La tranquilidad después de la paliza

Wilco se abraza al minimalismo para mostrar su costado más introspectivo en Schmilco, su décimo disco.

Por Juan Martín Nacinovich

Alrededor de un año atrás, y a través de Twitter, Jeff Tweedy y compañía anunciaba el arribo gratuito de Star Wars, un disco tan inesperado como festejado. Los de Chicago se metieron en el estudio y aparecieron las canciones: las más energéticas y eléctricas fueron a parar a Star Wars; las de carácter introspectivo desembocaron en Schmilco, el décimo álbum de Jeff Tweedy y compañía.

Desde A.M. (1995) hasta Schmilco (2016), el ascenso creativo de la banda es confuso, incluso incómodo. Se podría decir que nunca se despacharon con un disco malo, aunque Wilco (The Album) (2009) quizá sea el único paso atrás del sexteto, donde optaron por la comodidad en vez de la evolución y/o mutación. Being There (1996), junto a Yankee Hotel Foxtrot (2002) y A Ghost Is Born (2004) son los tres faros conceptuales de Wilco. Especialmente el segundo, indiscutiblemente su obra maestra a la fecha. Además, entre medio, figuran los necesarios Summerteeth (1999) y The Whole Love (2011), siempre con la experimentación como punta de lanza, alejándose de la zona de confort.

En Schmilco esa estructura permanece intacta, pero todo suena más chico y compacto. Aquí no hay riffs poderosos ni distorsión, sino un entramado minimalista donde preponderan las guitarras acústicas, los arpegios y los sutiles arreglos vocales. Ésta nueva placa podría ser una antítesis de Star Wars o, también, la profundización del Tweedy más introspectivo, figura desmantelada en Sukierae (2014), un álbum en conjunto con su hijo Spencer.

Jeff Tweedy está más fino y punzante que nunca: en “Normal American Kids” canta sobre su adolescencia, turbia y desarraigada, mientras fuma angustiado; “If I Ever Was a Child” denota un dolor condescendiente y revisita su infancia; en “Cry All Day” y “Nope” aparece una búsqueda más colectiva, de grupo, que se puede ligar a Yo La Tengo, otro tótem americano.

“Happiness depends on who you blame”, dispara con precisión quirúrgica el ecléctico líder en “Happiness”, uno de los puntos más altos del elepé. En “Someone To Lose” (“I Hope you find someone to lose someday”), al igual que en “Locator”, aparecen las guitarras de Nels Cline, que se agigantan de a poco, generando un clímax in crescendo remarcable. Si bien llegando al final aparecen algunos sobrantes que pasan sin pena ni gloria como “Quarters” y “Shrug and Destroy”, el cierre con la tierna “We Aren’t the World (Safety Girl)”, referencia a la “USA for Africa” de Michael Jackson y Lionel Ritchie, y “Just Say Goodbye” reavivan la llama coronando un muy buen trabajo.

Los de Chicago se han desligado de la idea de sacar discos complejos y revolucionarios, aunque es menester la inevitable concepción de ese tipo de obras. Aquí, muestran su cara más calma y parsimoniosa, pero las texturas y los arreglos irán apareciendo y el álbum no hará más que mejorar. Con el correr de los años, han logrado un sonido propio trabajando a gusto, con sus tiempos y su propio sello (dBpm Records) y eso se nota en cómo promocionan –o no– sus LP y la variedad de virajes hacia otros terrenos, siempre amparados bajo la bandera de la autogestión y el cerebro de un genio.//∆z

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