Fin de año volviendo al mar

Niceto se vistió de gala para despedir el 2011 con el Festipez. Una noche llena de rock, garage e increíbles sorpresas

Por Gabriel Feldman y Gonzalo Penas

Fotos de Pablo Lakatos

Otro año que llega a su fin. Se nos fue el 2011 y llega el tan promocionado 2012. ¿Se acabará el mundo? ¿Será el fin de la humanidad tal como la conocemos? ¿Florecerá una nueva conciencia y viviremos en paz? ¿Existe la paz? Qué carajo importa. Para despedir el año con todo, así como sucedió en febrero, un nuevo FestiPez. Con los Fujimoris y el Acorazado Potemkin como invitados de lujo, ésta nueva jornada del festival fue el encuentro perfecto para concluir el año con sorpresas y todo.

Los Fujimoris dieron el puntapie inicial calentando el escenario en Niceto Club para la concurrencia que se acercó temprano al coqueto barrio de Palermo. El trío en cuestión, con su Volumen 1 bajo el brazo, transportaron a más de uno al calor de las playas al ritmo del surf garagero que bien pregonan. Ideal para moverse, visualizar playas, palmeras, chicas en bikini y gnomos en traje de baño, los Fujis dejaron el verano resoplando en las postrimerías de diciembre.

Pasadas las 21.30 el otro espécimen de las profundidades marítimas se subió al escenario, el turno del Acorazado Potemkin. Más gente agolpada cerca del escenario y el trío alineado sobre el escenario. Todo en orden: Juan Fernández guitarra en mano y dispuesto a escupir cada una de sus verdades, Federico Ghazarossian en la esquina opuesta con el bajo y Luciano (Lulo) Essaín, segunda voz de mando, en el centro, tras los cuerpos y aleaciones. Tres músicos con prontuarios envidiables reunidos ahora bajo esta nueva entidad que respira y sangra por igual. La presentación con “Algo”, un manifiesto de existencia, el ADN mismo de la banda: “En algo vos y yo nos parecemos, la misma sed, el mismo otro lugar. En algo vos y yo nos parecemos andar buscando revancha…”. Reincidentes al fin y al cabo que se agruparon y con su primer disco, Mugre, realizaron uno de los mejores trabajos del 2011. “Desert” y “Desayuno” no tardaron en venir para seguir el camino. Rock, punk y mugre. Moléculas de mugre que ya se percibían entre las tenues luces que invadían Niceto. Los invitados no se hicieron esperar y así como en el disco, “Lengua Materna”, con Juan Ravioli en teclados y “La mitad” también con Raviolli y la adición de la “madrina del acorazado”, como dijo Fernández, Flopa Lestani. Cada frase es un puñal oxidado que cala hondo en el cuerpo. El estomago se ve ampliamente desfavorecido por las incursiones de Ghazarossian con su bajo que va directo ahí, en donde verdaderamente se siente. Nada que agregar. Nada. Ya lo dijo Flopa: “al que no le gusta el acorazado es un pelotudo”. Madrina orgullosa si las hay.

Lulo encendió la mecha, era el turno de “Puma Thurman”, una película hecha canción. Fernández se encarga de que sus palabras tengan vuelo, se conviertan en visiones. Con impronta tanguera, las frases se transforman en imágenes bien condimentadas por los arreglos de guitarra y un bajo que te lleva y trae a su antojo. La vida, la desidia cotidiana, el pasado y los distintos sabores del amor de los que la rabiosa voz de Fernández nos hace partícipes en cada una de las incursiones, después “La Carbonera”, otro ejemplo de las facetas del Acorazado.

Todo lo que empieza tiene que terminar, esa es la única certeza que tenemos. Desde que nacemos bien lo sabemos. Los agradecimientos de turno y “Los Muertos”, la marcha (¿fúnebre?) con una visión particular del futuro irremediable que a cada mortal le tocará (“Todos tienen algo que envidiarle a los muertos / No hacen colas, ni se apuran y la plata no la usan / Como no hablan, nunca mienten, ni se van a equivocar”) para despedirse, despedir el año y dejar al rojo vivo el escenario en el que se sumergiría la maquina autogestiva, también conocida como Pez.

El show de Pez comenzó a las 22:40 con el lugar lleno y con las ganas que genera ver a esta banda. Su público, con la particularidad de ser siempre el mismo y ahora sumar varios jóvenes que lo conocieron en esta última etapa post Los Orfebres (2007), sabe que tiene que estar atento y esperar alguna sorpresa. En efecto, durante toda la tarde los Pez estuvieron posteando en Facebook que estemos preparados para una sorpresa: iban a tocar con una eminencia del rock nacional. Para entrar a la cancha, empezaron con una zapada hasta que Franco Salvador cortó en seco con la conocida intro de “Fuerza”, seguido del ¿nuevo hit? “Los caretas del reggae se lo quieren llevar pero el porro es del metal”, “Maldición” y los dos primeros temas de Volviendo a las cavernas (2011), “De cómo el hombre perdió” y “Lo interesante es por afuera”.

El nombre del último disco no es casual. Más allá de todas las significados que pueda tener, si uno piensa en el sonido de la banda encuentra un claro regreso a las fuentes, nombres largos, zapadas de varios minutos, rock crudo bastante alejado del rock progresivo, experimental o incluso acústico, que el grupo realizó desde Convivencia Sagrada (2001) hasta Hoy (2006). Ahora, de vuelta a las cavernas, al rock clásico que se nota también en los set-list de los recitales. “Así comenzó toda esta historia” dijo Ariel Minimal antes de que Pez interprete “Rompe el alba” y “Lo que se ve no es lo real”, los dos primeros temas de Cabeza (1994) primer disco de la banda. La gente pogueó – algo relativamente nuevo en el público que sigue a Pez desde hace algunos años – con el riff de estos temas y gritó el clásico “ahora soy pez… soy un pez, vuelvo al mar”.

“Quedan algunos temas más, pero les voy avisando que quienes tienen esos celulares con camarita, lo vayan preparando, filmen lo que va a venir dentro de unos minutos y después lo comparta así lo vemos todos”, Minimal advertía que algo iba a pasar dentro de algunos temas. Alguien del público le respondió con un “estás más flaco”, a lo cual él retrucó con un gesto de “ojito”. Después de tocar “El viaje” -que se escuchó tan maravillosa como cada vez que la interpretan- y “Volviendo a las cavernas” llegó el invitado tan promocionado. Era nada más ni nada menos que Alejandro Medina, ícono del rock nacional que tocó en Manal entre otras bandas históricas. Juntos hicieron “Una casa con diez pinos” (Manal) y “Tontos” (Billy Bond y la Pesada) con la mujer de Medina en coros. La emoción que tenían los Pez en ese momento no se puede explicar con palabras, había que verle la cara a Minimal –o disfrutar de los pasos de baile de Fósforo, con pucho y birra en mano– para entender lo importante que eran esos minutos para la banda.

Alguien del público preguntó cómo seguir después de esto. La respuesta de Minimal fue “cómo veníamos”. Cuando alguien gritó: “tocá lo que quieras”, el cantante y guitarrista contestó con un claro “a esta altura del año es lo que pueda, no lo que quiera”, y todos rieron antes del La menor que da comienzo a “Para las almas sensibles”. Se escuchó del público un “uuuh” como cuándo la banda toca ese excelente tema que no se esperaba. Mucho menos se esperaba que el grupo haga una versión eléctrica de “Toda la mañana”, el primer tema de Hoy. Sublime. Después todo volvió a subir y ponerse crudo con la genial “Ahogarme”, tal vez el tema más punk de la etapa más punk de Pez, allá por el año 1998 con la salida de su tercer disco. Como no podía ser de otra manera, para mantener el ritmo tocaron “Soñar Soñar” y “Cassette”, ambos de Pez (2010) Para terminar, Minimal hizo un pequeño cambio: tenían que tocar “Seremos recuerdo” pero cuando empezó la interrumpió para tocar “Vamos”. Dijo que estaba más de humor para hacer este tema que el realmente iba. Gran acierto, por como venía el recital quedaba mejor el tema que terminaron tocando.

La noche culminó a las 23:50 con “Introducción Declaración Adivinanza”. Todos saludaron, incluido Alejandro Medina con su esposa y se fueron. Se fueron literalmente, porque a 20 minutos de haber terminado el show se podía ver a los Pez en la puerta de Niceto hablando entre ellos y saludando por el fin de año a la gente. Minimal antes de terminar el show dijo “felicidades y sean buena gente, que siempre hay que ser buenos tipos”; la naturalidad con la que se quedan hablando en la puerta del lugar donde acaban de tocar y saludan a sus fans, habla claramente de lo humilde que son después de 17 años de trayectoria y 14 discos editados. Eso es un gran motivo para brindar.

Arecia_Octubre

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