Lo contrario de ser gigante


Pixies editó EP1, su nueva placa luego de 20 años de ausencia discográfica, y el resultado no nos dejó un buen sabor.

Por Claudio Kobelt

EP1 es la vuelta de Pixies al estudio de grabación tras 22 años desde su última placa. No caben dudas que fue, junto a Sonic Youth y Nirvana, uno de los grupos más influyentes y revolucionarios en cuanto a época y legado. Teniendo todo esto en mente, la ansiedad no era poca frente a un nuevo registro de los “Beatles de los noventa” (como fueron llamados alguna vez).  Pero hay veces que es mejor quedarse con el deseo a tener que lidiar con la realidad.

¿Hay algo del viejo esplendor Pixies en este EP? ¿La voz de Frank Black sigue siendo rabiosa, única, expresiva, diferente? ¿Las guitarras de Santiago son creadoras tanto de melodías pop como de explosiones de experimentación y sonidos demenciales? ¿Las canciones son mantras generacionales, influyentes, himnos enfermos de pogo y baile alternativo? No. Nada de eso. Ni por asomo. Son sólo cuatro canciones pop lisas, sin matices ni locura ni originalidad. Nada de nada. En “Indie Cindy” pareciera haber un atisbo de una gran canción con la vieja mística y el antiguo esplendor, lo mismo que en “What Goes Boom”, pero la esperanza dura lo que suena el estribillo. Después, todo vuelve a la normalidad. Demasiada y aplastada normalidad, solo otra banda más.

Claramente un grupo como Pixies, con su historia, tanto como agrupación como de sus integrantes por separado, sus conflictos, sus idas y vueltas,  la influencia que dejaron y que recibieron en tantos años de trayectoria, no puede permanecer inmune a eso, y debe cambiar en el recorrido, reflejar el paso del tiempo y sus vicisitudes. Mutar, evolucionar, crecer como el resultado lógico del transcurrir, y más pensando en algunos de los músicos más creativos de su generación,  pero claramente no es el caso.  Que quede claro que no pido que suenen a “Isla de encanta” o “Gigantic”, pero las dos canciones restantes de EP1, “Andro Queen” y “Another Toe”, son realmente indignantes si tenemos en cuenta que salieron de las mismas mentes que crearon Surfer Rosa, o Trompe Le Monde. ¿Acaso estamos poniendo la vara muy alto? ¿Pero acaso no es la misma vara y altura que ellos mismos establecieron?

La voz de Black Francis es chata y aburrida, sin rango, expresión ni emoción alguna. Las melodías y el sonido no son la gran cosa y termina sonando como otra banda más, y de las más flojas. Y la partida de Kim Deal, la ausencia de su voz y su presencia magnética se siente, y se extraña más que nunca.

Solo cabe decir que este no es un mal disco, ojo. Es muy bueno, pero para cualquier otro grupo, no para ellos. Para Pixies es retroceder muy atrás, más casilleros de los que entran en el tablero.//z

Arecia_Octubre

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