Santiago Capriglione: “Los Redondos son un emblema, una escuela increíble”

En la parte final de nuestra charla con Santiago Capriglione, el músico dispara nuevamente contra el mercado y las discográficas, al tiempo que recuerda con nostalgia y risas los comienzos de la comunidad Yatay.

Por Martín Barraco y Joel Vargas
Fotos de Pablo Lakatos

Tras la primera parte, la entrevista rompe el formato pregunta-respuesta y se transforma en una fluida conversación. En la televisión del bar, River intenta vulnerar el arco de Ferro y mientras tanto Santiago Capriglione nos habla de la vida del músico como laburante, de lo difícil que es hacer lo que amás y no ser respetado por ello. La lucha del músico por tocar en lugares apropiados, el rol del Estado para garantizar condiciones y posibilidades, las enseñanzas de Los Redondos y la experiencia propia con su grupo Shambala y la comunidad Yatay en zona Oeste.

Santiago se abre al diálogo relajadamente: divertido, irónico y amando lo que hace. Se muestra tal cual es, sin complejos, y entrega sus pensamientos en una charla ya entre amigos.

 AZ: ¿Cómo forma la banda?

S: la banda ahora, hoy en día es Gabriel Santamarina, Fede Chiclana, Gaby García Marín y yo. Por ahora hay computadoras y demás, hay un par de percusionistas ahí que pueden estar tocando y estamos un formato medio electro-no-sé-qué. Tocar batería un poco me rompe a mí los huevos más que a todo el resto porque es difícil tocar con batería en los lugares. Hay pocos lugares, y conseguir un batero que garpe y que tenga las pilas… estuve tocando con Polo, él volvió a Ojas ahora. Andaba medio en otro canal y quería hacer otra cosa y nosotros estábamos ahí medio en otra y terminó volviendo… además Polo puede tocar cualquier día.

AZ: Por ahora te arreglas con la computadora entonces.

S: por ahora sí. Quiero que tengo un poco más de vivo… pero mas allá de eso, yo vi mil bandas que tocaban así con compu y ya fue. Acá no lo toleramos pero ya fue. Vi un video de Phoenix que está en una radio con un iPod, ahí estaba la bata y suena increíble. Y es Phoenix. Después estaba con un batero que tocaba una electrónica y esta buenísimo. Ves a Hot Chip y está buenísimo, y ves Massive Attack y también está buenísimo. A mi me gustaría tocar con una batería electrónica. Lo haría por la practicidad y por ver cómo es.

AZ: ¿Está preparado el público local para ese tipo de cosas?

S: no, acá no, pero qué voy a hacer, qué me importa. Si lo que no quiero es llenarme de guita (risas). Sí, quiero llenarme de guita con cualquier cosa, pero con esto lo quiero hacer porque me gusta. Ese es el punto. Sino sería abogado o contador…

AZ: Es la maldición de ser músico, ¿no?

S: en este país es raro, más que en otros. En Brasil hace años que existe una ley que en cualquier bar que contrata gente para tocar, pagan impuestos. Acá cualquier bar para tocar tenés que sacar permisos, tenés que habilitar, todo el revés, es una cuestión cultural. Yo estudié bajo con gente que toca increíble y la sigue remando a los cincuenta años, cuarenta y pico. Dan clases acá, allá… es gente que tocó con zarpados, gente de afuera, no sé… pero que la tienen que recontra remar y digo, “¿qué onda?”

El otro día con lo que iban a hacer de la ley en Capital, la pensión para músicos… la vetan porque compromete el presupuesto. Y la guita que iba destinada para eso era el 0, 01 por ciento. Era como… no te da la cara, cómo podes decir eso? Además fue a hablar Leopoldo Federico, que es un músico del carajo. En otro país sería otra cosa… ¡le dijeron eso, que no podía ser porque comprometía el presupuesto! Que lo pague Macri, a él no lo compromete esa plata. Y hay ciento cincuenta mil bandas en cada esquina.

AZ: Igualmente estamos en una época en que se está discutiendo mucho esto: más allá del veto está la Ley de la Música… hay una discusión de estos temas.

S: por suerte sí, pero todo llega tarde acá. En Brasil, que es un país mucho más grande, con mucha más gente y muchos más problemas, esto existe desde hace mucho tiempo. Es una cuestión política, ¿no?

AZ: Es entender que se trata de un laburo…

S: es un laburo, es una cuestión cultural, es educativo, es todo. Bueno, el rock tiene su costado oscuro siempre, ¿no? El quilombo, no se qué… Cromañón después, que juega en contra… en algún momento hay que empezar a hacer esto pero bien. Que exista un lugar como Cromañón, pero que tenga sus temas legales revisadas y que atrás de eso no haya sesenta policías coimeando ahí, el inspector también. El dueño del lugar que traba las puertas porque se le colan, que haya una bengala en un lugar cerrado… es todo educativo. Hay que empezar a hacerlo.

AZ: ¿Creés que de Cromañón a esta parte se aprendió algo?

S: ojalá que sí. No sé…

AZ: Volviendo a lo que es el comienzo de la comunidad Yatay… ¿Creían que iba a explotar como lo hizo?

S: eso explotó muy en cuanto lo hicimos. En ese momento hacíamos fechas en la Unión Ferroviaria, en la Sociedad Italiana. No sé si eran una por mes, mes y medio e iban quinientas personas siempre, ¿entendés? La primera vez que tocamos con Shambala fueron cien personas a un barcito de Ituzaingó que no existía. Estaba a un toque de Bahiano, se llamaba Blackbird, no sé como era… tocamos ahí y explotó. Y así fue, con Shambala tocábamos y llenábamos todo. También laburábamos una bocha, pegábamos mil carteles cada vez que tocábamos, que los hacíamos ahí en Yatay. Después había que pegarlos… pegar mil carteles, te la regalo (risas). Tipo comando, salíamos a las diez de la noche y volver a las siete de la mañana. Pegamos todos los carteles por todos lados, hechos mierda. Tenías veinte años pero terminabas hecho mierda. A puro huevo, gran recuerdo… no lo quiero volver a hacer (risas).

En su momento fue muy grossa la movida que hicimos. No había nada en el Oeste. No había bandas tampoco. Veníamos de los Caballeros de la Quema que había sido la última por allá en los noventa. Y en el 2000 no había nada. Nosotros empezamos a tocar mucho, en todos lados y estaban un par. También surgió La Manzana (Cromática Protoplasmática).

AZ: Fue un poco la chispa de todo.

S: Sí, fue como una bisagra.

AZ: Y empieza una etapa más autogestiva por parte de todas las bandas. La comunidad Yatay es como ese primer fuego. ¿Creés que fue un grupo de artistas, una nueva generación que prescinde del mercado y toma control de lo que es su arte, la distribución, con la premisa de hacer arte por el arte en sí mismo?

S: hay un poco de todo. También tenías referencia de gente que conoces, que venía de algún sello entonces te enganchabas con ellos. Los Redonditos de Ricota… ahora salió que el Indio tiene trece millones en el banco y salió a desmentir… que tenga siete, dos, no importa. Lo hicieron todo ellos. Son un emblema, una escuela increíble.

Y también lo que les decía: que las compañías acá no apuestan nunca, por nadie. No apostaban hace diez años y ahora tampoco. No te dan nada, cuando firmás te cojen, mal… en aquel entonces estaba Árbol, y Pablo (Romero, cantante de Árbol) tenía un contrato que era…estaban siempre debiéndole plata a la compañía. Les iba bien, todo lo que quieras pero era con compromisos, los discos se los quedaban por cien años, como que se adueñan de tu vida y de tus discos. Veías eso y decías “¿Qué onda? ¿Para qué?” A veces firmás con la compañía, pero tratás de atajarte en lo que puedas, porque son aves rapaces. Se quieren llevar cualquier migaja. Son exprimidoras. Sin apostar. Ellos tienen la plata, la ponen y listo. Y uno esperaría que hagan algo más estando en un lugar así privilegiado. Yo siempre digo que en un país como este, Radiohead ya estaría separado, no existiría. Porque ¿quién les va a hacer un disco? Ponele que “Creep”, ese disco y uno más, y después les dicen “flaco esto no va más”, “esto no me vende”. Y así históricamente, con cualquier artista de cualquier género. Yo te dije Piazzolla: Piazzolla se fue del país quebrado… En el mundo es un genio y acá se discutía si hacía tango o qué cosa era.

Hoy hay un bandoneonísta argentino que se llama Dino Saluzzi, que graba para un sello que se llama ECM, que tiene artistas que tocan increíble y que sacan discos de verdad. Está Gismonti, que es un brasilero que toca el piano y la guitarra de forma increíble, está Dino, Keith Jarrett… que son top, y son gente que está buscando todo el tiempo. El dueño es un millonario que puso un sello y les graba discos a esos artistas. Las compañías no te digo que sean almas caritativas, ganan guita pero que hagan algo. O sea, algo copado por el arte. Sino que se dediquen a vender shampoo, no sé… que también lo hacen. Son un monopolio que tiene un poco en todos lados.

Porque después tienen comprados todos los espacios de la radio. Ponele que hoy nos ganamos el Quini 6 y queremos poner en la radio un tema mío. Vamos y te dicen que ya está todo comprado hasta 2025. Los tienen Pop Art y otros. Te dicen que trates de entrar al sello y eso qué significa: regalarles todo. Porque ellos tienen la guita. Es el sistema capitalista: acumular y a partir de ahí… el arte va por otro lado pero bueno, acá funciona así.

AZ: pero por otro lado tenés todas estas bandas que directamente se encargan ellos de todo con las redes sociales y juntan gente, no es que no hay movida. Hacen cosas y los lugares se copan también…

S: un caso clarísimo es Lisandro Aristimuño. Llena el Coliseo y no sale en la radio. Bah, yo no lo escuché nunca en las radios. El chabón toca por todos lados, hace buenos discos, te gusten o no y llena lo que sea. Lo logró él de manera inteligente y remándola, no sé si tenía guita o qué… siempre tenés que tener guita…

AZ: para invertir.

S: … para hacer algo. A mi me contaron que compró un equipo de sonido y empezó a tocar por todos lados. Bueno, si vos vivís en la Villa 31 comprarte un sonido es como comprarte un auto. Tenés que ahorrar siete años seguidos para ir a tocar la guitarra… hay gente que no puede. No sé a qué iba con esto boludo (risas).

AZ: Volvamos al Oeste, a Yatay. Ya pasaron diez años desde que se instalaron, ¿sentís que ya se llegó a un límite? Varios ya están haciendo otras cosas y como que las bandas de esa época perdieron terreno…

S: mirá, si yo estuviera en esas bandas y me gusta el sonido que tengo, yo creo que lo mantendría por una cuestión de gusto y convicción, y si no me aburro. Yo me aburro. Pero las cosas siempre vuelven, acá y en todos lados. Quizás con el tiempo sos de culto o te va bien… el Cuarteto de Nos toca hace setenta años en Uruguay y ahora le va bien. Y con una temática divertida que está buenísimo. No sé eso de “si se agotó, cambio porque el mercado me lo dice”.

AZ: No digo por el mercado, sino por la gente.

S: bueno, depende… cuando vos hacés música, lo haces por una convicción propia y creo que es lo que tenés que seguir, fiel a tu convicción y seguir en esa. Si la pasás bien y la disfrutás, tenés que seguir en esa. Quizás haciendo otras cosas, a veces estás haciendo otras cosas, no sé… dedicate a hacer ropa. Si te dedicás a la música… bueno, si uno sigue la moda seguro que la quiere pegar en la radio y ganar su primer millón, que está bien. Yo no me lo planteo así hoy en día. Quizás mañana estás en una compañía, empezás a ganar plata y decís “qué bueno, qué lindo”. Probablemente por otro lado hay otra cosa, pero me aburre.

Hace un tiempo con Juanito hablamos de esto… hace un año, año y medio, y decíamos algo que yo me lo guardé como algo importante: mi intención, con los discos que yo haga, no es ganar guita. Ojalá con algunos me toque, así podría hacer lo que tengo ganas. Yo así puedo grabar discos y mejores producciones, ¿sí? Quizás en menos tiempo… conseguir que los discos me den la guita para grabar mejor la próxima vez. Seguir haciendo música y en mejores condiciones, mejores lugares, con mejores instrumentos y así tocar, obviamente. A veces vas a tocar a lugares que es difícil el sonido y me da un poco de cosa… porque no te suma, ¿entendés? Y la pasás mal. Estás tocando y te escuchás mal en el escenario, la pasás mal. Es como que te estén bailando en un partido de fútbol. Perdemos seis a cero desde el minuto y medio… le pongo huevo pero la estás pasando mal. Va a terminar veinticinco a uno, con suerte. Te vas a acordar que fue el peor partido mal de tu vida. Yo me acuerdo cuando me bailaron así, ¿entendés? (risas). Entonces cuando tocás y pasa eso, no está bueno.

AZ: ¿Y vos ahora tocás tus canciones y qué pasa?

S: depende la conexión que tengas ese día. Con ya ponerte a cantar es distinto a tocar un instrumento porque ya tenés el cuerpo en funcionamiento, en pos de algo, entonces ya tenés que conectarte de una manera que con el instrumento podés no hacerlo y puede sonar bien.

AZ: no se trata solamente de poner la voz.

S: claro. Tenés que estar conectado con eso, con la voz. Si estás pensado en otra cosa no la pasás bien, sobre todo porque yo no soy un cantante que tenga resto… si sos Frank Sinatra tenés el resto técnico, pero cuando no tenés, si no te conectás, cantás peor. Seguro. Además en algún punto tenés que dramatizar, meterte en la canción para transmitir un poco más. Hay gente que se mete en un personaje para sacar la canción adelante porque lo pide y otros que lo hacen porque sí. Yo trato de meterme en un personaje para poder transmitir algo auténtico.

AZ: ¿Y ya estás escribiendo nuevo material?

S: sí, ya estoy escribiendo algunas cosas. Me está costando un poco el tema de los tiempos, por la familia sobre todo y porque tengo tres bandas. Si no estuviera en ninguna ya hubiera sacado otro disco, pero bueno (risas). Si tocás, olvidate. Si tenés que ensayar tres veces por semana y laburás, te mata. Yo ensayo una vez por semana con cada una… no es nada. Ya tengo algunas cositas que quiero demear y sacar un EP. Mi intención era este año. Y quiero hacerlas desde otro lado: antes escribía y hacía la canción. Ahora estoy haciendo la música y viendo por ahí qué le escribo arriba. La mayoría de los temas de Subibaja son letra y después música, salvo “Si Querés”. Y me gustó por dónde me llevaba, y después “Hoy te busqué”. Ir probando maneras de componer, sino siempre pasa lo mismo. Te puede ir fenómeno, miralo a Calamaro. Pero me gusta, prefiero estar buscando.

AZ: aparte la letra tiene su peso.

S: yo trato de sacarle ese peso. Hay veces que te pones una mochila cuando hacés una canción y eso te impide hacerla. Hoy que se puede, que no tenés que ser Bach para ser música, aprovechémoslo. En un momento se me trababan las canciones, y tuve la visión de decirme “bueno, tranquilo. Es una canción”. No es algo tan importante de última, es una canción… está todo bien, no es que es una guerra, y eso está bueno.

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