La manzana de la tentación

El lanzamiento en Argentina del nuevo modelo de iPhone pone de manifiesto no solo la necesidad de poseer lo último en tecnología sino la obsesión de marcar diferencias dentro de un grupo de pertenencia. ¿Se es mejor persona por tener productos Apple?

Por Noah Cicero

Queridos argentinos, están ingresando a una nueva era de neoliberalismo, una era de paz y posmodernidad donde todo significa nada a menos que se le dé un sentido. Felicitaciones, han recibido el gran regalo de Estados Unidos al mundo: el iPhone 7.

Hace tres semanas obtuve mi propio iPhone 7. Es hermoso. Incluso le compré una funda LifeProof, la más cara de todas. Pero en Estados Unidos, lo caro no es el teléfono celular sino la empresa de telefonía, que puede ser Verizon, Sprint o AT&T. Mi plan de telefonía es Sprint y no Verizon, que es el más costoso. Es una suerte de engaño: tengo el teléfono celular más caro pero no el plan más caro.

En Estados Unidos el 40 por ciento de los usuarios tiene un iPhone, pero sólo un pequeño porcentaje tiene el 7, porque todos compran el modelo anterior a un precio más bajo. Muchos de mis amigos ni siquiera tienen iPhone. Tienen LG o Samsung.

Pero esa no es la cuestión. La cuestión es por qué la gente tiene la necesidad de que un determinado producto defina su lugar en un grupo social. Es una pregunta para la sociología: ¿Cómo nos definimos dentro de nuestro propio grupo de pertenencia?

Hace 230 años, cuando Estados Unidos firmó su constitución en 1787, lo hizo en un intento de hacer que todos sean iguales, pero ya sabemos que eso no ocurrió. Sin embargo, había un número de personas que sabían que de esa forma se erradicarían viejas tradiciones en favor de esa igualdad -no igualdad económica, sino ante la ley- aunque se tardase cientos de años. The Framers, o los redactores de la Constitución como se los conoce, agregaron una clausula en la sección 9 del artículo primero: “8: Los Estados Unidos no otorgará ningún título de nobleza”. En términos históricos, se trata de una gran innovación en todo lo referido a redacción de constituciones.

Hasta ese momento, la humanidad dependía de los títulos nobiliarios para el control y la distribución de la riqueza y el poder. Tal cosa ocurrió tanto en Europa y Oriente Medio hasta la India y Asia; incluso los mayas y los incas -de hecho, inca es un título de nobleza. Por alguna razón, nuestra especie creyó de utilidad el repartirse títulos y roles sociales. El tener un título contribuía a un mundo con menos inquietud. Antes de la era del capitalismo y la ciencia, ya tenían instantáneamente definido su rol en la sociedad.

Cuando digo “instantáneamente definido”, me refiero a que cuando dos personas se encontraban o estaban en un mismo lugar, ya sabían cómo tratarse entre sí de acuerdo a su título social. Si eras un duque, debían tratarte de determinada manera. Si eras granjero, herrero o un siervo o esclavo, debían tratarte de otra. En la India, había un sistema de castas perfectamente definido, y cada casta definía cómo tratar al otro y cómo ser tratado. Estos matices se profundizaban: si eras un sacerdote pero tu padre era banquero, no ibas a recibir el mismo trato o cumplir el mismo rol social que un sacerdote hijo de un granjero.

Estos títulos cumplían una función social específica, lo que evitaba inquietudes. Todos vivían de acuerdo a su rol en la sociedad en vez de preocuparse por sus sentimientos. Ciertamente hubo gente obstinada, no eran robots. Había gente como nosotros ahora. Piénsenlo así: Pedro Abelardo (1079-1142) fue la única persona de la que tenga conocimiento que escribió una autobiografía en la época medieval. No estoy seguro si alguien en Asia u Oriente Medio lo hizo, pero nadie hizo una autobiografía en Europa desde la caída de Roma. No lo hacían porque no eran tan conscientes de sí mismos como lo somos nosotros ahora. No estaban abrumados por sus propios pensamientos o ansiedades, sino que se ocupaba de cumplir ese rol que se les asignó desde que nacieron.

Desde la abolición de los títulos de nobleza en el territorio de los Estados Unidos, esa noción de cómo comportarse desapareció de la realidad de sus ciudadanos. Ante la pregunta de cómo tratarse el uno al otro, se decidió por la raza. Si eras negro, nativo-americano, irlandés o mujer, debías comportarte de tal forma y tener sólo ciertas posesiones, pero si eras inglés o alemán entonces tenías derecho a casi todo y a hacer lo que quisieras, excepto ser gay o transexual, o casarte con alguien de otra raza. La raza, la religión y el género se convirtieron en los nuevos títulos de nobleza.

Pero incluso ante el desgaste de ese paradigma social, al ser más iguales, menos sabemos cómo comportarnos, lo que genera mayor inquietud y frustración. Nadie sabe quién es quién, ya no hay títulos ni podemos depender del racismo o la misoginia para definirnos. Y eso es a lo que se aferra la gente mayor cuando vota a Trump o a Le Pen, para ponerle un fin a este mundo de indefinición social. Porque toda definición tiene un sentido, y si no hay definiciones entonces no hay sentido al que aferrarse.

Ahora las definiciones las impone el marketing: nos hacemos punkrockers, skaters, veganos, militantes o activistas sociales, rednecks [NdT: término utilizado para describir a personas conservadores de escasos recursos], cannábicos. Nos hacemos de derecha o feministas. Y cuando ya elegimos cómo definirnos empezamos a comprar productos publicitados específicamente para nosotros. Salimos con gente como nosotros, vamos a los locales y comemos en restaurantes que tienen los productos que elegimos. Y desde que la tecnología y la moda se han vuelto tan baratas (gracias a la mano de obra de países tercermundistas), incluso los pobres pueden ser hipsters, y como los ricos no tienen que vestirse de una determinada manera, pueden vestirse de forma normal como cualquier persona. Uno puede identificar a una persona rica por su ropa o accesorios, pero ya no están ataviados en pomposos vestidos y con pelucas, ni van a Starbucks en un carruaje.

Obtenemos los trabajos que se ajustan a nuestra definición. Los artistas se hacen maestros y viven toda su vida en el mundo académico. Aquellos que se definen como laburantes se convierten en abogados, doctores, comerciantes y trabajan sin fin para ganarse ese título. Los rednecks y los mexicanos machistas trabajan en la construcción, conducen sus camionetas y cada uno viste el tipo de ropa que debe usar. La gente negra que vive en la ciudad viste de una forma y la gente blanca viste de otra, y después están los STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemática, por sus siglas en inglés). Todos ellos tienen un rol social y un código de vestimenta. Sí, todos usamos ropa diferente, pero es una mínima diferencia si la comparamos con la vestimenta colonial o los vestidos franceses del siglo XVII.

Pero volvamos al iPhone 7. Generalmente, lo utilizan personas que creen -o que quieren que otros crean que creen- en la visión de Steve Jobs y en su inteligencia. Que los que usan iPhone son gente inteligente o visionaria, que tienen algo para contar. Estos productos que están a la venta nos dan un significado, nos dan un título de nobleza, una verdad social.

Desconozco si estas formas de títulos nobiliarios son buenas, porque los viejos títulos de nobleza tampoco parecían gran cosa. Pero lo que sí sé -y estoy seguro- es que tengo que vivir mi vida en este mundo que creamos para nosotros mismos, que sostenemos cada día al despertarnos y que debemos cumplir con nuestro rol social tal como lo hicieron nuestros antepasados. Lo que creo, sin embargo, y sin estar tan seguro, es que ser consciente de estas nuevas formas puede ayudar a soltar un poco las riendas. No hace falta autoexigirse tanto para ser el mejor vegano, el más redneck o el más laburante. La perfección es una cárcel, y exigirle perfección a otros y a uno mismo no conduce a nada. Solo genera ira y frustración.//∆z

Dear Argentina, you are entering neoliberalism, an era of peace, a postmodern time, where everything means nothing, unless you give it meaning. Gratulations, you will get America’s great gift to the world.

Three weeks ago I got an iPhone 7, it is beautiful, I even put a LifeProof case on it, the most expensive case. But in America, it isn’t the phone that makes things expensive, it is if your provider is Verizon, Sprint or AT&T. My phone plan is Sprint and not Verizon, Verizon is the most expensive phone plan. I am kind of cheating with Sprint, I have the most expensive phone, but not the most expensive phone plan.

In America, about 40% of all smartphone users have iPhones, but only a small percentage of that have iPhone 7s, a lot of people get last year’s iPhone for a cheaper price. Most of my friends don’t even have iPhones, they have LGs and Samsungs.

But that isn’t the question, the question is, “Why do people feel the need to have special products that define them in their social circle?” This is a question of sociology, how do we define ourselves instantly in the group?

When America wrote their U.S. Constitution in 1787, 230 years ago, it was an attempt to make people equal, not at that moment, it did not make people equal, we know that. But I think, there were a few people that knew it would erode the old traditions until the world became a more equal place, not equal financially, just equal before the law, even if it took hundreds of years. The Framers, the writers of the Constitution, as we call them wrote a Clause into the Constitution, in Article 1, Section 9, it says “8: No Title of Nobility shall be granted by the United States” In terms of constitutions, in the history of humanity, this was a major innovation. Up till that point, humanity had almost completely relied of Titles of Nobility to control and distribute wealth and power. From Europe to the Middle-East to India to Asia to even the Mayans and Incas (The word Inca is actually a Noble Title.) For some reason, our species found it useful to give each other titles and social roles. Having Titles of Nobility created a world with less anxiety, everyone before the age of Capitalism and Science, had instantaneous defined roles.

What I mean by “instantaneous defined roles” is this: when one person encountered another person, when two or more people shared a space, everyone instantly knew how to treat the other person based off their social title, if you were Duke, you had to be treated a certain way, if you were a farmer or blacksmith, if you were a serf or slave, you got certain treatment. In India, it was very obvious, they had a clearly defined caste system, each caste defining how you could treat people and how they could treat you. These nuances get deeper and deeper too, if you were a priest but the son of a rich banker, or if you were a priest and the son of a farmer, you might have very different socials roles to play.

These social titles had very specific social roles to play, which allowed for less anxiety. Everyone lived out social roles, instead of being interested in ‘authentic feelings.’ Now, people weren’t robots, there were for sure stubborn people, people that liked pork more than chicken, people that liked music and people that loved sports, etc. They were people just like us. Think about like this, Peter Abelard (1079 to 1142) was the only person I know of, who wrote a confessional autobiography during medieval times (I’m not sure if any Asians did or Middle-Easterners did, I’ve never heard of any) but in Europe, no one wrote autobiographies after rome fell. They didn’t write them, because they weren’t consumed with themselves, the way we are. They weren’t dwelling on their inner thoughts and anxieties, they were more concerned with living up to the social roles provided them at birth.

After Title of Nobility was outlawed on the land of the United State of America, an instantaneous way of knowing how to behave disappeared from reality for Americans. The question became, “How do we know how to behave?” Instead of Titles of Nobility, they decided on race, if you are black you must behave this way and only get these things, if you are Irish you must behave this way and only get these things, if you are Native-American you must behave this way and only get these things, if you are a woman you must behave this way and only get these things, and if you are a British/German man you are entitled to all things and can do whatever you want (except for be gay/transgendered or marry one of the other races.) Race, religion, and gender became de facto Titles of Nobility.

But even this new social paradigm started to erode, the more equal we become, the less we know how to behave, which increases anxiety and frustration. No one knows who anyone is anymore, we have no Titles of Nobility, and we cannot rely on racism and misogyny anymore to define each other. And that is what the older people are clinging too, when they vote for Trump or Le Pen, to put a stop to the new world of no social definitions. We have to acknowledge though, this new world also has lost a lot of meaning. Because every definition has a meaning, and if there are no definitions, there are no meanings to hold onto.

We resort to marketing classifications, we become punkrock, skaters, vegans, social justice warriors, rednecks, potheads, we become Republican or Liberal, we become Alt-Right, we become Feminist. Then after we choose our marketing distinction, we start to buy products that are marketed to us specifically, we shop at stores and go to restaurants that elaborate on our distinctive brand we’ve chosen. We date people from our brand, and since technology and clothes have become so cheap from third world labor, even the poor can become hipsters, since the wealthy don’t have to wear a defined set of outfits, they have become to dress in basic styles and pretty much normal in public. Yes, you can identify a wealthy person, somewhat by their clothes or purse, but they aren’t dressed in giant intricately involved dresses with fantastic wigs, they aren’t going to Starbucks on palanquins.

We get jobs that suit our brands, artsy people work as teachers, they stay in academia for their entire lives. People who define themselves as hardworking and basic, they become lawyers, doctors, business owners, working endlessly to prove they are hardworking. Rednecks and machismo Mexicans work construction jobs, driving pickup trucks, each with a very specific outfit to wear. Black people who live in cities have a certain outfit and educated black people have a certain outfit. And then there are STEM (Science, Technology, Engineering, Math) people. They all have their outfits and social codes too. Yes, we all have different shirts on, but the standard deviation is pretty small in relation to Native-Peruvian or 17th Century French outfits.

But back to the iPhone 7, the iPhone 7 is usually owned by a person that believes or wants other people to believe that they believe Steve Jobs had a vision, that Steve Jobs was intelligent, that iPhones are owned by smart people who have vision, maybe even a story to tell.

These objects that are for sell, give us meaning, they provide a Title of Nobility, a small social truth.

I don’t know if these new forms of Titles of Nobility are good, because the old Titles of Nobility didn’t seem amazing either. But I do know, for sure, that I have to live my life in this new world we have created for ourselves, and we maintain it everyday when we wake up, and play out these social roles, just like our ancestors did. What I think I do know, even though, I’m not sure I know, is that being conscious of these new forms, can help ‘let go’ a little bit, we don’t need to exert so much pressure on ourselves to be the perfect vegan or the perfect redneck or the perfect hardworker, perfection is a prison, demanding perfection from others and from yourself, will lead to nothing, but frustration and anger.//∆z

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