Juan Atkins, “El creador”: apuntes de la historia de una revolución

El próximo 4 de enero, Juan Atkins, uno de los pilares fundamentales del Detroit Techno se hará presente en la discoteca porteña Barhein (Lavalle 345) en el marco del ciclo Beautiful Techno. Acompañará en la cabina Diego Cid, figura ineludible de la escena electrónica en  Argentina.

Por Alan Ojeda 

Un hombre puede cambiar la historia, en este caso de la música y, por qué no, de todo el imaginario de una generación. Juan Atkins es “The Creator”, el pilar fundamental del soundtrack del siglo XXI. Primero el hombre viajó a la luna, pero la ciencia ficción no tuvo su banda sonora definitiva hasta el origen de lo que hoy llamamos Detroit Techno.

Juan nace en 1962, en Detroit, en el seno de una familia de clase media. Por ese entonces la ciudad no es lo que hoy conocemos, aunque aún se respira ese aire pesado de industria, la gente tiene trabajo y Motown Records domina el ambiente musical con su R&B y su swing. Industria, gran nivel de población afroamericana y un paisaje atípico. En ese ambiente se cría y crece. Poco a poco las políticas estatales y la crisis económica comienzan a transformar “Motor City” en un escenario distópico post-industrial. A la vez que él transita su adolescencia, la decadencia aumenta. Cada vez más habitantes emigran a diferentes lugares escapando de las ruinas y el trabajo comienza a escasear, incluso para la población reducida que aun trata de sobrevivir y no abandonar sus raíces.

Ya adolescente cursa sus estudios en Bellaville High School, donde conoce a quienes serán luego sus dos compañeros de ruta y pilares de una nueva religión musical: el histriónico Derrick May y el tranquilo Kevin Saunderson.

Corre el año 1981 y antes de cumplir los veinte años, Juan ya está encaminado en lo que será su destino musical. Forma el dúo Cybotron con un ex veterano de Vietnam fanático de los sintetizadores, Rick Davis y lanzan juntos lo que sería el primer paso en la ruta hacia los sonidos del futuro: Alleys of your mind.

El sencillo, editado por Deep Space, logra vender 15 mil copias solo en Detroit. Bajo el mismo seudónimo también lanzan producciones como Cosmic Cars y Techno City, track que terminaría por definir el nombre de todo el género.

Un aire raro y burbujeante comienza a sentirse en el underground musical. No es la psicodelia de los años sesenta, ni setenta, pero tiene un extraño sabor a música afro y a ciencia ficción. Será por eso que May lo definirá como si George Clinton y Kraftwerk se encontraran en un ascensor. ¿Electro-funk? ¿afrocyberpunk? A nadie le importa. En la decadencia de lo que alguna vez fue la gloria industrial de Estados Unidos, una belleza con canto alienígena se va gestando de forma subterránea.

Ayudando a la gesta, desde la sombras a través del dial de la radio un conductor y locutor The Electrifying Mojo comienza a hacer lo que ninguno hasta el momento: darle espacio a estas nuevas producciones en su programa. Siempre a la vanguardia, se encargó de difundir a los artistas más nuevos y experimentales como Kraftwerk, New Order y Afrika Bambaataa. En sus sesiones también hace espacio para los nuevos sonidos de la ciudad de Detroit como Cybotron y luego el sello de Kevin Saundersson, Inner City. Su programa sería también responsable de la aparición en escena de uno de los hijos de la segunda camada, “The Wizard”, mejor conocido como Jeff Mills.

Para el año 1985 el dúo Cybotron ya se encuentra disuelto. Juan cambia su seudónimo a Model500 y funda el sello Metroplex, vigente hasta hoy en día,  para poder editar sus propios sencillos. Sale al mercado No UFO’s, un track sumamente rítmico con un sonido funk muy marcado y con un estilo mucho más definido para la pista de baile que sus producciones anteriores.

El techno ha nacido y Juan Atkins ha realizado su trabajo. Para mediados de los ochenta tanto May como Saunderson comienzan a trabajar con el primer impulso dándole forma a lo que hoy conocemos como “La primera ola de Detroit”. En 1986 Derrick May comienza trabajar con Juan en un proyecto que significará seis meses de trabajo y dará como resultado Let’s go, que sale editado bajo el nombre X-ray. Kevin, luego de observar el proceso de producción, decide comenzar su propio proyecto.

Un año más tarde, May edita bajo el seudónimo Rythim is Rythim el sencillo que se transformará en uno de los himnos de la generación, demostrando la sofisticación de la que era capaz el Detroit Techno: Strings of Life.

El sonido es nuevo, fresco y refinado. Con una base rítmica pegadiza, teclado y cuerdas, Strings of Life parece un vals electrónico acelerado. Un nuevo héroe había nacido: Derrick May, “The Innovator”.

El track hace furor en las pistas de todo el mundo. El género que Atkins había inaugurado arribó exitosamente a Inglaterra. Por esos años se estaban gestando las últimas fases de “El segundo verano del amor”. Será Kevin Saunderson el responsable de llevar esta cresta a su punto culmine.

En 1988 sale al mercado Good life de Kevin,con el seudónimo Inner city. Bajo ese nombre también se encuentra Shanna Jackson, la cantante responsable de las partes cantadas del track. La producción es un éxito. La gente delira en las pistas cada vez que el tema hace su aparición.

La voz de Shanna vuelve al techno más amistoso a los oídos nuevos oyentes aun desconfiados. La escena despega, el nuevo sonido conquista el mundo y el tercer héroe de esta santísima trinidad gana su apodo: Kevin Saunderson, “The elevator”.

Como no podía ser de otra manera, Detroit inaugura la iglesia de su nueva religión. Desde 1988 hasta 1989 hace su aparición en la escena de “Techno city”, el Music Institute, un club de baile dedicado pura y exclusivamente a la música dance. Ubicado en la 1315 de la calle Brodway, en una fábrica y con una decoración minimalista –una luz estroboscópica y un potente soundsystem-, la discoteca no vende alcohol ni se consume drogas en su interior. En cambio se ofrecen “Smart drinks”: bebidas compuestas por jugos con vitaminas y aminoácidos para las largas noches de baile. Calientan la pista tanto los pioneros como los Djs más jóvenes de la segunda generación como el colectivo Underground Resistance.

Lamentablemente para 1989 la violencia en la ciudad, la paranoia del SIDA y las drogas obligan al Music Institute a cerrar sus puertas.

Así es como un hombre encarna el espíritu de una generación y abre las puertas a una revolución musical que hoy en día se ha diversificado y expandido por todo el mundo. Como diría Steve Coogan al interpretar a Tony Wilson en 24 hour party, él es el responsable de que “incluso el hombre blanco baile”.

La revolución del sonido, la revolución del cuerpo. Un lugar olvidado y marginado por el mundo intelectual ha nacido. El Dj es el médium entre la música y los bailarines que buscan entregarse a los placeres de este viaje sónico.

Un sonido, una nueva religión sin idioma, vibrando a una velocidad que hace mover los cimientos del dogmático y del mundo. Un nombre será recordado siempre como el responsable: Juan Atkins.

Arecia_Octubre

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