sit in the living room, watch sports and sitcoms, and I could quietly lie in my bed and read books. I think my father and I both felt like we were in prison, he was a prison guard forced to take care of a crazy person, and I was the prisoner, condemned to be there because of my age. It was truly a prison.

Sunny Day Real Estate’s Diary is prison music to me, it is the sounds of a trapped human that has been deprived of emotion for years, a world where no one respects emotion, and finally, after many years of denial of one’s heart, of one’s emotions, after years of being restrained, nothing is left but dissonance.

In terms of music, Diary has been the biggest influence on my writing. I always wanted to create dissonance in the reader, I have always believed that everyone lives in a state of dissonance, the definition of dissonance according to the internet is “lack of agreement.” I don’t think we ever fully agree on ourselves, there is always disharmony inside us. On the inside, we are all actually quite noisy and incoherent and as the second definition of dissonance goes, we are “the mingling of bitter comedy and stark tragedy.”//∆z

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