Los Productores #21: Juan Ignacio Serrano

También conocido como Juanito el Cantor, propone su rol como espejo y “enemigo sano” del artista. Diálogo entre su esposa, sus hijos, sus perros y las ¡catorce! producciones distintas en simultáneo por estos días.

Por Gabriel Feldman

A Juan se lo conoce más como Juanito El Cantor. Su primer disco era él con la guitarra, algún piano y violín, unos coros dando vueltas, haciendo canciones de amor. Un disco de enredos, podríamos decir, porque mezclaba su desolación con cuotas de humor. A veces sonaba más uruguayo que cualquier uruguayo y por otro lado se lo podía emparentar con una generación “cantautores” que empezaban a sacar discos a principios del 2000.  Un Jorge Drexler que no se esfuerza por ser humilde y parece un brahmán de la India perdido en el Oeste del Gran Buenos Aires. En La Nube Mágica, la banda que formó casi por decantación durante el extenso proceso de grabación de su segundo disco, El Sueño de las ballenas, algo así como un álbum visual (película y dibujos), el factor uruguayo fue in crescendo sumando un poco de repique candombero.
Entre disco y disco, sin saberlo muy bien al principio, fue armándose como productor. Primero para grabarse con la doble casetera, trabajando con la austeridad de la cinta, siendo muy meticuloso para no pisarse y que todo quedara en su lugar. Después, en su adolescencia,  curioseando con el Cakewalk y los secuenciadores midi en la computadora, ya se ocupaba de la grabación en sus bandas. Pero no fue hasta unos años después cuando charlando con su colega y amigo Guillermo Beresñak se dio cuenta que el laburo que venía haciendo era una profesión en sí. Entonces complementó su formación de músico en el Conservatorio Alberto Ginastera de Morón con un taller dedicado a la naturaleza del sonido y se largó de lleno. De todas formas, a pesar de apasionarse por el audio y sus posibilidades, Juan prioriza la emoción en la música. Su materia prima son las canciones. “Una grabación técnicamente perfecta no vale nada si no está la música. Todo tiene que estar al servicio de la música y de sus ejecutantes”, aclara. “Ninguna cuestión técnica puede estar por delante de eso. Es importante tener esto presente porque a veces los ingenieros de grabación o los mismos músicos, en el afán de hacer una grabación más ‘cuidada’, con mayores recaudos por si hay que hacer tal o cual cosa para corregir luego, pierden de vista a la música y a la naturaleza más auténtica de lo que se pretende registrar”.

AZ: ¿Cómo definirías el trabajo y el rol del productor artístico?

Juan: Yo creo en el rol del productor como algo dinámico. Algo que nunca es igual porque se constituye como un reflejo del proyecto. Esa es la primera fase del rol del productor: ser espejo. El mero hecho de mostrar algo a otra persona nos ofrece un punto de vista completamente nuevo. Luego de esto el productor comienza a convertirse en un enemigo sano ante quien defender la obra. El productor resulta tirano pues es impune y está libre del apego por el proceso creativo. Quizás no le gusta la canción que te llevó seis meses de ensayo y ama la que hiciste boludeando. Eso es muy positivo porque la llegada de un enemigo externo evita que se manifieste el enemigo interno que tenemos todos, y cuando se trata de grupos esta dinámica limpia y fortalece los lazos internos. Por último y por sobre todo, el productor es un padre, alguien que vela porque las cosas se hagan y salgan bien. Un padre que está ahí mirando de lejos mientras los niños juegan sintiéndose libres y seguros.

Juan x  Marigrá Geranio

AZ: ¿Cuándo y por qué empezaste en esa tarea de productor, pensar la música en términos de producción artística?  

 J: Comencé a producir a los trece o catorce años sin conocer la denominación de lo que hacía. Lo primero fueron ejercicios de producción con un grabador doble casetera, utilizando la técnica de ir grabando encima de una casetera a la otra. Utilizaba dos cintas y si grababa demasiadas capas comenzaba a tener muchísimo ruido e iban desapareciendo las primeras. Era divertido y me obligaba a pensar los arreglos y practicarlos mucho antes de grabar porque había pocos tiros y tenían que ser certeros. Considero que esa experiencia fue clave para mi formación como músico en grabación.
Luego seguí con una portaestudio y utilizando los secuenciadores midi de las primeras PC. Armaba los arreglos de mi banda secuenciando con los sonidos General Midi de un Casiotone. Finalmente, hacia mis diecisiete años, comencé a grabar audio en la compu y ya no paré de hacer discos. Sin embargo no fue hasta los veintiuno que supe que lo que hacía se denominaba producir. Fue gracias a mi amigo y colega Guillermo Beresñak que cuando nos conocimos me dijo que quería ser productor; así que le pregunté qué era eso, ¡y me di cuenta que yo también quería serlo!

AZ: ¿Cómo fue tu formación?

J: Mi formación más metódica fue cómo músico, comenzando a tocar la guitarra a los siete años. Estudié formalmente instrumento, armonía, ensamble e improvisación. Parte de esa formación fue en el Conservatorio Alberto Ginastera de Morón. Allí me metí en un taller extracurricular de “Música Electroacústica”. Éramos cuatro o cinco y Pedro Gómez, el profesor, proponía un ambiente muy copado de experimentación. Veíamos síntesis FM con unas compus tipo Atari. Luego trabajamos conceptos de música concreta, relacionarnos con el timbre como la obra en sí misma. Eso me abrió una nueva puerta para pensar la música, entendiendo que finalmente la música es una vibración, algo que hace contacto físico, no solo con tus oídos, sino con todo tu cuerpo. Las frecuencias bajas pueden hacerte temblar literalmente, incluso cambiar el ritmo tu corazón. No tuve una formación ordenada ni como productor ni como ingeniero de grabación. Todo lo fui y lo voy aprendiendo en el hacer. Por supuesto aprendo de ver trabajar a otros, de leer, de mirar vídeos y de escuchar discos, pero, por sobre todo, haciendo, porque es la única manera de saber realmente quién soy yo produciendo.

AZ: ¿Si tuvieses que elegir un referente?

J: George Martin. Reúne las cualidades que creo más importantes para un productor y su obra es inapelable, no sólo con los Beatles, sino también haciendo discos de música académica. Sin dudas es el gran espejo, enemigo y padre.

AZ: ¿Un disco iniciador, que te disparo la atención a nivel audio/producción?

J: Podría mencionar algunos hitos en mi vida. Lo primero que me impactó a nivel producción fue Grandes Éxitos I de Queen. A mis doce años lo escuchaba hasta el hartazgo, lo mismo que los discos de los Beatles. Me volvía loco buscando unos libros que vendían con las transcripciones de los arreglos completos de algunos temas. Trataba de escuchar los discos siguiendo a cada instrumento, cada capa, para descifrar el entramado.

La siguiente gran revelación fue escuchar KID A, de Radiohead. Recuerdo que lo compró un amigo el día que salió. Antes de escucharlo fuimos juntos a un recital que dieron REM y Beck. Luego vinimos a mi casa. Yo vivía con mis padres pero estaban de viaje, así que teníamos la casa para nosotros. Recuerdo claramente que pusimos el disco y los escuchamos entero. Me cautivó desde el primer momento y me hizo cambiar la manera de pensar la música una vez más.

AZ: Si tuvieses que definirlo, ¿cuál dirías que es tu búsqueda cómo productor?

J: Busco que mi sello sea invisible de cerca. No me gustan los discos que suenan al productor más que al artista. Cuando produzco pretendo zambullirme de lleno en el espíritu del proyecto, y trabajo en pos de sacar a relucir los rasgos más auténticos. Fantaseo con la idea de que con el tiempo mi marca como productor se haga visible mirando de lejos el conjunto de mi obra como músico y productor, un rasgo que se construye como un rompecabezas.

AZ: ¿Por dónde se empieza cuando se quiere encarar una grabación de un disco? ¿Implementás alguna rutina de trabajo en particular?
J: Como decía antes lo primero para mí es zambullirme. Conocer y aprender a amar al proyecto, a su música y a sus integrantes. Escucho los deseos del proyecto. A partir de ahí me tomo un tiempo para elaborar un plan de trabajo y un presupuesto. Siempre es diferente con cada proyecto nuevo, y armar bien este planteo es la clave del buen desarrollo del disco. Trato de ser minucioso etapa por etapa (pre-producción, grabación de bases, overdubs, mezcla, etc.) para calcular cuánto tiempo vamos a destinar a cada parte. Los procesos pueden ser realmente muy diferentes, no todos precisan lo mismo ni proponen lo mismo. Luego presento ese plan, y si hay acuerdo comenzamos a trabajar siguiendo el mapa.

Juan & Maffia Orgía x  Marigrá Geranio

AZ: ¿Se tiene en cuenta a la hora de pensar un álbum el hecho de que tal vez el formato en el que más se termine escuchando sea vía streaming por alguna plataforma o la propia descarga de los archivos?

J: Vuelvo sobre el mismo concepto porque considero que es un pilar de la producción: cada disco y cada proyecto es diferente. Respecto a cómo pensar un disco en función de su formato de escucha ocurre esto mismo. Hay estilos musicales como la cumbia donde la difusión de la música es semana a semana a través de las redes sociales y los bailes. Allí el formato del single sigue siendo lo más poderoso, más allá de que luego se editen discos de diez o doce temas. El rock o el pop pueden ser radiables, lo cual también conduce a que de un disco se tomen dos o tres temas para difusión y promoción. Un grupo de música experimental probablemente trabaje sobre el disco como un concepto de obra integral y para ellos ese disco sea más importante como herramienta que sus temas por separado. Y estos son ejemplos muy generales hay miles de matices.

En lo personal trato de no pretender muchas cosas antes de empezar a producir un disco. Más aún, trato de no pretender cosas antes de hacer música. Lo que procuro es estar atento y abierto a lo que se vaya desplegando.  No obstante es cierto que el antiguo LP ya no tiene el protagonismo que solía tener, pero eso es así desde hace ya mucho tiempo. Hace casi veinte años que descargamos música de internet. Y más allá de todo esto, soy un enamorado del disco como obra y creo que eso nunca morirá. En mis proyectos musicales personales siempre pienso en esos términos, y trabajar sobre unas portadas o un packaging diferente a lo usual es parte de la magia. También sigue siendo algo que diferencia al indie del mainstream. En el indie hay mayor libertad para jugar con los formatos.

AZ: ¿Un disco o canción que te llena de orgullo haber participado?

J: Quizás me resulta más fácil nombrar algunos hitos fundacionales que me marcaron un antes y un después por alguna razón. El primer disco largo que hice en mi vida, de una banda de Castelar llamada Set Nova. Lo grabamos en mi casa, con mi primera computadora y lo mezclé con un centro musical como monitoreo. El disco gustó mucho y me presentó al mundo como productor (aunque aún no sabía que se decía así).

Dormir para mirar, el primer disco de Antü, banda que armamos con Guillermo Beresñak y fue nuestro primer disco produciendo juntos. Ahí descubrí que lo que hacía se llamaba producir y además encontré a un compañero de ruta. Nos pasábamos noches enteras sin dormir trabajando en el disco. Bajábamos a jugar al metegol o comer un alfajor y luego seguíamos mezclando o grabando. También fue el disco donde conocimos a Chávez, otro gran amigo productor, del cual aprendí muchísimo.

El primer disco de Doña María, fue la primera vez que me embarqué en una producción yendo a grabar a un estudio “de los grandes”. En este caso fue en Del Abasto al Pasto, el estudio de Álvaro Villagra. Fuimos a grabarlo allí por recomendación de Chávez y me voló el cerebro. Aprendí muchísimo de esa experiencia, era la primera vez que veía trabajar la técnica a alguien que no sea yo o Guille.

El primer disco que produje de Gustavo Cordera (La Caravana Mágica Vol. 1, coproducido con Chávez), fue la primera vez que hice un disco dentro de una estructura mainstream y fue una tremenda experiencia de crecimiento. Por un lado por tener la posibilidad de trabajar el proceso completo en un estudio grande, con un equipo técnico grande y profesional. Por otro lado por trabajar junto a Gustavo, un artista realmente asombroso y con un gran bagaje de experiencia en producciones grandes. Aprendí realmente muchísimo de él y la experiencia en ese proyecto.

AZ: ¿Cómo es el proceso a la hora de trabajar en tus composiciones? ¿Productor y músico conviven armoniosamente?
J: No me resulta sencillo separar al productor del músico intérprete/compositor. Es algo que va de la mano dentro mío. De todas maneras trato de separarlos, porque a la hora de tocar y componer tener al productor dentro mío puede ser una traba. El productor tiene que ser ordenado, tiene que ver the big picture y tomar el flujo creativo de los músicos como una paleta para pintar su cuadro. Cuando estoy siendo el músico quiero ser solamente un canal de flujo creativo, no pensar dónde voy a ubicar eso que sale, ni cómo ordenarlo, ni cómo debería ser mejor o peor. No es fácil y no me sale todo el tiempo, pero cuando lo logro siento en el cuerpo que lo mejor que tengo para dar como músico aparece allí, cuando no controlo nada.

AZ: ¿Preferís rodearte de otras personas para ayudar?

J: Me cuesta confiar mis discos a otros productores. Me despierta un costado celoso y controlador. Sin embargo las veces que lo hice resultó muy bien y finalmente siento que fue una decisión acertada. Trato de tener presente todos estos miedos que me afloran al entregar mi música al cuidado de otra persona, porque así puedo entender la gran responsabilidad que implica cuando alguien me convoca para producir su música.

AZ: ¿En qué proyectos estás trabajando ahora?

J: En este momento estoy trabajando en catorce discos a la vez, en diferentes etapas del proceso. El disco debut de Los Tremendos, la banda liderada por Ivo Ferrer; el segundo disco de la solista Sonia Kovalivker; el disco debut de la banda Morada de Pájaros; el disco debut de la cantautor a uruguaya Papina de Palma; el cuarto disco de la banda Julio y Agosto; un single solista del Colo Belmonte, baterista de La Portuaria; un ep de Flor Giammarche, guitarrista de Aymama; el segundo disco de la banda Korobá; el segundo disco de la cantautora Caro Tapia; un nuevo disco solista de Martín “Gnomo” Reznik, de La Filarmónica Cósmica y Los Grillos del Monte; un ep de Sol Marianela; el disco solista debut de Licina Picón, pianista de La Nube Mágica; el tercer disco de Juanito el Cantor y el segundo disco de La Nube Mágica. Además tengo dos hijas, una esposa, dos perros y una banda; así que ando bastante ocupado.

AZ: Hoy consumimos música casi en todo momento, realizando múltiples actividades, a través de distintos dispositivos. Si tuvieras que darle algún consejo al escucha como para tener una experiencia más intensa con la música, ¿Cuál sería?
J: Diría que no hay experiencia musical más intensa que ver música en vivo, más aún cuando es en buenas condiciones acústicas y técnicas. Y, por sobre todo,  cuando se trata de buena música, bien tocada, con alma y con entrega. Pero claro, eso es pura subjetividad.  El disco es una burda aproximación a la intensidad y la profundidad que ofrece la música ocurriendo en el mismo espacio tiempo que quien la escucha.//∆z

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *