Gabo Ferro: “Quiero demostrar que existe una literatura de la canción”

Hablamos con Gabo Ferro sobre su nuevo disco, Su reflejo es el lobo del hombre, que propone una dimensión individual, colectiva y también literaria.

Por Carlos Noro
Fotos por Chechu Dalla Cia

En Su reflejo es el lobo del hombre, su nuevo disco solista, Gabo Ferro toma la frase de Plauto “Lobo es el hombre para el hombre” (en latín lupus est homo homini) retomada en la modernidad por Hobbes para concluir “el hombre es enemigo de sí mismo” y le da un nuevo sentido: “En nuestra propia historia presente, el enemigo de la humanidad no sería ya sólo ella misma sino también su reflejo, su virtualidad entendida como carnalidad, como la realidad. La carne tiene historia, puede comprometerse, el reflejo no. El reflejo tiene historial o stories de 24 horas, más que suficiente para él, pero no para los sujetos históricos” dice en el texto que acompaña a la presentación del albúm y abre el juego a nuevos sentidos. “El nuevo Narciso logró hacer durar más tiempo su reflejo y lo podría pagar, nuevamente, con su propia humanidad, con su cuerpo real, en definitiva, con su historia” en una producción que propone una dimensión individual, colectiva y también literaria.

AZ: Planteás que este es un disco que “celebra la literatura de la canción” ¿Qué significa esto para vos?

Gabo Ferro: Es un disco que está demeado en casete, específicamente en una portaestudio. Fue todo un proceso de búsqueda y de armado de las canciones en el que me di cuenta que todos los arreglos iban por un lado en la búsqueda de un audio clásico y por el otro se encausaban hacia la voz. Cuando escuchás las intervenciones de voz, te encontrás que son recontra complejas principalmente porque donde hubo un arreglo rítmico y de percusión instantáneamente fue hacia la voz. Lo mismo pasó con los arreglos para un solo de guitarra o de cuerda. La idea fue desde el principio potenciar las canciones principalmente porque una de las cosas que recrimino de la canción es que se saltó el siglo XX. Pasaron del siglo XIX al XXI y todavía los que hacen canciones no entendieron que la palabra dolor debería sonar como el dolor mismo. No se debería cantar un concepto con esa fuerza, bellamente y de manera afinada. El dolor tiene otra forma. Entonces me pareció que este disco tenía que pasar por el decir y seguir esta línea. De hecho empieza con letra y termina con letra. No hay momentos donde la música se quede sola. Es un disco donde todo el tiempo estoy cantando y diciendo sin parar. En definitiva la intención fue que la palabra fuera una unidad y ocupara el lugar el disco, de un disco que supuestamente es música, lo cual en teoría implica la exclusión de la literatura. Casualmente quería el gesto contrario, que hubiera una saturación de literatura. No quería que hubiera música más allá de lo que la voz pudiera hacer. Ese es mi gesto con este disco. Incluso estuve tentado de hacer un disco cien por ciento vocal porque soy de los que piensan que todo instrumento es ortopedia, que lo único que existe es la voz de la persona. Luego desistí porque entre otras cosas, no tengo las condiciones técnicas para hacerlo.

AZ: Hay una especie de canon que espera que la literatura genere otros tipos de textos ¿Qué es entonces para vos esta literatura?

GF: Cuando hablo de la literatura hablo de la letra de la canción. A mí me gusta poner en valor la letra de la canción en sí misma porque cuando se habla de un disco nadie piensa en literatura y la música necesariamente conlleva a la literatura e interactúa con ella. Yo tengo la pretensión de demostrar que existe una literatura de la canción que es tan importante como le música, el ritmo y la melodía en un tema. Por eso me inscribo en la tradición de los que intentan escribir la mejor letra de canción que pueda, porque en mi caso si no tengo letra, no tengo canción. La cuestión es clara, lo que estoy diciendo, acompaña la melodía y el ritmo de lo que voy a decir  y eso le suma o le resta a lo que yo digo.

AZ: Eso convierte a la canción es una trama textual en el que hay que consensuar varios elementos de manera compleja ¿Es ese tu objetivo al momento de escribir y componer?

GF: Ese es un norte. Si eso no sucede no hay canción, porque la canción como género está conformada por un nodo muy complejo. Puede en apariencia ser fácil, pero si lo ejerce una persona que sepa de esta peligrosidad y de esta complejidad que implica ese proceso, nunca te va a decir de manera simple o canchera yo hago canciones. La canción no se mide por la cantidad de acordes, no se mide por lo que digas, hay algo que la define como tal. Hay algo que tiene como potestad que la hace canción, que tiene que ver con su literatura y esa unidad entre letra y música. Por eso lograr que sea eficaz, que te conmueva y que por ejemplo la puedas cantar en un colectivo es muy difícil. Eso es increíble, porque una canción con estas características la podés cantar, sos tu propio reproductor y eso es muy loco. Esas son las canciones que busco. Además creo que la canción tiene que ser puesta en valor y a la altura de los grandes temas porque además, las canciones hablan sobre problemáticas que nos atraviesan a todos. Esa es una de sus grandes características.

En esta búsqueda de crear canciones que necesariamente sean literatura, las once canciones de Su reflejo es el lobo del hombre se construyen como una especie de relato en el que Gabo se encarga de afirmar que el “orden de los temas es parte de una narración”. Lo concreto es que el disco apuesta a reflexionar no solamente sobre una dimensión individual sino que también se sitúa en una dimensión histórica que busca problematizar aspectos concretos y complejos de la sociedad contemporánea. “Gustar o agradar no es mí mayor intención”, cuenta Gabo cuando le preguntamos sobre cómo sitúa sus canciones en función de la posible reacción de los que escuchan. “Mi objetivo es que pase algo” afirma para luego dar cuenta de esta dimensión individual y a la vez histórica que tiene formato de canción. “Esta cuestión de hacer algo bueno con las miserias a nivel musical solo la canción puede hacerlo”, dando la pauta de unos de los objetivos de esta nueva obra.

AZ: En el disco hay una pregunta por cierta dimensión histórica ¿Cómo fuiste construyendo este punto de vista?

GF: El objetivo fue plasmar en este universo histórico y contemporáneo de frontera y confusión, en definitiva once momentos en los que pretendo mostrar el encuentro de lo histórico y lo digital. La idea fue la de intentar dar cuenta de lo que pasa con viejas cuestiones que nos constituyeron como cultura y como personas, como por ejemplo la idea de ausencia, la idea de muerte, la idea de la afectividad y de nuestras relaciones; en una escenario donde lo digital nos atraviesa cotidianamente y poderosamente. A partir de ahí empecé a preguntarme qué pasa con eso que nos constituyó como humanidad en tiempo de digitalia donde las afectividades pasan por plataformas.

AZ: ¿Hay una especie de crítica a lo digital desde el punto de vista histórico?

GF: Este no es un disco que propone la muerte de lo digital. Es un disco que busca preguntarse qué puede hacer una persona que cree saber que las cosas van por otro lado, cuando las afectividades digitales se convierten en la normalidad. Lo digital es parte de nuestra vida, pero el asunto es cuando la salida normativa es solamente es esa. La pregunta es qué nos pasa con esto, qué pasa cuando alguien muere y en su perfil siguen apareciendo fotos que no conocías como si estuviera viva. ¿Es esa persona que vos conocías? ¿Cómo procesamos eso?

AZ: En el título del disco aparece la idea de reflejo algo que tranquilamente puede parafrasear la construcción virtual que cada uno puede realizar en el mundo digital ¿Qué significa para vos?

GF: La idea fue retomar la vieja frase de Plauto que cuando la retoma Hobbes, la reformula desde un lugar donde el hombre se vuelve a poner en el centro. Es esa idea de que el hombre va a matar al hombre mismo. En este tiempo que vivimos el reflejo es quien se está comiendo al hombre sujeto histórico. Esto pasa hoy donde las comunicaciones, las afectividades y la mayor parte de lo que hacemos están mediadas por plataformas o soportes digitales. Cuando uno se resiste, uno quiere seguir poniendo carne, quiere seguir poniendo el cuerpo, que le tome el tiempo orgánico hace ciertas cosas porque en ese transcurrir hay algo que te hace mejor persona, termina negando todo la anterior. No quiere vivir en ese reflejo. Entonces ya ni siquiera el hombre es el lobo del hombre. El reflejo es el lobo del hombre como este Narciso al que se lo traga su propio reflejo y que lo ahoga. Por eso me parecía que había que modificar pretenciosamente esta frase histórica para sacudir a través de un disco, una canción, de lo que se pueda.

AZ: En función de esta idea de seguir poniendo el cuerpo no parece casual que hayas decidido estar vos en la tapa…

GF: Soy alguien que está adelante frente a algo que emite luz. Dice paremos, miren que es luz, es un reflejo, no es un cuerpo. La idea fue elegir una vestimenta, que fuera histórica y que fuera un bien simbólico. Por eso la capa roja de caperucita roja en un cuerpo de hombre. Es una prenda que atraviesa muchos tiempos históricos en esta idea de ponerse la capa, de cubrirse, de vestir el cuerpo desnudo. Luego aparece la idea de cuerpo con un objetivo de hacerlo visible. Lo que hay que mostrar es esto, las costillas, es un lobo, es el lobo que en lugar de comerse a caperucita, se draggea de caperucita, le toma la capa y se la pone. Hay una cuestión muy importante detrás de todo esto principalmente porque como varón tengo la potestad de poner eso y que no me lo censuren. Para decirlo vulgarmente puedo poner una foto mía en tetas y no pasa nada. Si una mujer lo hace la censuran y si es alguien transgénero más. A eso voy cuando celebro que un disco sirva para agradar y sirva para generar un debate. Todos los discos tuvieron esa intención.

AZ: En función de lo que decís parece haber una pregunta sobre lo que sucede hoy con ese reflejo en la era digital ¿De alguna manera pensás esto como una gran pregunta retórica que cada quien podría responderse?

GF: No me interesa dejar cosas en claro. Me interesa mostrar el problema en que estoy metido. Cada una de las canciones intenta reflejar el problema, no dar cuenta de una verdad. Yo hago canciones todo el tiempo pero sé que tengo un disco cuando hay un problema sobre el cual tengo ganas de pensar. A todos nos pasan cosas que son solo nuestras y yo particularmente sé que hay un disco cuando hay un problema y puedo transitar un escenario para mostrarlo. Hago discos cuando hay un deseo  y siempre mis discos solistas me muestran a mí dentro de gran movimiento preguntándome que pasa. Todos mis discos salieron de un profundo estado de confusión y las canciones son registros de diferentes escenarios de esos estados. No intentan tener claridad, no buscan la verdad. Ese no es mi objetivo.

AZ: Casualmente estas canciones parecen situarte en la idea de oxímoron mostrando no una sino varias visiones contradictorias relacionadas entre sí ¿Es tu manera de atacar el problema?

GF: La convivencia con los instrumentos digitales nos lleva a la confusión en donde hay que replantearse ideas tan elementales como la ausencia. Es algo que se te impone. Es un disco de frontera y una frontera es donde se encuentran dos superficies. En esa convivencia se genera un lugar nuevo que no es el uno ni el otro. Por eso es un disco fronterizo que trata de reflejar esa confusión. Sin embargo trata de ser profundamente histórico frente a un escenario profundamente postmoderno.

AZ: A lo largo del álbum esta cuestión fronteriza se asocia a la idea de cuerpo que a su vez tiene distintos significantes incluso mostrando un cuerpo que lucha contra la la normalización, algo que aparece bastante explícito en “Cuerporeclamo” ¿Cómo lo pensás vos?

GF: Dentro de este momento de aparente confusión, una de las pocas certezas es que nuestro cuerpo está en fluctuación, de que podemos elegir, de que no es una materia dada. Negar la autopercepción del cuerpo, la autoridad que el cuerpo tiene sobre uno y uno sobre su cuerpo, es un mandato que ahora con el feminismo a la cabeza está generando un movimiento precioso. La canción lo dice mi cuerpo está vivo, se mueve. Yo reconozco que como varón, cómodo en este sitio de autopercepción, tengo cierta potestad sobre otros cuerpos que se mueven más que el mío. ¿Qué voy a hacer? ¿Negarlo? ¿No cantar eso? ¿No mostrarlo? Al contrario si hay una celebración de esa subjetividad y el cuerpo es síntoma de esa subjetividad hay que celebrarlo, hay que mostrarlo, hay que declararlo.

AZ: ¿Entonces en esta celebración de esta subjetividad hay un gesto de época?

GF: De época no, un gesto histórico porque lo histórico implica el espacio no solo el tiempo. Este es un disco porteño. Tiene ciertas cosas de universalidad pero está escrito por un porteño en medio de todo lo que sucede y resuena acá en Buenos Aires. Sin embargo hay problemáticas como las autopercepciones y las subjetividades que son universales. En todo el mundo hay alguien que siente que el cuerpo lo acompaña más o menos. Desde cuestiones más cotidianas como por ejemplo que alguien califique que una ropa no es para determinada edad, hasta cuestiones más complejas como que no esté permitido modificar el cuerpo hasta donde uno desee. Antes esta cuestión pasaba por preguntarse qué era lo que la cultura permitía hacer con los cuerpos, que era bueno y que malo, ahora la pregunta es qué hago con mi cuerpo no solo desde lo conductual sino también en su forma, preguntándome que le pongo y que le saco. Ahí hay algo para pensar.

AZ: Paralelamente a esta dimensión histórica que planteas el disco parece también abordar una dimensión de un Gabo individual ¿En qué dimensión aparece?

GF: Me parece que cuanto uno más habla de uno invisibilizado, más está hablando de todos. No hay registro de género en mis canciones. Están más allá. Intentan ese Prêt-à-porterismo de que se lo pueda apropiar una persona sea del género que sea. Estoy yo todo el tiempo. Está mi cuerpo ahí. Es más recuerdo que a pesar de sentirme siempre cómodo con lo masculino había cosas en el universo cultural femenino que me resultaban interesantes. Entonces yo podía estar jugando al fútbol en el recreo y después veía a las chicas jugando al quemado y me quedaba con las chicas. Eso para mí nunca fue un problema. Si, para otros que a veces me cagaban a piñas pero a mí no me importaba. Es más recuerdo que un insulto era decir que el hombre era mariposa y en el disco la idea del varón como mariposa autopercibiéndose como tal es un lindo gesto. (Ndr. Se refiere a la canción “Cuando se vuela) Sobre todo es algo lindo que puedo hacer porque ya tengo cincuenta años. Entonces choca dos veces. Si lo hace un chico lindo choca de una manera, pero si lo hace un viejo choca dos veces y si no quiere lograr gestos de amariconamientos choca tres veces. Estar cómodo en un sitio masculino y decirte “soy la más bella mariposa” hace saltar las alarmas. En mis conciertos hay una cosa performática y como dice Emilio García Whebi “en el teatro la sangre es kétchup, en la performance es sangre”. Acá la sangre se sangre. La palabra dolor es dolor y la palabra mariposa y es mariposa. Yo creo este es un momento que los feminismos están sacudiendo la mesa como una violencia hermosa, en la que además es muy difícil no tomar posición. En este sentido podés hacerte el boludo o salir a cantarlo. Yo elijo lo segundo.

AZ: En “Pleguemos el atril” hablás de Romper la cruz ¿Hay algo de esto por detrás?

GF: Lo que me gustaba del atril es que lo puede usar el músico, el pintor incluso en el debate de candidatos a presidente hubo un atril (risas). La primer idea es como decís romper la propia cruz, algo así como basta no te cagues más a palos. De paso juego con la cosa judeo cristiana  que dice el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra. Acá se dice lo contrario propone besá la piedra y tirá la mano lejos. Parece que el hombre bueno, la persona buena o la mujer buena son propias del buen cristiano, pero eso es propio de la humanidad, no solo de ellos. Esta canción está llena de esos gestos de apropiación nuestro como humanidad y no solamente como cristianos o personas religiosas.

AZ: ¿Teniendo en cuenta esto sentís que estás hablándole a un público que a esta altura de tu recorrido ya está de alguna manera definido? Desde afuera parece haber gestos de complicidad en tu manera de encarar estas temáticas.

GF: El primer objetivo de este disco era que hiciera bien. Que me hiciera bien a mí y que nos hiciera bien a todos. Yo insisto con esto, no soy un artista que hace discos para la plebe. Soy uno de adentro, parte de un colectivo que quiere y que asume una tarea. Yo digo desde adentro, enuncio desde adentro y desde adentro comunico. No vengo desde un lugar, saco un disco y después me vuelvo a un lugar donde nadie me ve, nadie me habla o cosas por el estilo. Si hay algo que me pone en un lugar inquietante que es el de que me ubiquen como un tótem, como una figura de esa dimensión. No me siento cómodo, pero cuando me siento querido me encanta y eso me pasa cuando alguien me encuentra en la calle y me saluda. Eso sí me gusta y me hace bien.

AZ: Una canción que parece dialogar con esto que decís de “hacer bien” es “Todas las cosas que no tienen nombre” ¿Cómo es ese diálogo?

GF: Dialoga con una sensación de algo que te pasa, que no sabés como se llama y que está adentro y que es real porque te está pasando. No es angustia, no es tristeza o es todo esto junto y vos tenés que preguntarte cómo se llama eso que te está pasando porque vos sentís que es algo que no tiene nombre y está dentro tuyo. Entonces vos sentís que eso si existe debería tener un nombre y se viene a nombrar en uno aunque uno no sabe cómo se llama. En el momento que escribí la canción sentía situaciones mías muy a flor de piel, por lo que para mí cantar eso tuvo un costo alto.

AZ: El disco termina con “El miedo viene” en donde lo asocias con la delicadeza ¿Cómo funciona eso?

Cuando vos lográs la libertad, no te están diciendo que la libertad genera angustia y miedo. Cuando uno siente que es libre y percibe ese perfume de goce que es la libertad siente eso. Uno se pregunta de dónde viene eso y creo que se mete tanto porque viene de la delicadeza. No es una cosa prepotente como la alegría. El miedo es delicado, es sutil. Luego se desata en contraste con la alegría que es hermosamente agresiva. Así funciona el miedo y no queda otra que aceptarlo.//∆z

 

 

 

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