Lo Mejor 2018: Series

Repasamos las series más destacadas de 2018.

Ilustración de Martina Mounier

La Casa de Papel – Antena 3 / Netflix

La serie de Antena 3, que tomó por asalto Netflix, contiene todos los elementos para un trending topic de verano. Con la fotografía a cargo de Migue Amoedo, que recuerda a películas de principio de siglo como Matrix, El Club de la Pelea, Snatch (Cerdos y Diamantes) o incluso Inside Man de Spike Lee (de la que se puede decir que es un sentidísimo homenaje), La Casa de Papel no da respiro. Sus planos recargados generan una catarata de información que le deja al espectador poco espacio para la reflexión. Como en toda fórmula del hit bien aceitada, el asunto pasa por sentir. Con más de un millón y medio de espectadores en la transmisión del último episodio, la serie fue todo un suceso en España. Una de las razones tiene que ver con su equipo técnico. Antena 3 entendió rápidamente que “equipo que gana no se toca” y contrató casi al mismo plantel de su anterior éxito, Vis a vis. Tanto la dirección y la fotografía como la escenografía principal (la fachada del Consejo Superior de Investigaciones Científicas) estuvieron a cargo de los mismos nombres que llevaron a cabo el relato de un grupo de presas que capturó la atención de buena parte de los televidentes españoles en estos años. Lo cierto es que Netflix generó una legión de fanáticos de La Casa de Papel en el verano latinoamericano de 2018. Iván Piroso Soler

The Americans – FX

1986. La Guerra Fría está en su tramo final. Por un lado, la URSS se ahoga en incertidumbre y tambalea al borde del abismo debido a poderosas internas que quieren destituir a Mijaíl Gorbachov, cabecilla soviético que aparentemente perdió el verdadero rumbo de la madre Rusia durante el último lustro. Cruzando el charco, el presidente Ronald Reagan acusa públicamente a sus enemigos de ser “el imperio del mal” mientras intenta negociar un acuerdo de paz y desarme militar en una cumbre a realizarse en suelo norteamericano. Así, tan sólo a un botón de distancia del apocalipsis nuclear, se posiciona el tablero entre Moscú y Washington durante la sexta y última temporada  de The Americans, la serie que desde 2013, de la mano de Joe Weisberg (ex-agente de la CIA) y Joel Fields, sus dos creadores,  supo mezclar con maestría espionaje y drama familiar. Siempre fiel e inteligente, con una estética y ambientación perfecta donde subyace la tragedia, The Americans potencia la retórica del antihéroe políticamente incorrecto, que se redondea en una temporada excelente, de alto nivel discursivo, con diálogos quirúrgicos y algunos momentos muy logrados. Además, el cierre posiblemente sea uno de los mejores finales de serie de todos los tiempos. Una vez más: The Americans es la mejor serie que ha dado la televisión durante los últimos años. Juan Martín Nacinovich

Luis Miguel – Netflix

Luis Miguel cuenta la historia del ídolo mexicano del pop desde su infancia hasta su madurez profesional. El puntapié inicial de la serie da cuenta del eje que atraviesa todo el arco argumental: nada más y nada menos que el vínculo entre “el Sol” y su padre, que además es su representante. En el primer episodio encontramos a un Luismi (subrayadamente interpretado por Diego Boneta) en uno de los primeros picos de su carrera a punto de salir a encontrarse con su público en un show de 1992, cuando el astro comenzaba a saborear el éxito masivo. Tras salir del camarín, su equipo le comunica que su padre y representante, Luis Rey (un exacerbado Óscar Jaenada), está en el hospital muy grave. Aún así “Micky” elige continuar camino hacia el escenario y enfrentar su estrella, dando comienzo a una serie que transitará idas y vueltas cronológicas, e irá completando un rompecabezas alrededor de la relación entre Luismi, su padre, su madre y la fama.

Al igual que las letras y los ritmos que llevaron a este niño español criado en México al reconocimiento mundial, todo en Luis Miguel está subrayado. Las actuaciones, el eje de los personajes y la dirección que se llevan adelante con las tramas pueden parecer, por momentos, de trazo grueso. Aún así, es efectivo justamente porque la propuesta es franca desde la primera entrega. A lo largo de los once episodios la relación del protagonista con su padre se ve envuelta en conflictos que el espectador ya vio en muchas historias de ascenso y caída. Iván Piroso Soler

El Marginal II –  TV Pública /Netflix

Hay que decirlo: en los últimos tiempos, todo producto surgido de las entrañas de los hermanos Sebastián y Luis Ortega merece ser mirado con atención. Se han consolidado como creadores de contenidos audiovisuales de calidad. Desde la serie Historia de un clan, pasando por la reciente El Ángel y El Marginal, serie estrenada en 2016, que a fuerza de notables personajes y una trama asfixiante se ganó el corazón del público. Asimismo, su segunda temporada, producida debido al éxito de la primera, presentaba un gran desafío narrativo: contar los hechos previos al ascenso de los hermanos Borges, los kapangas del pabellón de la cárcel de San Onofre. Las precuelas, al sobrescribir sobre lo ya escrito, suelen tener dificultades y presentar algunos baches (si no pregúntenle a George Lucas). Esta vez, no fue la excepción. Esta vez la acción transcurre tres años antes que los hechos narrados en El Marginal I. Diosito (Nicolas Furtado) y su hermano Mario (Claudio Rissi) son dos recién llegados al penal dirigido por el inefable Antín (un, nuevamente, brillante Gerardo Romano) pero, en los hechos, liderado por El Sapo (Roly Serrano), una especie de buda con tintes de Jabba The Hutt de Star Wars, caricaturizado en exceso, que maneja todo a gusto y piacere. Su poder es tan desmesurado que Antín planea voltearlo con la ayuda del recién llegado Borges. A la vez se cuenta la historia de un médico, interpretado por Esteban Lamothe, un outsider del mundo carcelario que intenta sobrevivir como puede. La licenciada Molinari (Martina Guzman) es, aquí, una recién llegada que deberá adaptarse a un mundo oscuro. Con nuevos personajes (Verónica Llinas, Daniel Fanego), la serie trastabilla al intentar forjar un relato coral que se queda a mitad de camino, sin un claro hilo conductor que haga avanzar la trama. Los dos primeros capítulos, dirigidos por Israel Adrián Caetano, son quizás lo mejor junto con la batalla final (con tintes de Game of thrones, por momentos). Las falencias expresivas en momentos de alto dramatismo por parte de Lamothe impiden que se erija como un claro protagonista. Diosito, un gran Furtado otra vez, se roba la serie una vez más con un carisma imparable, a veces poco dosificado. Pese a estas lagunas, la serie termina saliendo bien parada, su éxito en rating fue notable y va camino a una tercera temporada que, al parecer, podría expandir aún más este universo, más allá de los límites de la prisión más famosa de la pantalla chica nacional. Pablo Díaz Marenghi

Collateral – Netflix

Conspiración. Es, tal vez, la palabra que mejor resuma el espíritu de esta serie. Ante un aparente crimen que forma parte del paisaje cotidiano de la urbe de Inglaterra, comienza a desplegarse durante cuatro episodios una madeja de engaños, alianzas, mentiras y traiciones que involucra a la policía, el servicio secreto británico (MI5), el ejército y la política. Un repartidor de pizza es asesinado a balazos y la detective Klip Glaspie (una brillante Carey Mulligan) comienza a investigar. Ella sigue adelante a pesar de los prejuicios y muestras de racismo con los que se debe enfrentar por parte de sus propios compañeros, al ver que el joven asesinado es un inmigrante sirio y su familia no posee los papeles migratorios necesarios. Creada por David Hare, dirigida por S. J. Clarkson (Dexter, Heroes, Jessica Jones) esta serie también funciona para mostrar a mujeres empoderadas que toman decisiones y se alejan de las representaciones sumisas que van quedando en el pasado. Algo similar a lo que ocurre con la detective Stella Gibson de The Fall, encarnada por Gillian Anderson. El ritmo es vertiginoso, estéticamente cuidado, y los plot twists se encuentran distribuidos con elegancia. Otra muestra de que los policiales ingleses nunca fallan. Pablo Díaz Marenghi

 Atlanta – FX

Cuando los últimos destellos de la era dorada de las series parecen llegar a su fin, una nueva luz surge desde Atlanta, la serie creada por el actor Donald Glover para FX. En su primera temporada nos cuenta la vida de Earn, un pibe en crisis, padre primerizo y con un futuro incierto, que abandonó la universidad, y que se entera al volver a su ciudad que su primo Alfred (conocido como “Paper Boi“) es una estrella en ascenso en el mundo del hip hop. La serie consagró a Glover como una de las nuevas figuras de la televisión estadounidense cuando obtuvo dos Globos de Oro por mejor serie de comedia  y mejor actor de comedia. La segunda temporada, estrenada este año, prometía más de la aventuras de Earn y Paper Boi, pero tanto Glover como Atlanta decidieron redoblar la apuesta y generar algunos de los momentos más logrados de la televisión en el último tiempo. Capítulos como “Alligator Man” y “Barbershop” muestran la ciudad de Atlanta, de población predominantemente negra, sumergida en una crisis que afecta la relación entre los protagonistas. Mención aparte para “Teddy Perkins”, donde en su rol de guionista, Glover nos regala su propia versión de Get Out! Y hasta se da el lujo de personificar al misterioso hombre que da nombre al episodio. Cabe preguntarse si Atlanta podrá mantener el nivel o superarlo cuando llegue su tercera temporada. Glover, mientras tanto, no pierde tiempo y se pone en la piel de Lando Calrissian en Han Solo y sacude Estados Unidos bajo su seudónimo musical, Childish Gambino, y su hit “This is America”. Martín Barraco

Un gallo para Esculapio 2 – TNT

Qué alta pusieron la vara Bruno Stagnaro y Ariel Staltari, la primera temporada de Un gallo para Esculapio es de lo mejor que se vio en la televisión argentina. ¿Cómo seguir después de eso? Tuvieron una tarea muy difícil. Por empezar ya no iban a contar con el cada vez más enorme Luis Brandoni (Chelo Esculapio) y habían terminado la historia con una escena muy deudora de Leonardo Favio. Parecía que no se podía seguir contando, cerraba muy bien. Por eso la segunda temporada tenía que caer sobre las espaldas de Peter Lanzani (Nelson). Entonces, Stagnaro y Staltari deciden que el vacío que dejó Esculapio se note. Ese fue el motor de la continuación, la venganza de Nelson contra Yiyo (Luis Luque). El resultado: la confirmación de Lanzani como el mejor actor de su generación y una inevitable manija por cómo va a ser la tercera temporada. Joel Vargas

Cobra Kai – YouTube Red 

En How I met your mother introdujeron la idea de que habíamos visto Karate Kid al revés. Daniel San era el villano y Johnny, una víctima. Este punto de vista es la base de la nueva serie de Youtube Red. El resultado es Cobra Kai, este lado B amalgamado a fuerza de nostalgia e inversiones de roles.

Pasaron más de treinta años desde la final del torneo de karate. Johnny (William Zabka) es un subocupado que se acerca a los cincuenta años sin dirección aparente. Daniel (Ralph Macchio) es un vendedor de autos exitoso que solo recurre al karate para hacer marketing.

La serie se ve como la película original, con todo lo malo que eso implica. La dirección, fotografía y arte, parecen calcadas. La onda vintage puede ser excesiva, más que nada en las escenas de acción. Punto fuerte: la temporada entera se compone de diez capítulos de 25 minutos que fluyen con buenos cliffhangers y chistes bien ubicados. Sobresale Johnny en sus primeros pasos como sensei. El recurso prioritario que sostiene la temporada es invertir. Los malos se convierten en buenos, lo nerd en cool, ricos en pobres. Este recurso conceptual trae retratos matizados de los protagonistas: ni Daniel es un mercenario carismático ni Johnny es un santo mal aconsejado. Los dos tratan de aprender de sus errores y encarar su madurez con limitados recursos emotivos e intelectuales. Sin embargo, el recurso de dar vuelta todo se torna previsible a la tercera iteración.

Cuando la serie se burla de sus propios pilares sube de categoría, denuncia sus propias limitaciones y aprovecha sus aciertos. Se sabe retrato de dos adultos con un desaforado fanatismo por el karate. Lejos de abandonar ese fetiche, hacia el final persevera el armado de una base narrativa para asegurar temporadas indefinidas, algo así como los Cebollitas pero con dojos. Matías Buonfrate

Encerrados – Netflix / TV Pública

“Todo puede suceder en el mundo de los encerrados”, dice en off Cristina Banegas en cada capítulo. Su voz, cavernosa y seductora, nos adentra en el universo de Encerrados. La serie creada por Benjamín Ávila (director de Infancia Clandestina, 2012) tiene un aire familiar, recoge el guante de la tradición de los unitarios más clásicos: Dimensión Desconocida, Historias para no dormir, Cuentos asombrosos, entre tantos otros. Encerrados explora la angustia, el terror y la depresión en 13 historias que no llegan a la media hora de duración, con un elenco que varía capítulo a capítulo. Uno de los episodios más destacados es el que está protagonizado por Luis Machín: un escritor preso de un bloqueo creativo producto de una tragedia familiar. Espeso, oscuro e incomodo: así es Encerrados. Joel Vargas

The end of the f***ing world – Channel 4 / Netflix 

El desembarco de la serie a nivel internacional estuvo plagado de curiosidades. Desde la supuesta fascinación de Reed Hastings -CEO de Netflix- hasta las mil referencias cinéfilas que encontraron en la historia los fanáticos (entre ellas: Pulp FictionBonnie & Clyde y hasta Badlands), esta es una de las obras maestras de Terrence Malick. La realidad es que, si hay algo que esta serie basada en el cómic de Charles Forsman logró, fue sacar a Netflix de su ingeniería biométrica a la hora de crear sus series. Originalmente transmitida a fines de 2017 en el Channel 4 del Reino Unido, The end of the f***ing world es atractiva por su desarrollo desparejo, que evoluciona a la vez que sus personajes se van despojando de su rigidez inicial. El desarrollo de The end of the f***ing world se escapa levemente de a lo que nos tiene acostumbrados la maquinaria de Netflix, quizá porque la serie no fue pensada originalmente para el sitio de streaming. Esto se hace patente a medida que la narración se separa de su comienzo forzado,  en el que la pareja protagonista es presentada de una forma acartonada, algo que funciona quizá para agradar a aquellos fans que busquen una identificación con personajes hastiados del mundo. Este enojo algo ingenuo se va desarmando a medida que James y Alyssa van entendiéndose entre sí y entendiéndose a sí mismos. Que ellos se sientan más reales no los hace, a la larga, más indefensos. Iván Piroso Soler

 Evil Genius – Netflix

Dirigida por la dupla Trey Borzillieri/Barbara Schroeder y producida por los hermanos Duplass (encargados de la exitosa Wild Wild Country), esta serie cuenta los vericuetos de un crimen que capturó la atención de los principales medios de comunicación del mundo por sus detalles, que rozaban, al unísono, lo bizarro, lo escabroso y lo macabro. Se suma a la oleada de documentales del tipo true crime, que se enfatizó con Making a Murderer (2015) y se potenció con The Jinx (2015) o The Keepers (2017) y la más reciente The Staircase (2018). Constituye un relato sobre la mente enferma. Más precisamente, la de una mujer, Marjorie Diehl-Armstrong, la mente maestra detrás de esta oscura página de la historia criminal estadounidense. Su vehemencia a la hora de manipular a la justicia y su historial de muertes a cuestas la convierten en la villana definitiva de las series del 2018. El relato, dividido en cuatro capítulos de cuarenta minutos, está organizado para enfatizar el suspenso: en cada entrega hay grandes revelaciones que producen cambios en el devenir del caso y la investigación. A la vez, se explora la relación peculiar que entabló uno de los realizadores (Borzillieri) con Marjorie, con quien se escribió cartas durante años. La intriga típica del policial se potencia minuto a minuto con giros inesperados. Todo recubierto bajo un halo siniestro que remite a series como True Detective, en un marco de sucesos concatenados que ratifican la frase que se convirtió en un lugar común: a veces la realidad supera a la ficción. Pablo Díaz Marenghi

The Assassination of Gianni Versace: American Crime Story – FX

Ryan Murphy no para de cosechar éxitos: la segunda temporada de American Crime Story fue la miniserie más nominada de los Emmy: 18 nominaciones (incluida mejor miniserie, categoría donde resultó ganadora). Ya la primera temporada, que retrataba el juicio a O.J. Simpson, había sido alabada por el público y la crítica. En esta ocasión la serie producida por Murphy cuenta cómo fue el asesinato del diseñador de modas Gianni Versace. Si la primera temporada se centraba en los conflictos raciales, la segunda hace foco en la homofobia.  Si bien American Crime Story revisita hechos trágicos del pasado también funciona como una suerte de termómetro de la actualidad de Estados Unidos. Además de construir un gran andamiaje narrativo, The Assassination of Gianni Versace cuenta con grandes interpretaciones. El trabajo de Darren Criss es antológico, su caracterización del asesino serial Andrew Cunanan es de lo mejor que se pudo ver estos últimos años en la mal llamada “pantalla chica”. Joel Vargas

Wild Wild Country – Netflix 

Es difícil tener más de veinte años y no recordar algún ejemplar de un libro de Osho en una biblioteca familiar, en algún estante de los padres de una amiga o en una librería del Centro. Es más difícil luego enterarse que detrás de esos libros se esconde una historia de intolerancia étnica, tiros cruzados, gente patrullando un pueblo con metralletas y el primer ataque bacteriológico en la historia de los Estados Unidos. De esto se trata Wild Wild Country, el documental sobre los rajnishpuram, dirigido por los hermanos Maclain y Chapman Way, y producido por los hermanos Duplass en conjunto con Netflix.

El documental cuenta con el relato en primera persona de varios de los protagonistas de aquellos convulsionados principios de los ’80. Además de abogados, artistas y políticos que protagonizaron los hechos que llevaron a un enfrentamiento inédito en el pequeño condado de Wasco, Oregon, Wild Wild Country cuenta con el testimonio de Sheela, la secretaria personal de Bhagwan y la líder política del movimiento Rajneesh. Es en sus palabras que el relato avanza en direcciones que obligan al espectador a estar atento a cada volantazo, haciendo de un documental histórico un encadenamiento de hechos por demás inverosímiles. A partir de las reacciones de los habitantes del desierto que cubre el corazón de Oregon, los nuevos pobladores redoblan la apuesta. Con metros de cinta VHS surgidas del corazón de la propia organización, y el material periodístico generado por entrevistas y piezas de animación, Wild Wild Country teje un ida y vuelta entre los ‘80 y el presente que le da fuerza a un relato vertiginoso. Iván Piroso Soler

Merlí – TV3 / Netflix

A pesar de haber sido estrenada en 2015, a principio de año se habló mucho acerca de esta serie por estas latitudes. El debate, la comparación o la auto-parodia respecto a esta serie catalana creada por Héctor Lozano, que cuenta las peripecias de un antihéroe de la docencia en la escuela pública europea fue una fija en reuniones de plantel docente, capacitaciones y hasta en las mismas aulas. Merlí Bergeron (Francesc Orella) es un profesor de filosofía bastante atípico. Le gusta romper las reglas, ir por carriles alternativos, seducir mujeres y, como plantea en su primera clase, intentar lograr que sus alumnos se exciten con la filosofía. Rompiendo cualquier protocolo o norma establecida, intentará que aprendan a pensar por ellos mismos y a ser protagonistas. A lo largo de sus dos temporadas, se conformará un relato coral a partir de diversos personajes que se volverán tanto o más importantes que el osado profesor: su hijo, y también alumno Bruno, su mejor amigo Paul Rubio, la chica rebelde Berta, la sensible Tania o el malvado profesor Eugeni. Se habló mucho de esta serie: que era una telenovela berreta, que no reflejaba las problemáticas reales de una escuela, que su perspectiva de género relegaba a las mujeres a roles secundarios, que Merlí como docente dejaba mucho que desear. Lo cierto es que el principal atractivo radica en la potencia magnética y verosímil de los conflictos que atraviesan a los jóvenes protagonistas: su crecimiento, madurez y sus dudas. Algo que, indefectiblemente, interpela al espectador, haya estudiado en Barcelona, Palermo o González Catán. Actualmente, se encuentra en tratativas la realización de un spin-off que tendrá la difícil misión de llenar el vacío de una serie que dejó mucha tela para cortar en torno a la escuela; un espacio amado, odiado, cuestionado y bastardeado pero, al mismo tiempo, ineludible para cualquier ser humano promedio. Pablo Díaz Marenghi

Sandro de AméricaTelefé 

Trazos gruesos atraviesan la figura de Sandro que construyó Caetano. En forma de unitario, el director de Okupas y Bolivia dirigió la docena de capítulos que recorren la historia del astro, desde sus inicios en los años ‘60 hasta su muerte en 2010. Lo que muchos se preguntaron en un primer momento pasaba por quién llevaría adelante la interpretación de una figura aún vigente, tan aclamada durante muchos años, y que tuvo un consenso pocas veces visto. ¿Quién sería Sandro ahora? La respuesta provino de tres lugares, tres actores: mientras que Agustín Sullivan le puso voz y cuerpo al Sandro de los primeros años, Marco Antonio Caponi lo fue en su adultez y Antonio Grimau en su versión final. Todo un recorrido de registros para enmarcar una épica popular.

La pregunta que surge del éxito que cosechó Sandro de América es si este suceso abrirá un camino de biopics en la ficción argentina. Con un horario asignado en el prime-time (se transmitió por Telefé de lunes a jueves a las 22.30 h), la serie acercó a los espectadores nuevamente al televisor, sin la posibilidad (cada vez más instalada) de verla de forma maratónica.

Sin embargo, y más allá del acierto en este caso, es difícil encontrar las características tan únicas y personales de la historia de Sandro, de la vida de Roberto Sánchez, un ídolo con luces y sombras que mantuvo respuestas herméticas para algunas de las preguntas que el pueblo se hizo durante mucho tiempo. Con buen ritmo y de manera sobria, Caetano y su equipo repartieron en doce capítulos de trazo grueso y baile frenético retazos de la historia cultural y popular de nuestro país. Iván Piroso Soler

Arecia_Diciembre

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