Fiestas sísmicas, de Rocío Cortina

El primer libros de relatos de la autora, editado por Textos Intrusos, incluye personajes crueles y nos posiciona en el oscuro refugio de la empatía.

Por Matías Buonfrate

Rocío Cortina es licenciada en comunicación y editora de una revista. Su primer libro de cuentos, Fiestas Sísmicas (Textos Intrusos, 2016), reúne siete relatos. Hay dos cuestiones evidentes que los relacionan. Todos tratan la relación entre niños y adultos. En todos hay fiestas. Sin embargo, es válido reponer lo sísmico que titula el volumen. ¿A qué temblores nos expone como lectores?

Charleston. De nuestro narrador nos es más fácil conocer su desorden alimenticio que su nombre. Hurga entre las mesas de la fiesta de cumpleaños para comer a escondidas. Le han dicho que es gordo, lo sabe, lo vive con alegría y culpa. Apacigua su sed con fernet. Utiliza menos gaseosa cada vez que se prepara otro trago. Deambula solitario por los ambientes del departamento, mientras su hermano mayor, casi un adulto, acapara la atención de su madre. Ella se divierte con la música, oculta en un disfraz de bailarina de Charleston. Nuestro narrador cree que parece una puta. Los invitados comienzan a retirarse. Su hermano y su madre también. Nuestro narrador se encuentra solo con su tía, la agasajada. Ella dormita en un sillón después de haber bebido toda la noche. Nuestro narrador desea ver su escote y tironea de su remera. Su tía despierta y acaricia su rostro, cubierto por una máscara de Iron Man.

Primer sismo. Un lugar común, al toparnos con personajes de moral gris, es creer que no tienen bondad ni maldad. Podemos evadir ese punto con respecto a los cuentos de Cortina. Sus personajes actúan con una maldad que, al estar bien justificada, encontramos dulce e ingenua. Sin embargo, ninguno de los protagonistas de Fiestas Sísmicas es inocente o heroico. Los cuentos nos hablan de las culpas que se sabido generar con sus acciones y también de las culpas ajenas que han heredado. Podemos empatizar con ellos, pero en el refugio de tal complicidad nos encontramos con cierta incomodidad: la amargura de nuestras propias incertidumbres morales.

Dónde está el amor. Ella escribe un correo electrónico. Le responde a su ex pareja, quien después de siete años quiere saber cómo están los perros y qué es de su vida. Ella retrasó este momento de escritura, esperó a estar sola y tranquila. Toto y Canela tuvieron vidas plenas, con anécdotas graciosas y algunas penas. Ella consiguió otros perros. También su vida cambió desde que se separaron a mitad de una travesía en bicicleta alrededor del mundo. Ella se enteró de que estaba embarazada y decidió volver. Él decidió darle dinero para que tomara e  hiciera lo correcto en nombre de los dos.

Segundo sismo. Cortina organiza y mantiene nuestra atención en una estructura sinuosa dentro de la psiquis de sus personajes. Ellos enfrentan encrucijadas grandes y pequeñas, en momentos cortos o largos períodos de tiempo. Son incertidumbres de respuesta dicotómica, directas, de afirmación o negación. Cuestiones que un espectador o una máquina podrían resolver con rapidez. Lo interesante de los personajes de Cortina es verlos actuar mientras elaboran sentimientos imprevisibles, ajenos. Son emociones a menudo más conflictivas que las pruebas que deben superar. Los personajes tienen una forma particular de envolverse en las circunstancias, para añadirles capas y arribar a situaciones imprevistas y novedosas. Tales enredos emocionales no son fáciles de atravesar junto a ellos desde nuestro lugar de lectores. Mucho menos cuando Cortina ya nos ha posicionado en el oscuro refugio de la empatía junto a sus personajes crueles.

Las Barbies nunca pesan. Es de noche, ha comenzado a formarse una tormenta. Sol se sorprende mientras repasa la obra de un colega. El viento abre su armario y la enfrenta con una caja forrada en papel lila. La cinta scotch que sostiene su tapa está ahí desde hace años. Sol tiene poco tiempo para terminar la presentación, pero decide bajar la caja. La forma en que la abre roza lo ceremonioso. En su interior, entre tarjetas de cumpleaños ajadas y papeles indiferentes, se topa con la vincha color fucsia de Julieta, su hermana menor.

Tercer sismo. Los personajes de Cortina se relacionan con el pasado de formas diferentes. A veces apenas lo observan, como un vistazo fugaz para situarse en las coordenadas del presente. En otros momentos lo visitan con mayor profundidad, encontrando en sus experiencias el material sensible para afrontar el presente y combatir el futuro. Sin embargo, a pesar de las penumbras que abundan en sus biografías o de sus parientes, ninguno de los personajes se siente atrapado en el pasado u obligado a revivirlo. Esta evasión en ocasiones parece crueldad o amnesia. Lo cierto es que los personajes de Fiestas sísmicas no se detienen. Aun con su moral gris y sus mentes enredadas, encuentran un camino por el que discurrir. Las dificultades, no les impiden encontrar una salida. Lo cual, para los lectores que nos relacionamos con ellos y nos identificamos con su oscuridad, es una idea luminosa.//∆z

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