LA SELECCIÓN #20

En esta nueva entrega repasamos lo nuevo de El Estrellero, la primera novela de una joven autora mexicana, la serie Good Girls, el coqueteo del chileno Alberto Fuguet con el cine y la literatura y el regreso de un ex Sonic Youth a nuestro país.

MUSICA – El Estrellero: La caída, el reposo y el rescate

“El Estrellero descubre una obra en tres actos acerca de la caída, reposo y rescate de un mal viaje”, reza el comunicado de presentación de El Fla, el nuevo EP que acaba de publicar la banda platense.  El viaje de doce minutos empieza con “El Fla” y su aroma de folk sureño con impronta beatle (Juan Irio y Lautaro Barceló construyen delicadas armonías vocales), mientras una guitarra slide suelta retazos de notas que remiten a la melancolía de George Harrison. Una historia de desamor y soledad (“Por eso estás tan sola, tomando aquellas drogas que no te dejan dormir”, canta Irio) con “tensión acústica sobre descensos vernáculos” como marco sonoro y lírico, y una conclusión que deja en claro que, luego de la caída, llega la reconstrucción: “Y mientras apagás el fuego, otro fuego nace en mí”, dice la letra. La canción que cierra el EP es “Lo que salga bien”, una balada de piano clasicista que es puro Charly García, compuesta y cantada por el tecladista Juan Baro Latrubesse, pero la verdadera joya es “Fatal”: la arquitectura de las dos guitarras solistas (Lautaro Barceló y Alejo Klimavicius entrelazan ese diálogo que es una marca sonora clara de El Estrellero) para dar contención a un ritmo machacante al estilo del krautrock de Neu! (ecos a El Mató), en una canción que quedó afuera por poco de Los Magos (2017) y suena como la hermana menor de “El deseo de fascinar”. Juan Irio canta sobre edificios que caen (“Oda al reposo en medio de la destrucción”, según la descripción de ese comunicado) y habla acerca de autopistas: música inspirada e ideal para escuchar a toda velocidad y dejar atrás una mala experiencia. Matías Roveta

LIBROS – Conjunto vacío, de  Verónica Gerber Bicecci (Sigilo, 2017)

En su primera novela la escritora mexicana Verónica Gerber Bicecci (una “artista visual”, como ella misma se define) experimenta con el lenguaje: mezcla poesía, narrativa, dibujos y diagramas de Venn. Este experimento altera la narración. Alguien despistado podría pensar que la rompe, pero en realidad hace que ella mute, y el significado se desplaza de la palabra al dibujo y juntos forman un nuevo significante. En Conjunto vacío la soledad y el tiempo conviven con un minimalismo descarnado. Un personaje llamado Verónica sufre varias ausencias: la de su novio, del cual se separó hace poco, y la de su madre, que la abandonó a ella y a su hermano cuando eran chicos. Gerber Bicecci indaga en sus recuerdos, miedos, sueños, en las partículas elementales. Un detalle no menor es que esta es una historia sobre el exilio. Su madre llegó a México escapando de la última dictadura argentina. Joel Vargas

 

 

SERIES – Good Girls

Con la producción a cargo de Universal para la NBC, en julio se estrenó la primera temporada completa de Good Girls, la serie protagonizada por el tridente ofensivo Christina Hendricks, Retta y Mae Whitman. Como contrapeso a las buenas plumas que tiene Netflix a la hora de elegir sus series, podemos comprobar que no ocurre lo mismo a la hora de editar los trailers de estrenos. Si tenemos como primer encuentro con Good Girls sus avances en la página de inicio de la plataforma más exitosa a nivel latinoamericano, seguramente esperemos un refrito de Springbreakers, aquel hit veraniego dirigido por Harmony Korine en 2014. Nada más alejado.

Beth (Hendricks), su hermana Annie (Whitman) y Ruby (Retta) son tres mujeres que enfrentan diferentes problemas: infidelidad de un marido que lleva a la bancarrota y posible pérdida de la casa, problemas de custodia parental y enfermedades de hijos e hijas. La única solución viable para estas inclemencias parece ser clara: robar un supermercado. Naturalmente, nada es tan fácil como parece, mucho menos cuando el objetivo del atraco es el lugar de trabajo de una de ellas y esconde algo más que una pequeña gran fortuna. A partir de este operativo, las tres se enfrentarán a los traspiés que vengan con la fuerza de la sororidad.

Netflix ha adoptado la curiosa costumbre en los últimos tiempos de aggiornarse a los nuevos discursos que pululan en el seno de nuestra sociedad, tanto para escribir sus ficciones como para distribuirlas. Good Girls no es la excepción. Con una fuerte crítica al actual estado de las cosas, se arma de recursos narrativos que no escatiman en ridiculizar al género masculino. No conforme con caracterizar a las tres protagonistas como mujeres fuertes que se anteponen a cualquier inclemencia (desde descubrir a un marido infiel -con una genial resolución del conflicto- hasta un intento de violación), las plumas de Jenna Bans (su creadora) y compañía caricaturizan a la mayoría de los hombres que aparece en pantalla. Vale decir: no por casualidad cada vez que lo hacen es para, de una forma u otra, complicarle la vida a las mujeres protagonistas.

Con un giro que intenta generar una intertextualidad algo forzada con series como Ozark o Breaking Bad, Good Girls no logra despejarse el rubor rosado que realmente amerita, dejando destellos a través de la inefable ternura que generan sus personajes. Con una primera temporada de diez episodios y una segunda en camino, la serie tuvo una buena recepción en la audiencia y en parte de la crítica. No es difícil encontrar su fuerte: el tridente ofensivo que conforma su elenco protagónico no falla. Es así cómo esperaremos la continuidad de esta historia que se pone los pasamontañas rosados para sacarse las caretas. Iván Piroso Soler

CINE – Alberto Fuguet: un escritor cineasta

“Nunca quise ser escritor, siempre quise ser cineasta. Y creo que ahora lo logré”, dijo cuando ganó el premio al mejor largometraje nacional en la 18ª versión del Festival Internacional de Cine de Valdivia con Música campesina (2011), su tercera película. Hombre clave para entender la literatura chilena contemporánea, referente de los noventa, Alberto Fuguet es amado por muchos y criticado por tantos otros: lo acusan de ser demasiado yanqui, quizás por sus tramas o por el vocabulario que usa en ellas. Su primera novela, Mala onda (1991), es una historia de iniciación muy deudora del universo narrativo de Salinger. Luego le siguieron Por favor, rebobinar, (1994) y Tinta roja (1998).

El quiebre en su carrera literaria, donde da una pista de su amor por el cine, se da en Las películas de mi vida (2003). Antes del estreno de su primer film, Se arrienda (2005), sus amigos le organizaron una cena despedida de la literatura. ¿Fuguet casi deja de ser escritor? Al parecer sí, pero algunas cosas no se pueden dejar tan fácil. Sus películas y sus libros forman parte de una misma cosmogonía existencial. Invierno (2015) es su obra más contundente, con una duración de casi cinco horas en las que narra los misterios de la amistad masculina y el compañerismo extremo. Hace un mes se estrenó Cola de mono en el Outfest de Los Angeles. El nuevo planeta del universo cinematográfico de Fuguet cuenta la historia de un adolescente llamado Borja, que se explora a si mismo en un Santiago castigado por el calor en vísperas de la Navidad de 1986. Cola de mono se va a proyectar el 21 de agosto en el Sanfic, Festival Internacional de Cine de SantiagoJoel Vargas

RANDOM – Un Sonic Youth (de nuevo) suelto por Buenos Aires

Solo superado por Megadeth, Lee Ranaldo –una de las dos cabezas del monstruo letal de guitarras ruidosas y vanguardistas al que supo dar vida con Thurston Moore en Sonic Youth- es uno de los artistas internacionales que más veces visitó Argentina en el último tiempo: sin contar el recordado show en solitario en Cemento en 1998 (cuando todavía su ex banda estaba vigente como nave insignia del noise), con la cita del 26 de agosto en Niceto ya serán siete recitales en apenas cinco años. La última visita fue íntima y se centró en dos shows temáticos en Bebop Club: una fecha dedicada a las canciones basadas en las guitarras (acústicas y eléctricas) y otra en donde dio más libertad a la experimentación. En este nuevo acercamiento, Ranaldo se presenta al frente del Electric Trim Trio, que completan Booker Stardrum en batería y Raul Refree Fernández en faceta multinstrumentista: junto a este último grabó Electric Trim (2017), un disco con perfil más cancionero que desnuda los característicos rasgos de su rol como guitarrista (y compositor) inquieto, sumas nuevos colores a su rica paleta sonora y es lo mejor que el violero canoso y de risa amigable publicó desde la disolución de Sonic Youth.

En Electric Trim hay giros psicodélicos (“Thrown Over the Wall”), guiños a John Lennon (la intro de piano que remite a “Imagine” en “New Thing”), muchas guitarras acústicas y melodías adherentes. Y También hay varios puntos altos: en “Moroccan Mountains” las guitarras suenan como sitares y Ranaldo canta relajado en una balada folk cercana a R.E.M., mientras de fondo suenan programaciones y ruiditos digitales; ese costado folkie vuelve a estar presente en “Last Looks”, deudora de Neil Young y con la hermosa voz de Sharon Van Etten de invitada, mientras que el formato canción con distorsión controlada digita el pulso de “Uncle Skeleton”. Pero nunca se pierde de vista que se trata de un ex Sonic Youth: una intro con guitarras disonantes lanzan la apertura de “Circular (Right as Rain)”, una canción que juega con dinámicas cambiantes de arpegios luminosos y pasajes de noise moderado con guitarras y órganos, y los solos de viola (Nels Cline figura en los créditos del álbum) en la citada “Uncle Skeleton” son abrasividad pura. Porque, después de todo, el tipo no pierde tanto las viejas mañas. Matías Roveta      

 

 

 

 

Arecia_Octubre

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