Juan Pablo Fernández: “Yo siempre sentí que tenía algo para decir”

Charlamos extensamente con Juan Pablo Fernández, cantante y guitarrista del Acorazado Potemkin. En esta primera parte están presente sus inicios en el mundo de la música, el origen de Potemkin y su gusto por el realismo sucio.

Por Martín Barraco y Joel Vargas

Fotos de Pablo Lakatos y Emilia Cappellini

“Vienen de a tres, cagones” dijo Juan Pablo Fernández cuando nos vio esperándolo en la esquina, en frente de la plaza del Congreso. Habíamos quedado en ese lugar previamente por teléfono: “conozco un bar que tiene sillas afuera, ahí podemos charlar tranquilos con unas cervezas y unos cigarrillos” (sic). Y fue así, durante dos horas hablamos de su carrera, de sus comienzos, del Acorazado Potemkin y de la Pequeña Orquesta Reincidentes, una de las grandes bandas argentinas de culto de los noventa.

Juan nos contó que empezó a tocar la viola cuando tenía 15 años y estudió guitarra en la escuela del gran Walter Malosetti, uno de los mejores guitarristas de nuestro país. “Empecé como cualquiera, escuchando los grupos que escuchaba en ese momento, siempre fui un poco vago para el estudio y siempre tuve claro que quería hacer mis cosas. Ahora que tengo 43 años creo que ha sido una limitación más que una virtud, pero fue así lo que me tocó.  De hecho no soy un instrumentista ni un sesionista, toco lo que compongo para las canciones, a veces trabajo más la melodía, otras veces trabajo más el arreglo de guitarra”. Ahora él es el capitán de un barco roquero llamado Acorazado Potemkin, sus otros tripulantes son Luciano Esaín (ex Motorama, entre otros proyectos) y Federico Ghazarossian (Me darás mil hijos, ex Don Cornelio y Los Visitantes), que también son próceres y militantes del rock independiente argentino. Juan lleva la banda compositivamente, su firma está en doce de las catorce canciones de Mugre, el aclamado álbum debut de Potemkin, una colección de pequeñas postales fantasmales. En palabras de él, ese trabajo compositivo, de letra, melodía y arreglos para la guitarra,  ahora se hace más preciso y afirma: “siempre de pibe me fascinó el rock, tocar la guitarra y  tuve la ilusión -creo que la sigo teniendo- de lo que significa tocar y compartir con los amigos. ¿Para qué se toca? Siempre me lo planteo y llego al mismo punto: ganas de tocar, de hacer música y de cantar. Siempre dentro del rock”.

AZ: ¿Lo que hace sentir vivo a un músico es juntarse con la banda, ensayar, tocar y que salgan temas, más de lo que podría ser el reconocimiento, la fama?

JPF: Si, tomando tus palabras es lo que te hace estar vivo. No es lo mismo que vivir de músico. Por supuesto uno se imagina la idea de dedicarle todos los días, todo el tiempo a lo que uno hace y tener una retribución económica por eso. Quizás haya más posibilidades y más opciones, pero siempre sentí que para tocar tenía que tener algo para decir, algo que me dé ganas de tocar y de compartir. Eso para mí es lo que mantiene vivo a un grupo: cuando está entusiasmado, compone, prepara los temas, tiene ganas de salir a tocar, ganas de ensayar. Siempre ese es el motor,  después vienen por añadidura otras cosas. Uno se va haciendo más profesional, más organizado produciendo eventos y los discos. La verdad que nunca en mi vida me esperaba el reconocimiento que tuvimos ni con los Reincidentes ni ahora con Potemkin. Uno puede tener la ilusión de irse de gira, recorrer el mundo, pero bueno… Algunas cosas lindas pasaron, no me lo imaginaba.

El Acorazado fue ternado como banda revelación del año pasado en la encuesta anual de Rolling Stone, también fue elogiado por Alfredo Rosso, y cosechó grandes críticas en diferentes medios gráficos y digitales. Sin duda fue un gran año para ellos y son una de las últimas grandes apariciones en el firmamento del rock nacional. Juan reflexionó sobre eso y dijo: “ganás o no ganás en la encuesta, pero la verdad es que uno no se imagina cómo vuelven las cosas, me siguen sorprendiendo. Uno hace las cosas para compartir pero nunca esperé nada y siempre tuve la necesidad de compartir. No soy el músico que está adentro del estudio buscando sonidos, esto se trabaja seriamente, por supuesto. Me gusta que la guitarra suene de una manera, me gusta que el grupo suene bien. Pero bueno una vez que se termina la prueba de sonido aparece algo: la magia, lo que tiene que ser.”

AZ: Esa magia de la que hablás ¿es la que sale con Luciano Esaín  y con Federico Ghazarossian?

JPF: Si, con Lulo y Fede tocamos hace casi tres años. Fede es un tipo que llenó estadios, vendió 40 mil discos, cuando empezamos a tocar yo le dije: “hay un chabón que nos quiere llevar a Córdoba, esta re entusiasmado pero no hay plata, vamos a ver qué onda”. Él dijo: “Vamos, vamos, vamos”, fue así. Cuando eso está después lo demás viene, en algún momento vendrán unos pesos. Siempre creí que el respeto y el cariño uno se lo tenía que ganar en cada canción, en cada show. No soy de la idea de que el artista es alguien de la nobleza, un aristócrata. El artista rinde examen todo el día, todo el tiempo en cada canción, en cada letra y en cada disco. Me parece bien que sea así, uno no tiene títulos de nobleza, no tiene pergaminos ganados, te pueden quedar para vos algunos orgullos de unas cosas pero vos tenés que ir y te la tenés que jugar en cada canción y en cada disco. Y te pueden bajar la caña en cada disco. Está bien, es así.

AZ: El Acorazado tiene esos pergaminos de los que hablas, un recorrido enorme y se encuentran empezando de cero. ¿Cómo es el bajar y retroceder unos casilleros para volver a recorrerlos?

JPF: Después de la separación de Pequeña Orquesta, para mí no era bajar sino subir de vuelta, arrancar otra vez. Fue muy triste la separación de la Pequeña Orquesta, me parecía que era lo que había que hacer. Lo tomé como algo positivo, como un punto de partida de otra cosa. Estuve muy triste, me rompí la mano, estuve como dos meses sin tocar, sin trabajar, sin hacer nada. La cabeza iba bastante rápido. Después empecé a componer, obligado también a ejercitar el dedo, y un día Fede me dijo en un cumpleaños de un amigo porqué no nos juntamos a hacer algo. Le conté que tenía unos temas: “mirá, son medio punks” (risas). El estaba tocando tango y seguía con Me Darás Mil Hijos y yo venía de la Pequeña Orquesta con un laburo mucho más elaborado desde el sonido grupal, desde lo coral y esto era más roquero. Estaba escuchando tríos: Beastie Boys, Morphine, Fun Lovin Criminals, Manal, Invisible. Tenía ganas de hacer un trió y yo componer, le mostré las cosas y arrancamos. En Febrero del año siguiente le dijimos a Lulo, yo a él lo había conocido en un jardín de Infantes, porque llevamos a nuestro chicos ahí. Para el día de la música, todos los papás músicos participamos en un acto del día de la música. Nosotros tocamos uno de Los Saicos: “Demoler, demoler” (risas).

AZ: ¿Cómo quedaron los chicos después?

JPF: Divinos, los pibes son unos atorrantes. Tocamos todos vestidos con pelucas, éramos como un grupo punk para niños. Tocamos algo más para niños como el tema  “Los muertos” y otros más. Incluido el sapo Pepe.

AZ: ¿Versión Punk?

JPF: No, esa fiel, fiel (risas). Entonces dije “tengo que tocar con este pibe”, pasó un tiempo y empezamos a tocar. Pasó algo muy lindo, arrancamos los tres y se prendió un fuego grande que tirás cualquier cosa y prende. Era llevar temas, temas y temas. Además yo no quería salir a tocar con las cosas a medias, yo quería tocar una hora con un repertorio de quince temas. Para poder tocar solos. Eso es la edad, la experiencia en el proyecto, yo no quería salir con algo masomenos, quería salir armado. Salimos a tocar a Córdoba, Rosario y Buenos Aires. Lo mismo que hicimos ahora para la presentación del disco, y nos dio mucha energía. Después pasó algo en la interpretación de las canciones, fueron creciendo y me parece que llegamos bastante maduros al disco y lo grabamos a principio del 2011. Todo ese año fue recorrer el disco, presentarlo, terminarlo, esas cosas.

AZ: Ya desde “Algo”, primer track de Mugre, la letra te indica el concepto de la canción: “algo que salió mal la primera vez”.

JPF: Como todo, hay mucha gente que ha preguntado si eso tiene que ver con la Pequeña Orquesta. Pero después de los cuarenta hay muchas cosas que han salido mal. Me encantó encontrarme con la  forma que tenía de componer a los 16, 17 años, que era yo con la guitarra y nada más. Siempre me pareció que tenía que hablar de lo que me estaba pasando. Como padre, como tipo grande, no que estás de vuelta, pero sí estás en una. Tenés que hablar de lo que te pasa, no me iba a hacer el pendejo porque tocábamos punk rock otra vez. Yo me siento más auténtico si subo al escenario a cantar algo de lo que me está pasando, es otra forma que uno tiene de hacerse fuerte al cantar: transfiriendo, mostrando para a la gente. Yo siempre sentí que tenía algo para decir y sí hay varias frases del disco que hacen alusión a cosas que nos han pasado.

AZ: Las letras son muy vivas, se nota hasta en la manera en que las interpretás, eso ya es un leit motiv tuyo. Tenés como algo muy teatral,  ¿cuánto teatro hay en sentido de oficio y de catarsis?

JPF: Puede ser que estén las dos cosas, pero en general a la teatralidad es algo a lo que le escapo muchísimo en el rock,  en la música. No me gusta como contexto, trato de evitar todo subrayado, pero sí me hago cargo de cuando algo tiene que arañarte un poco, te tiene que arañar. Pero no es una búsqueda de un efecto ni de un dramatismo. Muchas veces me pasa que la banda está tan alta que me gusta jugar con la voz más baja para ir por contraste, al contrario subrayar eso que la banda está proponiendo como pasa en “Los Muertos” y en “La carbonera” por ejemplo. Cuando tengo que decir algo de una manera, lo digo.

AZ: Ya que mencionaste a “Los Muertos”,  hay una poesía de Bukowski que se llama “Todo” y dice: Los muertos no necesitan / aspirina o / tristeza / supongo, pero quizás necesitan / lluvia, / zapatos no /  pero un lugar donde / caminar, / cigarrillos no, / nos dicen, pero un lugar/ arder. / O nos dicen: / Espacio y un lugar para / volar, / da / igual. / Los muertos no me / necesitan. / Ni los / vivos. / Pero quizás los muertos se necesitan / unos a / otros. / En realidad, quizás necesitan / todos los que nosotros / necesitamos / y / necesitamos tanto. / Si sólo supiéramos / qué / es. / Probablemente / es / todo / y probablemente / todos nosotros moriremos / tratando de / conseguirlo  / o moriremos / porque no / lo / conseguimos. / Espero que /  cuando yo esté muerto / comprendás / que conseguí / tanto / como / pude.

JPF: Hermoso.

AZ: Se puede percibir una gran conexión entre esta poesía y la canción “Los Muertos”. No sé si la conocías…

JPF: No la conocía, me hubiera gustado usarla, tenerla de homenaje. Bukowski fue una influencia muy grande para mi, toda mi vida. Pero no había leído eso, leí los cuentos, algunos poemas. Me gustan más los cuentos que los poemas. Pero es lindísimo eso, capaz lo leí  en en el noventa y pico.

AZ: Como algo inconsciente, ¿no?

JPF: Yo lo leía en el 91, 92, 93 y me quedó, o capaz lo nombro. Carver hace eso por ejemplo, en los poemas pone cosas  que después van a los cuentos. Capaz lo metió después en algún cuento y yo lo saque de ahí. Bukowski está siempre para mi, fue muy importante, a mi me encantaba, me sigue gustando mucho, me parece que no es ningún boludo y tiene muy buen gusto, a pesar de las barrabasadas que escribe. Sabe quién escribe mal y me encantaba cuando envidiaba a Camus por ejemplo. Siempre me pareció eso: un tipo en su fango, o en la idea que él nos transmite de lo que es su fango, nunca dejaba de perder de vista en el horizonte quién escribe bien. Eso me parece que es fundamental. Barenboim dice: “pobre del músico que anda solo por la vida con su talento a cuesta”, un poco por eso te decía al principio que quizá me hubiera venido bien trabajar más la interpretación de otras cosas cuando era pibe. Pero eso te obliga a ser consecuente con uno, a tratar de correr el límite de lo que vos podés dar. Siempre tatar de dar un poco pero tenés que ser consciente de que es limitado a lo que sos vos. Por eso las referencias de afuera ayudan a que uno siga mirando para adelante y no quedarse con lo que uno cree que está haciendo bien.

 

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