Los Productores #11: Leandro Lacerna

El productor de Mariana Päraway y Mi Amigo Invencible recuerda cómo descubrió el universo de la producción musical con su primer walkman y El amor después del amor.

Por Gabriel Feldman
Foto de Lucía Iglesias

Hijo de una familia de artistas mendocinos, Leandro mantuvo el legado familiar, aunque no la actuación como su padre y madre, sino la música que le llegó por el lado de su abuela pianista y de su tío Chicho, quien tocó en Los Enanitos Verdes y fue tecladista de Julieta Venegas. Ya desde chico, a partir de que le regalaron su primer walkman, los paseos con auriculares fueron la conexión para ingresar en otras dimensiones. La música se volvió parte fundamental en su vida, pendiente de los detalles y los juegos que se sucedían de una oreja a la otra. Estudió producción musical hasta los veintidós y trabajó con otras grandes bandas de su provincia como Mi Amigo Invencible, Mariana Päraway y Lavanda Fulton.

Mucho laburo y muchas canciones después, en el 2012 cumplió uno de sus sueños cuando, tras haberse consagrado como uno de los ganadores de La Bienal Arte Joven, grabó su disco Último Reset en los estudios El Pie bajo la producción de Tweety González. Ya radicado en Buenos Aires encontró una nueva vocación con un micrófono delante. Además de componer sus canciones y terminar con el nuevo de Mi Amigo…, conduce y produce el programa A 1000 kilómetros de casa, donde se dedica a entrevistar a otros artistas mendocinos que, como él, recalaron en Buenos Aires. Un mosaico de historias del éxodo menduco que nutre a la gran ciudad. Activando en tanto cuesta entender cómo va a hacer para no desprenderse de la religiosidad de la siesta.

AZ: ¿Cómo definirías el trabajo y el rol del productor artístico?

Leandro: creo que un productor artístico se parece en algunos casos a un director de cine, algunas veces a un chef y algunas veces a un director técnico. Depende de lo que el artista necesite, uno puede involucrarse en muchas etapas de una producción, desde ayudar en la composición hasta mezclar el disco. Pero repito, esto depende de lo que el artista necesite. El productor debe proteger el arte negociando con lo técnico para lograr un buen balance entre calidad y contenido.

AZ: ¿Cuándo y por qué empezaste en esa tarea de productor, pensar la música en términos de producción artística?  

L: yo estudié producción musical como carrera desde los dieciocho a los veintidós. Pero antes, creo que sin saberlo, bien cumplía ese rol en las bandas en las que tocaba en la secundaria. Nunca me sentí cómodo en el rol de guitarrista o cantante, siempre me interesaba la música a nivel global. Cuando era chico y me regalaron mi primer walkman ya me enroscaba escuchando detalles, paneos, los instrumentos por separado, sin saber que eso después sería mi trabajo. Además de esos años de formación inicial, el venir laburando de eso nueve años o más fue fundamental. La escucha se entrena como cualquier otra cosa.

AZ: ¿Un referente?

L: hay varios, siempre leía los créditos de los discos desde niño: el tipo que mezclaba, el técnico de guitarras y, claro, el productor. A nivel nacional Santaolalla fue una inspiración, puso el rol de productor más a la vista. Además aparecía en los discos que más me gustaban como sonaban. Tweety Gonzalez también, y tuve la suerte de grabar con él y de aprender mucho de la magia face to face. Rafa Arcaute, Juan Campodónico son de otra generación y todo lo que tocan suena hermoso. Arisitmuño también es un gran productor. Y de afuera Rick Rubin es una inspiración en cuanto a su apertura y versatilidad. Hace un disco de Mars Volta y otro de Adele y los dos están buenísimos. Pero sin dudas el gurú de mi generación es el gran Nigel Godrich.

AZ: ¿Un disco iniciador, que te disparó la atención a nivel audio/producción?
L:cuando niño, creo que El amor después del amor escuchado con auriculares me mostró un mundo. Recuerdo descubrir detalles, cuerdas, voces, guitarritas, las programaciones, todo un universo gigante de timbres y capas en el que todo se escuchaba, además de tener grandes canciones y grandes letras. Pero Ok Computer y más tarde Kid A me hicieron pensar seriamente que quería estar el resto de mi vida viviendo los discos desde adentro.

El amor después del amor tapaAZ: ¿Cuál dirías que es tu búsqueda o marca propia cómo productor?

L: no creo tener marca propia, o no quisiera tenerla. Sí tal vez una búsqueda. Quiero decir, se repiten patrones, como las ganas de hacer las cosas bien, con calidad pero con libertad y siempre disfrutar del proceso porque, para los músicos y los productores, el disco es el proceso. Cuando está listo ya pasa a ser de la gente. Pero en general trato de variar con cada proyecto, tratando de armar un plan que se disfrute y se pueda concretar. Tener formulas en esto sería aburrido. Con cada laburo aprendo, experimento e incorporo nuevas herramientas artísticas y técnicas.

AZ: ¿Por dónde se empieza cuando se quiere encarar una grabación de un disco?

L: siempre me gusta juntarme a hablar antes, conocer lo que el artista quiere. Conocer su historia. Pregunto cosas como ¿quién querés que escuche tu disco? Depende de la respuesta el plan que se va a seguir. Las libertades o las reglas con las que vamos a jugar el juego. Pero también pregunto por las falencias, para ayudar ahí en lo que pueda. Digo, a veces a las bandas les cuesta ordenarse, a veces tienen dudas en cuanto a lo estético, o en cuanto lo musical. A veces no saben cómo emplear bien un presupuesto x, o tienen demasiados temas y no pueden elegir, o a veces no graban porque hay ciertos prejuicios. Son todas cosas que surgen antes de grabar que hay que ir despejando, laburarlas antes de hacer música. Los estados de ánimo se filtran mucho en las tomas, más en los primeros discos. Y más allá de los fierros con los que se grabe, creo que la toma es todo. Así que cuidando los ánimos de la grabación también estás cuidando la toma.

AZ: ¿Se tiene en cuenta a la hora de pensar un álbum el hecho de que tal vez el formato en el que más se termine escuchando sea via streaming por alguna plataforma o la propia descarga de los archivos?

L: depende del artista. Creo que todos los músicos, al menos de veinte años para arriba, tenemos una cultura de disco muy fuerte. La mayoría nos enamoramos de la música escuchando discos, no temas aislados de la radio. Por lo que, en general, se encara una grabación con ganas de que sea un disco, o un EP a lo sumo. Pero más allá de cuál sea el formato final, la mayoría de las cosas se encaran con esa visión de disco. Disfruto de eso, más allá de que después termine en un Bandcamp o lo que sea. Siguen siendo discos.

la nostalgiaAZ: ¿Un disco o canción que te llena de orgullo haber participado?

L: Hilario de Mariana Paraway y La Nostalgia SoundSystem de Mi Amigo Invencible tal vez sean los dos discos con más salida a nivel popular, medios, etcétera, en los que participe produciendo y mezclando. Y eso es lindo porque la música se mueve. Pero quiero mucho a todos los proyectos en los que metí alguna cuchara. Tengo todos los discos en una repisa y de todos disfruté y aprendí cosas. Incluso de otros laburos como cortinas, jingles y música para teatro. Todo me completa.

AZ: ¿Hay algún disco al volvés a escuchar, tipo oráculo, para inspirarte?

L: varios, pero pensando rápido podría nombrar a In Rainbows (Radiohead), Volta (Björk), tal vez The Suburbs (Arcade Fire). Y bueno, El Lado Oscuro de la Luna. Pero igual trato de escuchar lo nuevo siempre, lo contemporáneo. Creo que es una especie de responsabilidad que tengo como productor.

AZ: ¿Cómo es el proceso a la hora de pensar en tus discos?

L: trato de depurar las cosas que aprendo en otros espacios, y lo trato de disfrutar. Trabajo muy rápido cuando no tengo que debatir o compartir tareas. Pero me aburro más. Es solitario y a veces abrumador. Siempre hice cosas mías en los huecos de laburos, pero no por eso descuidé lo que saqué. Me importa que los temas estén buenos. Así que soy igual de hinchapelotas conmigo que con el resto.

AZ: Si tuvieras que darle algún consejo al escucha como para tener una experiencia más intensa, ¿cuál sería?

L: señora, señor, pónganse auriculares y escuche un disco, no mientras lava el auto, cocina, o lee su facebook, no mientras hace alguna otra cosa. Simplemente hágase el tiempo para tirarse a escuchar un disco y nada más. Salvo la música para ascensores, nadie graba un disco para que lo pongan de fondo. Así que para escuchar un disco sólo hay que escuchar un disco.//z

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