Los ojos ciegos bien abiertos

Con un perfil más bajo que lo habitual, Netflix estrenó a fines de 2016 The OA, serie de ciencia ficción creada por el dueto Brit Marling – Zal Batmanglij. Lejos de pasar desapercibida, cosechó tanto fanáticos como detractores. Misticismo new age, ciencia ficción y la fe en tiempos de streaming. Una advertencia: la siguiente nota contiene algunos spoilers.

Por Iván Piroso Soler

La premisa de The OA ejerce una inversión a la trama que venían presentando numerosas ficciones de los últimos años. Se entiende: un miembro de una tranquila comunidad desaparece de una forma en apariencia inesperada y, en su búsqueda, se desentrañan secretos oscuros de, lo que se pensaba, era una apacible sociedad. Aquí el recorrido es opuesto: en el interior profundo de los Estados Unidos nos encontramos con el regreso de Prairie, una joven no-vidente de 28 años que hacía siete años había desaparecido de su hogar adoptivo. Es entonces cuando The OA, a partir de ese regreso, despliega su batería de idas y vueltas entre el pasado lejano, el inmediato y el futuro de esta chica y una historia que siente más de lo que explica.

Netflix entendió dos cosas a la hora de afrontar el estreno de The OA: el éxito de Stranger Things y el nuevo apogeo de la ciencia ficción existencialista. No hace falta indagar mucho para entender que Sense8, Westworld y Black Mirror son productos de grueso calibre que comparten los lineamientos fundamentales de la ciencia ficción. Aún así, se esfuerzan por llevar sus canales argumentales hacia el lugar común de la crítica a una sociedad que creen entender e intentan generar en el espectador una sensación de crítica impávida e indefensión contra una sociedad que los domina. Si bien The OA no va completamente en esa dirección, sí es cierto que buscar un giro existencialista en la relación que establece entre la protagonista con sus pares.

Siete años pasaron entre la desaparición de Praire y su mediatizada vuelta. Transmitido por YouTube y las redes sociales, su salto desde un puente capturado por el celular de una conductora que pasaba por el lugar puso en vilo a la comunidad de la que se había escapado años atrás. Sucede que la joven de 28 volvió con la visión que había perdido de pequeña tras un traumático accidente en su Rusia natal en pleno derrumbe de la Unión Soviética. Esto generó un desconcierto en la familia que la adoptó de pequeña así como en el resto del pueblo. ¿Cómo, luego de tanto tiempo fuera de casa, esta chica que ahora se hace llamar OA (ou-ei, tal es su pronunciación en la serie) vuelve sin explicaciones y con la visión completamente recuperada? Esto se irá desentrañando al paso que la blonda muchacha se va haciendo de distintos aliados: el bully del barrio, una profesora de secundario cuyo hermano se acaba de suicidar, una joven trans, un pibe sin otro rumbo que conseguir buena marihuana y un latino superdotado con una conflictiva relación maternal. Muchos personajes y muchos cabos que no terminan de atarse en el transcurso de la primera temporada.

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Estrenada en diciembre de 2016, The OA cuenta con ocho capítulos, estrenados todos al mismo tiempo. Esta modalidad logró que la serie protagonizada por Brit Marling (a quien también vimos en I Origins, película del mismo género) rápidamente se hiciera tanto de fervientes fanáticos (que no ocultan haberse aprendido los movimientos) como de furibundos detractores. Ninguna de las vertientes está falta de razones. La serie no oculta una ambición plasmada en la soberbia fotografía (a cargo de Lol Crawley, miembro del British Sociery of Cinematography) y una estructura narrativa capaz de llevarnos en un ida y vuelta temporal que por momentos nos quita el aliento. Y es allí donde The OA coloca la semilla para que florezcan las críticas.

La serie fue ideada por Brit Marling y Zal Batmanglij en 2012. Trabajaron en ella durante dos años antes de presentarla frente a algún productor. Ambos realizadores, en una entrevista al portal Vulture, confesaron haberse visto en aprietos al presentarla frente a ejecutivos que les hicieron notar que la de The OA era una historia muy difícil de contar de manera lineal, preguntándoles si realmente el relato iba hacia algún puerto. Fue así como se les ocurrió comenzar por el final y, con ese recurso, poder poner en orden la historia de esta joven que vuelve de la nada. Luego de estructurarla de tal forma, se presentaron en Plan B Entertainment, productora de Brad Pitt, quien personalmente los ayudó con algunos consejos narrativos.

El objetivo de Prairie es puesto de manifiesto en el primer episodio: necesita volver al lugar donde recuperó la vista y estuvo cautiva durante tantos años, pero para lograrlo necesitará de la ayuda de sus dispares aliados. El problema es que la ansiedad que lleva a The OA a contar lo que pasó con Praire en sus siete años de ausencia genera una relación poco verosímil entre los personajes. Esa coherencia totalizante que existía entre los niños de Stranger Things se ve evaporada en la amalgama de personajes poco profundizados de The OA. Las concesiones que se le dan al misterio que envuelve a Prairie son muchas, forzando a que los sucesos ocurran casi porque sí para darle paso al pasado que relata la protagonista al resto de sus compañeros, donde estas relaciones forzadas se multiplican con la aparición del doctor Hap (Jason Isaacs) y el grupo de cautivos que acompañan a Praire. Demasiados frentes para tan poca batalla. De este modo, con el final de la primera temporada son más los interrogantes que las respuestas.//∆z

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