La década K

El Konex cumplió diez años y lo festejó el sábado con shows de Los Brujos, Rosario Bléfari, Daniel Melero, Pez y Bestia Bebé entre otros.

Por Martín Barraco y Juan Martín Nacinovich
Fotos de Nadia Guzmán

No puede pasar desapercibido que un espacio destinado netamente al arte celebre una década de existencia en los tiempos que corren. El Ciudad Cultural Konex, reducto ya consagrado que supo albergar a un sinfín de artistas de todas las disciplinas, decidió tirar la casa por la ventana y festejarlo el sábado con un line up de las bandas más representativas de la escena local.

Sin presentaciones ni preámbulos, los Sambara se zambulleron en el escenario interior rodeados de columnas y un público que comenzaba a llegar al complejo. El sexteto abrió la jornada presentando canciones de sus dos larga duración: Asomándose (2014), amparado bajo una corriente más jazzera y Siempre hubo riesgo en el cielo (2016), donde se inclinaron por un cancionero más tradicional.

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Octafonic fue la banda encargada de abrir el escenario del patio. Son ocho músicos en escena y sus performances tienen un poder existencialista. Hay vientos y sintetizadores, cantan en inglés, abren sus brazos y meditan en clave Om.  Rock, Stoner, Nu metal, reminiscencias hindúes, matices electrónicos. Hay concepto y hay búsqueda. Frente a unos espectadores atentos y apacibles, la banda exhibió mayoría de tracks del flamante nuevo álbum, Mini Buda (2016).

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De vuelta en el escenario de las columnas, Rosario Bléfari y más tarde Daniel Melero hicieron gala de una notable vigencia. Acompañados por músicos más jóvenes -ella con sus saltos y baile, él con sus anteojos oscuros y un vaso de whisky- y con el magnetismo de sus letras, demostraron por qué son una referencia vital para los músicos de la nueva escena independiente nacional.

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Poseidótica musicalizó el atardecer con su característico sonido valvular y expansivo iniciando lo que sería, junto a Morbo y Mambo, el pasaje instrumental del Festival. Con un Walter Broide encendisímo desde la batería, sonaron “Sueño Narcótico“, “Los Extraños” y “El Dilema del Origen“, entre otros. Por su parte, el sexteto concentró la atención de todos y convirtieron el sector de las columnas en un dancefloor frenético que bailaba de un género a otro entre juegos de luces y sombras. Uno de los puntos más altos del festival, que tuvo más momentos destacados durante el show de Pez.

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Se puede decir que el primer vaso de cerveza voló de la mano de “Fuerza”, inoxidable track de Pez desprendido del disco Quemado (1996). La banda comandada por el rebautizado Ariel Sanzo tuvo algunos percances técnicos de sonido, pero salió adelante con un show casi ininterrumpido en el escenario al aire libre –último de la fecha, debido a una problemática de decibeles con los vecinos de la zona. Revisitaron canciones viejas: “Gala”, “El Desengaño”, “Lo que se ve no es lo real”; otras más nuevas: “Más música”, “Os Garcas”; y hasta se dieron el lujo de presentar “La voluntad”, una nueva cosecha. “Qué alegría ver a tantas bandas juntas, ojo con el FestiPez”, disparó Ariel, para el festejo de los presentes.

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Con las luces apagadas, Los Brujos se desperdigaron por el escenario y tomaron sus respectivos instrumentos en posición desafiante. La mística estalló tras un golpe seco de batería, cuando Alejandro Alaci apareció corriendo a lo ancho de las tablas para entonar poderosamente un repertorio que giró entre viejas gemas y algunos tracks provenientes de Pong! (2015), su último trabajo. Se sacan los bonetes y se enmascaran con la cara de Ricky Rúa, en sentido homenaje hacia el fallecido ex líder; ahora, el liderazgo se lo pasan entre Alaci (Z-PQ) y Gabriel Guerrisi (Etna Rocker), el guitarrista principal, ambos de una presencia abrumadora. Los Brujos lucen sólidos, calibrados y, como bien narra la historia, han vuelto a la vida una vez más.

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A Bestia Bebé pareciera no importarle el marco o el contexto de sus presentaciones. Ya sea debutando en el Teatro Vorterix –algo muy pocas bandas de su generación han logrado- o como tantas otras veces en el Konex, la entrega del grupo capitaneado por Tom Quintans es la misma. Habrá que sumar a la lista de éxitos de su primer disco canciones como “Fiesta en el barrio” y “Tigre de metal”, de las más coreadas por su público. El costado más noise que está explorando el grupo a través de las guitarras de Tom y del Topo dejó ver mucho más que canciones sobre el barrio y los amigos.

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El cierre debía quedar en manos de Fantasmagoria, pero según anunciaron el grupo no se presentó por un “problema personal” de Gori. Sin embargo, ese final abrupto no pudo empañar el festejo de los diez años del Konex, un lugar que le ha devuelto la música y la cultura al barrio del Abasto. Por muchos años más.//∆z

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