El Festival Nómade, una campaña solidaria y un plan para este verano

Acampar en una bahía imposible con 500 personas que van a pasar una semana oyendo la más maravillosa música que supimos conseguir con el cruce entre una Mac cruzada y una peña del norte argentino. 

Por Juan José Remulcao
Foto de Carol Mckenzy

Un festival de cinco días que reúne a cuarenta músicos entre DJs, grupos y solistas; que propone explorar -y acampar en medio de- la geografía y la cultura originaria de su lugar; que ofrece recreación física, espiritual  y… sensorial; que sucede en un bosque milenario junto a la costa del Pacífico en la Patagonia chilena. Y que cuesta bastante, bastante, menos que el Campo VIP de U2.

Aunque suene utópico y ajeno a la oferta ordinaria de la industria cultural, para llegar al Festival Nómade no hay que hacer algo distinto que los muchos argentinos que buscaron comprar electrodomésticos a buen precio: ahorrar y cruzar la cordillera. Sólo que en vez de terminar entre laptops o teléfonos, el viaje acaba en una mezcla de música electrónica tropical-originaria, world bass, folklore digital, electrónica orgánica… o lo que sea que el oído entienda por eso, con un camping a la Cosquín Rock y dividido por las veinte nacionalidades que se pueden encontrar en el festival.

Con esa chance en el horizonte, con la intención de generar fondos de cara a la próxima edición de febrero y ganas de atraer nómades de todo el mundo a la Bahía de Manquemapu, el festival apura los últimos días de su crowfunding, que cierra mañana y ofrece catálogos de discos del palo, noches de alojamiento en Túlum, entradas gratis para todas las futuras ediciones, trekkings por los Andes chilenos y entradas para otros festivales hermanos. Porque si hay algo que uno aprende tras vivir el Nómade -además de que alemanes, franceses, peruanos y brasileños tienen mucho más en común de lo que creen- es que la cooperatividad puede mover montañas. O personas a través de las montañas.

Y también aviones, buses o vehículos que traen a un público tan diverso como su grilla misma. Si nombres como Martha Van Straaten, Nicola Cruz, Spaniol o Barda suenan ignotos… tranquilos, que de acá a febrero hay tiempo para entrar en una corriente de música que va y viene de América a Europa a África a Asia a Oceanía.

Hasta entonces, vaya una sonda de este medio por vía de:

Martha Van Straaten: DJ alemana pulso de la plataforma/sello Laut & Luise. Número puesto de este movimiento y habitué en los festivales análogos al Nómade en Europa y Centroamérica. Que Martha no los engañe con su nombre: tiene más trópico que varios cubanos que viven en Miami…

En diálogo con ArteZeta, “La Marta” hizo fama de la elocuencia germana: “El Nómade es un puente entre culturas, ideas, filosofías y generaciones. Representa la posibilidad de reunir una ‘tribu’ que crece orgánica y constantemente. Hablamos de un grupo de gente que tiene una determinada idea de compartir una mirada de la vida que tiene que ver con el arte, la naturaleza y el sentido de comunidad”. Y agrega: “Por su locación especial y… remota, el tamaño del festival y su organización, la gente que participa se puede conectar de manera sencilla y natural. En lo personal, considero que es una celebración de la vida misma con la intención de aprender, crear y compartir”.

Beatriz Pichi Malen: Cantora tradicional mapuche oriunda de Argentina y responsable de uno de los momentos más sentidos de la última edición. Lo suyo fue una cátedra de musicología originaria: voces Qom, Selknam’, Tehuelches y Mapuches resonaron contra las laderas de la Cordillera de la Costa. El día después del recital, siempre vestida con ropas típicas del pueblo araucano, Beatriz decía: “Siento mucha alegría de estar aquí entre tantos jóvenes del mundo interesados por conocer la cultura y la naturaleza de este y otros lugares. Poder compartir escenario con ellos en un lugar con tanta historia y belleza como este es algo que agradezco mucho”. Y del dicho al hecho no hubo trecho alguno: estas declaraciones fueron inmediatamente previas a una grabación con la belga Maywa y los chilenos Matanza en el estudio casero montado durante el festival.

Pigmalião: Conocido en tierra como Daniel Lucas, llevó su gracia carioca a la segunda noche del festival. Si es cierto que en la carpa de los DJ brasileños se apoyaba un vértice del triángulo de las bermudas, este cronista no afirmará ni desmentirá. “El Festival tiene cuidado de preservar la memoria histórica del territorio de Manquemapu, de su comunidad, su flora y su fauna. Para mí tiene un papel fundamental para la aproximación de artistas que orbitan por sonoridades regionales, folklóricas y experimentales, además de contar con referentes latinoamericanos teniendo grandes invitados como Beatriz Pichi Malen o Los Gaiteros de San Jacinto”.//∆z

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