La belleza de lo sombrío

En 1992 R.E.M. editó Automatic for the People: Michael Stipe lo definió como su mejor momento como letrista, y la crítica lo consideró el mejor disco de la banda.

Por Matías Roveta

A principios de 1991, el rock norteamericano vivió su última gran revolución: la edición de Nevermind, de Nirvana. Los cimientos del mainstream temblaron, y el poder claramente cambió de manos. La escena del rock alternativo -de donde Nirvana había surgido- que había logrado difusión gracias a las radios universitarias y había construído una interesante comunidad musical al costado del sonido comercial, se convirtió en ese momento en el sonido dominante. A partir del éxito en ventas de Nevermind, los grandes sellos salieron a la caza de nuevos talentos. “Si había surgido un Nirvana, ellos creían que podían encontrar otro”, contaba el director del sello independiente Sub Pop, Jack Endino. Lo cierto es que muchas de estas bandas pasaron a formar parte del estrellato en cuestión de segundos, y algunos de sus integrantes sucumbieron ante la enorme presión de la fama. Kurt Cobain fue uno de ellos.

El camino de R.E.M. había sido similar al de Nirvana: años de lucha en la escena underground, para luego editar un disco que les iba a cambiar la carrera para siempre. Ya mencionamos lo sucedido con Nevermind, y en el caso de la banda de Athens, Georgia, se trató del gran Out of Time (1991), con su himno “Losing my Religion”. Pero Michael Stipe, que fue catapultado súbitamente al centro de la escena, manejaba mejor que Cobain la presión del éxito. Cuando R.E.M. se metió en los Bearsville Studios de Woodstock, en marzo de 1992, para grabar el sucesor de Out of TimeAutomatic for the People-, la escena alternativa había perdido completamente su inocencia. La heroína hacía estragos entre los vocalistas de esa generación, y la imposibilidad para ellos de resolver el gran dilema del rock alternativo (“Cuanto más popular sos, más posibilidades de perder tu integridad tenés”, resumía Jack Endino en un documental de VH1 sobre el grunge) solo empeoraba aún más la situación. En la primer canción del disco, “Drive”, Michael Stipe, con su experiencia a cuestas y habiendo salido airoso a la presión del negocio del rock, se dirige a sus colegas, casi en plan paternalista: “¿Qué pasa si intentas salirte?”, los aconseja, sobre la base de un atrapante dueto entre la guitarra acústica de Peter Buck y la batería de Bill Berry.

“Kurt Cobain llegó a decirme que la banda que más admiraba era R.E.M., por todo lo que había logrado sin perder identidad”, comentaba el periodista David Fricke, en ese documental. Ciertamente, la banda liderada por Stipe nunca perdió su espíritu alternativo. “Nunca buscamos un sonido comercial, nos repugnaba la idea, era sinónimo de muerte”, resumía el bajista Mike Mills por esos días. Cuando estaban en la cima, gracias al éxito de “Losing my Religion”, decidieron patear el tablero y cambiar de rumbo: el potente y sonoro rock de guitarras característico de R.E.M. queda a un lado, y las canciones de Automatic for the People tienen un clima sombrío y acústico. “Las baladas, de hecho, definen al álbum”, escribió David Fricke en su reseña del disco para la revista Rolling Stone, a fines de 1992. Ciertamente, las canciones del álbum tienen un esqueleto sonoro común, construído a partir de la guitarra acústica de Peter Buck, el hammond eclesíastico de Mike Mills, los arreglos de cuerdas a cargo de John Paul Jones -de Led Zeppelin- y el pulso rítmico casi furtivo de Bill Berry. A esa sutil mezcla de folk, country y rock acústico, se suma la enigmática e inugualable voz de Michael Stipe, cargada de drama y misterio, pero muy poderosa.

En Automatic for the People no sólo hay unidad musical, también hay unidad conceptual desde la lírica. En ese sentido, Michael Stipe definió a este disco como su punto más alto como letrista. La pérdida y el duelo, los recuerdos y la nostalgia emotiva atraviesan toda la poesía del álbum. Canciones signadas por episodios dolorosos como la muerte inminente (“Try not to Breathe”, dedicada a sus abuelos), la pérdida (“Sweetness Follows”) o el abandono (“Sidewinder Sleeps Tonite”), puestas en la voz chamánica de Michael Stipe se convierten en momentos sublimes de belleza. Ahí radica principalmente la grandeza de R.E.M. como banda: en ese poder de convertir el dolor y la tristeza en algo hermoso. Se trata de un disco depresivo, pero la depresión se traduce en el conmovedor mensaje optimista que recorre al disco. Ahí R.E.M. toma distancia de sus contemporáneos The Cure, con su denso dark gótico. “Everybody Hurts” es la síntesis perfecta: el arpegio de Peter Buck hilvana esta marcha hímnica, redentora, en la que Stipe suelta frases como “No tires la toalla”, o “No estás sólo, buscá consuelo en tus amigos”.

También hay algunos matices que colorean aún más este enorme álbum. La sociedad norteamericana de ese entonces es descripta en “Ignoreland”, en uno de los pocos temas rockeros del disco. La letra plantea un feroz ataque a la administración Reagan-Bush (“1980, 1984, 1988, 1992, demasiado!”) en tiempos de la Guerra del Golfo, que sometió a la sociedad norteamericana a un profundo vaciamiento cultural: “Ignoralandia, sí, sí!”, canta Stipe. “Man on the Moon”, uno de los grandes clásicos de R.E.M. de todos los tiempos, con armonías vocales estilo beatle y slide en la guitarra de Peter Buck, surgió a partir de un homenaje al fallecido comediante norteamericano Andy Kaufman. “Nightswimming”, por su parte, con una hermosa melodía de piano improvisada por Mike Mills en el estudio, es un viaje en perspectiva hacia los comienzos de la banda, cuando el éxito y los grandes estadios estaban todavía muy lejos.

El disco lo terminaron de grabar con el productor Scott Litt en los Critera Studios de Miami, en junio de 1992, y luego volaron a la nueva Capital musical para hacer la mezcla: Seattle. Allí se produjo una de las grandes reuniones en la historia del rock norteamericano: Nirvana y R.E.M. juntos. La admiración mutua derivó rápidamente en amistad, y las dos bandas hasta se plantearon la posibilidad de un proyecto conjunto: “Iba a ser una gira increíble, las dos bandas juntas tocando en el escenario”, contó Mike Mills en una entrevista de 2003, para el documental “Seven Ages of Rock”. Nirvana venía de la explosión de Nevermind; R.E.M. del éxito de “Losing my Religion”, y tenía ya listo Automatic for the People, ¿Se imaginan lo que hubiese sido eso?//z

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