Nicolás Herzog: “Creo en un cine para espectadores”

Hablamos con el director sobre Vuelo nocturno, su última producción: un documental sobre cómo Antoine Saint-Exupéry halló en su paso por Argentina la inspiración para escribir El Principito.

 Por Eduardo D. Benítez

La hipótesis, andamiaje argumental de Vuelo nocturno, es tan simple como contundente. El escritor y aviador Antoine Saint-Exupéry, en su paso por Argentina en los años treinta, halló en una familia de Concordia, una nutricia fuente de inspiración para (motivos, personajes, escenarios) gestar su famoso libro: El Principito. Esto se desprende, en la última película de Nicolás Herzog, a partir de la correspondencia que Exupéry y el cineasta francés Jean Renoir mantuvieron sobre un futuro proyecto durante el año 1941. Pero esa es nada más que la punta del iceberg de un documental con diversas subtramas, que se sirve tanto del material de archivo y lo expositivo, como de recursos de la ficción (dramatizaciones rodadas en Super 8 para emular cierto estilo de época). ArteZeta dialogó con este realizador argentino interesado en develar una faceta desconocida del famoso escritor francés.

AZ: ¿A partir de qué elementos y en qué momento te pareció que tenías material para hacer Vuelo nocturno?

Nicolás Herzog: Como a la mayoría de los concordienses, siempre me sedujeron las leyendas en torno al castillo San Carlos, sobre todo el mito de la estadía de Saint-Exupéry en los años 30. La idea de hacer la película surge después de haber terminado mi primer largometraje (Orquesta Roja, 2010) y toma mucha fuerza en el año 2014, cuando el palacio comenzó un proceso de restauración. En lo personal, también tuvo que ver con el nacimiento de mi hija. Sin embargo, es el hallazgo de la correspondencia entre Saint-Exupéry y Jean Renoir, y ciertas ideas en torno a cómo utilizarlos, lo que nos terminó de ayudar a definir una estructura de la película.

Afiche Vuelo Nocturno con logos Festivales

AZ: ¿En qué sentido es posible asociar la experiencia de esos años en que Saint-Exupéry vivió en Concordia, entusiasmado con el Castillo San Carlos, con algún tramo de El Principito o de alguna otra obra suya?

 NH: Saint-Exupéry publica el capítulo “Oasis de Tierra de Hombres en 1938, siete años después de vivir en Argentina. Allí describe su relación con las “princesitas argentinas” Edda y Suzzane Fuchs, que se le aparecieron a caballo en un descampado luego de aterrizar de emergencia por un desperfecto en su avión aeropostal. Allí podría estar el germen del comienzo de El Principito. Ellas vivían con sus padres en San Carlos, que se encuentra sobre una colina frente al río Uruguay (tiene una geografía sinuosa, tipo monte), en un predio de cien hectáreas separadas del mundo, lo que podría referenciar al planeta B612. Además, se sabe que por su cercanía con un ambiente selvático, las chicas convivían con zorros, pájaros, víboras y mangostas. Pero, esto es más personal, el dato histórico más importante para aventurar esta hipótesis radica en que mientras Saint-Exupéry desarrollaba el guion de la película con Renoir que nunca filmarían, también estaba terminando de escribir El Principito. Es decir, tenía a las hermanas Fuchs Valón rondando su imaginación mientras terminaba su libro-testamento.

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AZ: ¿Cómo fue rodar en Lyon y en la Costa Azul? ¿Qué cosas te llevaron a buscar los rastros de Saint-Exupéry allá y ligarlos con su vivencia en Concordia?

NH: Fue sin dudas un hermosa experiencia. La idea era ver qué pasaba por la cabeza de los franceses cuando le transmitíamos la hipótesis de la inspiración de Saint-Exupéry en las chicas de Concordia. Por otro lado, nos resultaba fundamental entender las razones de ese hechizo y encontramos algunas respuestas en su infancia en el pueblo de Saint-Maurice-de-Remens, muy cerca de Lyon. Allí la familia Saint-Exupéry pasaba los veranos en una casa que mucho se asemeja a la de San Carlos, y suponemos que las princesitas argentinas de alguna manera le rememoraron la vida silvestre de sus hermanas.

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AZ: La película trabaja con muchos procedimientos narrativos, entre ellos la recreación de películas caseras en Súper 8 donde dos actrices representan a las “Princesitas argentinas” ¿Por qué elegiste este recurso para armar el relato? ¿Qué  cosas te permitía la utilización de ese recurso?

NH: Los audios de Saint-Exupéry a Renoir son tan vívidos, tan descriptivos que se me ocurrió que podrían estar acompañados por una suerte de película familiar de la época, cómo si fuesen parte de la imaginación del autor, un falso documental. Sin embargo, si bien trabajamos con dos jóvenes actrices entrerrianas, con vestuario y utilería de época, el material siempre da indicios para suponer que es una recreación. Es decir, hubo una decisión clara de no abusar de una representación clásica sino que utilizamos, por ejemplo, encuadres y movimientos de cámara que definitivamente no se usaban en los años 30. La idea no fue calcar sino más bien generar un vehículo narrativo para estructurar la historia.

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AZ: ¿Qué cuestiones te resultan atractivas de trabajar en ese borde entre la ficción y lo documental?

 NH: Hace tiempo que el género documental ha incorporado procedimientos que eran propiedad de la ficción y viceversa. En lo personal me interesa explorar esa zona difusa, los intersticios. Pero siempre y cuando puedan prestar servicio a la dimensión narrativa. Creo en un cine para espectadores. Me interesa pensar en cierto público, en generar un arco dramático en mis películas. Y en ese sentido, si puedo utilizar procedimientos de la ficción para contar una historia o hablar de ciertos temas, bienvenidos. No soy un fundamentalista del género. De hecho, mi próximo proyecto es una ficción “pura”, por decirlo de alguna manera.

AZ: ¿Cómo trabajaste desde la dirección dramática con las actrices que interpretaron a las hermanas?

NH: Con consignas sencillas, como creo que se debe trabajar con chicos y adolescentes. Tanto en el casting, como en los ensayos y luego durante el rodaje, todo estuvo teñido de un ambiente lúdico. Por un lado les propuse juegos clásicos cómo la rayuela, la payana, las escondidas, con la intención de que se vean dos niñas en escena. Y por otro lado trabajamos con la seducción, presente en el relato. Acá hicimos un trabajo intenso con las miradas a cámara y ciertas elecciones de encuadre para fortalecer la hipótesis amorosa.

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AZ: A pesar de que una de las aristas más significativas de la película sea la correspondencia entre Jean Renoir y Saint-Exupéry, no hay un regodeo o una celebración meramente cinéfila. ¿Esto  es algo que intentaste evitar de manera deliberada, ya tenías claro que ese no sería el eje de Vuelo nocturno?

NH: El proyecto tuvo su génesis en San Carlos, en la dimensión mítico-pueblerina de su leyenda. Sin embargo, la correspondencia apareció durante la primera etapa del rodaje y le dio un vuelco y una trascendencia significativa al guión de la película. Creo que la pregunta es clara en ese sentido y la respuesta también: nunca tuve la intención de abusar de la explotación cinéfila sino más bien apuntar a un público más abarcativo, apelar a cuestiones más entrañables y humanas que puedan trascender el mero regodeo formal.//∆z

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