Eterna Inocencia: Vivan mis caminos

Charla a fondo con la banda emblema del hardcore y la autogestión. Hablamos de sus discos más importantes, de la importancia de su mensaje, de la revolución digital y de su próximo show el sábado 4 de marzo en el Teatro Vorterix.

Por Martín Barraco y Pablo Díaz Marenghi

Le cantaron a los mártires de Trelew. Le cantaron a los pueblos originarios. Le cantaron a la desigualdad social en los barrios pobres del conurbano, sobre todo de su Quilmes natal. Le cantaron a las problemáticas que atraviesan al joven adolescente de entre 15 y 25 años y es por esto que su público tiene un fuerte componente juvenil. Si uno rememora la explosión del Buenos Aires Hardcore en los noventa, es uno de los primeros nombres que surge. Eterna Inocencia (EI) lleva más de veinte años recorriendo los escenarios, desde San Miguel del Monte hasta la Ciudad de Buenos Aires. Este sábado, con la promesa de repasar temas clásicos de sus primeros discos, se presentan en el Vorterix y nos juntamos con ellos para desgranar su pasado, presente y futuro. Guillermo Mármol, su voz cantante, es un compositor que construye las letras a niveles de piezas literarias (tomando como insumo, también, su carrera como historiador y profesor en escuelas). El resto de la banda, Roy Ota y Javier Pesquero en guitarras, Ale Navajas en bajo y Germán Rodríguez en batería se encargan de darle forma al envoltorio hardcore para estos manifiestos de toda una generación. Así nacieron temas que se convirtieron en himnos como “Encuentro mi descanso aquí”, “Sk8 For Life” o “Voces inmóviles”. El jueves por la noche, con una cerveza fría en la mano, comenzamos a charlar acerca de su forma de entender la música, cuál es el sentido de la autogestión en tiempos digitales y acerca de su actualidad.

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AZ: ¿Cómo se preparan para el show?

Guillermo Mármol: Tenemos que ensayar un poco más lo que se prometió. La premisa es lo nuevo, lo viejo y lo clásico. Hay muchos temas que hace bastante no tocamos pero también nos da la sensación de que lo tocás y el 90% no sabe qué estás tocando. Son los primeros dos o tres discos del grupo que tienen temas en inglés. La banda es la misma pero dimos un cambio radical al menos en eso, en el pasaje del inglés al castellano y creo que eso es un límite. Buscamos temas viejos pero que se hayan adaptado en algún momento. Yo me siento incómodo cantando en inglés. Además el castellano tiene ese poder, es una lengua con mucho color que fuimos descubriendo. Después te diría, más bien, que es un punto de partida.

AZ: Eterna siempre le dio mucha importancia al mensaje, a lo que se quiere decir. ¿Cómo lo ven ustedes? Darle bola no sólo a que suene bien, a dar un buen show sino también al contenido de lo que quieren transmitir.

Germán Rodríguez: En lo personal, que soy alguien que iba a ver a la banda cuando era más chico, en parte era por el mensaje. Por supuesto que la banda sonaba y llamaba la atención fuera de la voz, pero el mensaje era distinto y la gente lo sentía de esa manera.

Javier Pesquero: El tiempo que se tarda en componer un disco tiene que ver con eso, con macerar, con procesar. Sobre todo Guille que es el que escribe pero después lo comparte con todos nosotros.

GR: Igual como que tira una letra y, por lo menos de mi parte, mucho retoque no hay (risas).

GM: Es difícil, imaginate que les diga: “voy a hacer la letra a una ballena” (risas)… Pobres. Hasta que explicás todo y todo se macera, a veces es un desafío.

Alejandro Navajas: Creo que el estilo siempre se caracterizó por esto de que era música ligada a un mensaje. Para mí lo que siempre caracterizó Eterna (siendo alguien que en un momento miraba a la banda desde abajo) era la manera en que se baja ese mensaje. Como que hay diferentes maneras y estilos, por lo general siempre fue muy ruda la manera de expresar. Eterna siempre tenía una forma diferente de presentarse y acercarte a un montón de literatura que quizás uno no se acercaba. Creo que muchos de los chicos que nos van a ver lo agradecen: enterarse de la situación de los mapuches, de una ballena que es propia de la región, de un montón de temas.

GM: Eso tiene que ver con los lugares por donde nosotros transitamos como sujetos estos veinte años, la conexión que hicimos con diferentes amigos que al día de hoy tienen participación activa en distintos movimientos sociales. Tampoco sale de la nada o por propia inspiración. En realidad son diferentes amigos y compañeros que nos comentan cómo está determinado estado de situación y a partir de ahí nosotros trabajamos sobre una letra; de un caso que nos conmueve o nos interesa contar. Es muy difícil también, más con el paso del tiempo. Nosotros armamos las canciones y recién ahí trabajamos sobre las letras así que para un nuevo material olvídense, cinco años más (risas).

AZ: Lo interesante es eso: a lo mejor uno ve una banda y dice “tiene letras muy buenas” pero en el caso de Eterna es una banda que siempre puso el cuerpo, más allá de las letras que tienen su peso simbólico, siempre denunciaron conflictos sociales, dieron una mano donde pudieron. Eso me parece que llega al público.

GM: El 18 de marzo vamos a tocar en el único skate park de toda La Matanza, en Ciudad Evita, apropiado por los propios skaters. Los chabones se apropiaron de un playón que está a metros de una escuela, trabajaron con ella y el escenario para el show lo presta la escuela. Lo que hay que hacer es traer elementos de limpieza para la escuela, ése es el precio de la entrada. Una tarde en el skate park a partir de las 16 hasta la tardecita. ¿Qué querés que te diga? Está buenísimo. La banda es muy versátil: puede tocar en un lugar como Vorterix y explotarlo y después puede tocar a los diez días ahí y la gente responder a la consigna de ayudar. Creo que algo de eso hay.

AZ: Volviendo un poco a la pregunta del mensaje, viendo no sólo la escena hardcore sino el panorama musical a nivel local, ¿creen que eso se perdió? ¿Creen que está vigente?

GM: Para mí el parámetro de comparación, si el punto de referencia es el estilo que nosotros transitamos, estamos lejísimos de la explosión del hardcore punk. Ya eso no existe. O si existe, existe en su mínima expresión en relación a cómo fue eso. Sin dudas hay bandas. Loquero es una banda muy verdadera a la que no se le hace justicia. Muy real. Después, más acá, tenés Los Hermanos de la Mente Furiosa, unos pibes de Monte Grande que es así hardcore bien puro, medio post hardcore. Después si existen más, mucho no las conozco.

AN: Recuerdo la última vez que nos conmovimos con algo del género: fue en Uruguay con Septiembre Once, una banda de esas que se formaron respetando viejas premisas del estilo y haciendo una música increíble.

GM: En general se frivolizó bastante. Sobre todo se tienen mucho más en cuenta cuestiones estéticas. Eso es un bajón. Ver más cómo estás lookeado que lo que decís. Podés tener estética hardcore y un mensaje de derecha horrible. Eso ocurre. A veces no sé si se dan cuenta de lo derechosos que están.

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AZ: Pensando un poco en la escena hardcore, el Do It Yourself (DIY) en los noventa explotó muy fuerte. Había muchas bandas de la llamada BSAS Hardcore y otras alejadas de esa corriente: ¿Qué les parece que permanece de esa movida y qué les parece que se perdió?

AN: Yo me crié en Concepción del Uruguay y estaba bastante lejos del BSAS HC, no sólo por distancia sino también por edad, porque ya había pasado. Creo que Eterna no tiene mucha relación con esa escena. Después del DIY sí, obviamente. Pero creo que esa escena en donde las ferias eran fuertes, donde podías encontrar la feria de Congreso u otros puntos ya no existe. Hay pibes que siguen haciendo fanzines, sería absurdo negar eso.

GM: Pero no sé si hablar de un movimiento. Algo que trasciende lo individual.

AN: De hecho antes los fanzines no sólo eran todos en papel sino que tiene que ver con lo simbólico, con el intercambio que se hacía, te llegaba un sobre con un montón de fanzines y gacetillas. Los fanzines adentro tenían no solo información de música sino desde cómo prepararte una receta vegetariana hasta cómo hacer una molotov.

AZ: No solamente tienen una forma de entender la música sino también de auto gestionarse, de organizarse, tienen su propio sello, ¿Cómo ven el tema de la autogestión en la música a partir del auge de las nuevas plataformas digitales?

JP: En ese momento creo que fue una cuestión de necesidad de las bandas de querer salir a tocar y que no exista un lugar o un movimiento. Yo creo que hoy se perdió un poco eso por esto que vos decís, las redes sociales y demás. Por ahí también surgieron más lugares para tocar o más posibilidades, a veces no del todo positivas porque los pibes que recién empiezan a tocar tienen que caer en poner plata para tocar en algún lugar o tocar con alguna banda más grande. En ese sentido yo creo que a partir del 2000 se perdió.

GM: Si vos nacías en el siglo XVIII y escribías una carta, en la primera mitad del siglo XX también ibas a escribir una carta. Han pasado generaciones enteras que no se han dado cambios tan vertiginosos como los que se están dando en los últimos treinta  años. Nosotros fuimos la generación que pasó de escribir cartas a las redes sociales. Nosotros somos los últimos que escribimos cartas. Hay un cambio de paradigma tan grande con eso que lo que no aprendimos ahí después no lo aprendimos más. Nosotros hablamos de independencia y autogestión y utilizamos esas herramientas pero hacíamos fanzines. No había atravesado todavía la revolución tecnológica la posibilidad de tener otros medios y soportes. A nosotros la realidad nos visitó pero nosotros ya teníamos una concepción de hacer las cosas nosotros mismos. Grabar nuestros propios discos era un deseo y se transformó en realidad pero la revolución cibernética en el medio tuvo mucho que ver.

AN: En los noventa tenías que grabar sí o sí en una sala de ensayo y hoy podés grabar en tu casa.

GM: Difundir un concierto: si no salías en el Sí de Clarín no existía tu concierto. Salir en la agenda te duplicaba el caudal de público. Yo vengo poniendo ese ejemplo hace rato pero porque realmente me impactó que ese suplemento no salga más. Me parece un cambio de época. Hoy el suplemento NO, de Página 12, cumplía 25 años. También hay una actitud en mantenerlo, viste. El Sí murió en su ley pero a la vez por desgracia, porque también fue un lugar donde leímos muy buenas cosas. Yo armaba mi carpeta de la secundaria recortando avisos del Sí. En varios aspectos se ve este cambio. Por ejemplo, el skate. Para mí el skate era algo absolutamente marginal y hoy es política de gobierno. Políticos se suben arriba del skate para tener más votos, se sacan fotos con skaters. Lo cual no es un buen ejemplo pero es muy loco como ciertas cosas que nosotros concebíamos desde el margen… Los vinilos: yo tengo editado un vinilo en el 97 y un montón de bandas del palo muchos vinilos más y sin embargo ahí había que desempolvar el tocadiscos: el formato era otro. Hoy los pibes de 17 años se están comprando In utero de Nirvana en vinilo, como veía un alumno mío en la semana. A mí le muestran cómo (hace un gesto de sorpresa) y yo saco el de Eterna del 97 (risas). Claro, vos no habías nacido. Eso es muy loco. Creo que en parte el hecho de que tengamos correspondencia con la gente y la banda, en un sentido, crece, tiene que ver con eso.

AZ: Recién nombrabas tu trabajo como docente. Es muy interesante cómo la banda, a pesar de que trascendió generaciones, siempre interpela fuertemente a la juventud. ¿Se sienten ustedes con una responsabilidad extra al pensar que le están cantando a los pibes?

GM: Sí, totalmente. Hoy conversaba sobre eso justo. El otro día veía a un tipo que era cirujano especialista en neurociencia, muy piola, dicta historia de la medicina y me comentaba sobre las nuevas inquietudes de los adolescentes y tomaba como referencia esta canción de “la vela vas a soplar y te va a encantar” ¿no? Hablamos del #Niunamenos pero también hay un mensaje extrañísimo como de sumisión, misógino, y nadie lo reprueba eso. Hablaban del cantante de La Ola Que Quería Ser Chau pero nadie dijo que sacaba discos que se llamaban La peste rosa, porque quizás nadie tiene un familiar con HIV, o La fuerza del cariño como le puso al primer disco (desde mi percepción burlándose de los chicos que tienen síndrome de Down). Entonces ese no es el rock que me representa. Eso discutía con este cirujano. “No todo el mundo escucha esas bandas” le decía. “Hay cosas mucho más activas, que van mucho más por abajo, yo toco en una banda así y tiene esta perspectiva”. Muchos de nosotros somos conscientes porque cotidianamente trabajamos con chicos a quienes duplicamos en edad. Entonces nos hace sensibles a toda la cuestión, sobre todo de las emociones, que son muy fuertes a esa edad –te diría que prácticamente son las que predominan– y vas a ver que en la banda no hay un mensaje de hablar de los demás, o se habla de una perspectiva personal o si se habla se trata de hacer un refuerzo positivo sobre lo que se trabaja. Pero no nos vas a ver tirando mierda. Menos todavía haciendo letras de esas características, lo que decía recién. Creo que eso la gente lo valora. Por eso tenemos una franja etaria de un público que llega a los treinta años y a veces más, que es a veces un público que de otras propuestas se fuga y en Eterna se queda. Eso es todo un indicador.

AZ: No pasa eso de esas bandas que uno dice: “ya crecí, no escucho más esto”

GM: Creo que pasa algo así, porque nosotros mismos vamos transitando ese camino. Nosotros también crecimos, seguimos en el mismo estilo y escuchamos muy poca música como la música que hacemos. Yo por lo menos…

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AZ: ¿Qué estás escuchando?

GM: Yo desde hace años que escucho Atahualpa Yupanqui, Alfredo Zitarrosa desde mucho antes… Paco Ibáñez… Te digo cosas que hay en mi casa o en el auto. Y de hardcore puro, nada. Desde hace mucho tiempo. Pero tenemos Los Ingobernables (N.de R: proyecto paralelo de Mármol) que son súper puristas en su estilo, y me parece que no estar tan al tanto está bueno porque te preserva en algún punto, ¿viste? Te vuelve un poco más autóctono, original.

AZ: ¿Pasa lo mismo con el resto de la banda o se mantienen actualizados musicalmente hablando?

Roy Ota: Si me preguntás bandas de hardcore te menciono dos o tres ponele. Pasa que como yo estoy mezclando bandas todo el tiempo, sólo escucho lo que mezclo.

AZ: Hay un público que creció junto a ustedes, ¿pero qué pasa cuando al estar frente a un público de caras nuevas, con chicos como cuando ustedes arrancaron? ¿Qué pasa con el mensaje, como hablábamos antes? ¿Cómo se hace ahora para abrirles la cabeza y que salga de una matriz que los aliena?

GM: Recibimos muchos mensajes de chicos donde nos dicen que escucharnos les cambió la vida. Cosas así son muy fuertes. Lo que pasa es que por otro lado quizás con la banda antes, entre tema y tema estábamos veinte minutos hablando. Y ahora ya tocamos una tanda larga de canciones, y cuando los chicos afinan hablás un poco de los temas que pasaron y de los cinco que vas a tocar. Y después tiene que ver más con la práctica, con lo cotidiano. Lo que está bueno de esta banda es que nos ves ahí y después es difícil que nos veas en boliches todas las noches. Vamos cada tanto y la misma gente del lugar nos dice “¡Qué raro verte por acá!”. Muy probablemente la otra posibilidad de cruzarnos es en lo cotidiano pero tampoco tener falsa humildad, porque a veces también lo noto y no me gusta cuando estás todo el tiempo tratando de agradar. Hay que ser auténtico, si venís de laburar y estás cagado de calor tenés que ser agradecido con la persona que te para en el momento, sacarte una foto, pero también decirle “che, mirá cómo estoy…” (risas). Entonces siento que en última instancia se van a encontrar algo como lo que es.

AZ: Mencionabas antes a Zitarrosa. ¿Es cierto que empezaste a cantar en castellano de después de escucharlo a él?

GM: Sí, claro. ¿Escucharon el poema “Guitarra negra”? Un amigo me regaló una vez un cassette y tenía de un lado Loquero, que nunca había escuchado… Lo agarré por Loquero el cassette, para escuchar en viajes largos, y se me ocurrió darlo vuelta. Y fijate la magia que tenía todo, porque no sabía qué había del otro lado, no estaba rotulado. Y el poema ese es muy fuerte. Además agarramos la mejor ola, porque en Uruguay se acababa el bipartidismo, de a poco surge el Frente Amplio, que es una temática recurrente en el poema… es una milonga larga recitada. Y me partió la cabeza. También pasó que en el 2000 nos fuimos a España y a los propios españoles les parecía raro que cantáramos en inglés. Y ya de España nos volvimos componiendo algunos temas en castellano, y a la vuelta hicimos el disco Los que se han apagado.

AZ: En una entrevista decías que el 2001 los sorprendió cantando en castellano…

GM: Sí, tal cual. Sin duda fue ese vuelco. Al principio me gustaba mucho más Alfredo Zitarrosa, pero después me puse a escuchar más Yupanqui. Paco Ibáñez también… Daniel Viglietti, que es todavía más extremo que Zitarrosa. Uruguay tiene esa cosa maravillosa que son todos re longevos. Viglietti está impecable, pudimos disfrutar a Galeano un montón de tiempo. Creo que Zitarrosa se escapó de la media, murió joven. Está Mujica (sonríe), es un país maravilloso.

AZ: Y repasando algunos momentos claves de Eterna, hay un disco al que mucha gente vuelve que es Las palabras y los ríos (2004). Un gran disco de la banda, temas con letras muy potentes. ¿Cuál es la impresión que tienen de ese disco en particular?

GM: Hay muchas cosas para decir…

AN: Yo me acuerdo que en ese momento era seguidor de la banda y cuando salió Los que se han apagado, es como que a todos los que veníamos escuchando a Eterna cantar en inglés nos costaba digerirlo. Después se fue acostumbrando la oreja a ese castellano, pero con Los palabras y los ríos ese castellano estaba en una etapa muy madura.

GM: Es re sentido ese disco. Yo me veo y era re pendejo. ¿De cuándo es el disco? ¿2003, 2004? Más de diez años ya, casi quince. Cuando veo esas cosas escritas, no sé qué estaba viviendo, pero ahí ya estaba Zitarrosa a fondo.

RO: Nosotros teníamos los cassettes guardados de la preproducción en casa donde compusimos el disco. Un día conseguí una portaestudio de cassette, que ya no existen casi. Hay pero pocas. Y empecé a escuchar lo que había y era sorprendente. Había un cambio de tono, musical. Habíamos crecido, empezamos a usar metrónomo, se escuchaba mejor…

GM: Y a mucha gente igual le costó el disco, porque había un cambio en el sonido. Lo hizo Ezequiel Araujo, que es una bestia. Le habíamos puesto mucho pila pero a la gente temas como “Nuestras fronteras” la re shockearon. Y hoy es un disco que la gente quiere muchísimo, le tiene un cariño inmenso, les gustan las letras, que son muy personales, ya saliendo de una etapa más política. Pero es muy transparente el disco y agradezco haber tenido esas preocupaciones a los 25 años. Tenemos muy gratos recuerdos, la composición fue muy linda, la grabación también.

RO: Todo lo que vino después también fue muy bueno.

AZ: ¿Lo vivieron también como una liberación el pasar a cantar en castellano?

JP: Ya veníamos con la experiencia del disco anterior cantando en castellano…

GM: Ese disco estaba muy arrebatado, porque le venía escapando a Recycle (1999), que lo habíamos grabado con ochenta mil voces. ¡Pobre el loco que nos grababa! Las palabras y los ríos vino un poco a compensar todo eso.

AZ: Yendo a otra etapa de la banda, se cumple veinte años de Días tristes (1997). ¿Cómo recuerdan ese disco de hardcore bien duro y en inglés?

GM: Ahí estábamos a pleno.

RO: Estábamos con todo, ahí se hacía todo. Se grabó en 27 horas, corriendo contra el tiempo. Era la primera vez que entramos a un estudio porque Punkypatin (1995) se hizo medio donde se podía.

GM: Se editó afuera como un compilado. Acá fue Días tristes pero en Francia se editó como compilado con una banda francesa, otra de Estados Unidos y otra finlandesa. Se grabó para eso en realidad. Estábamos todo el tiempo carteándonos, muy compenetrados también con toda la movida. Ese disco salió de un tirón.

RO: Lo grabamos con Marcelo Depetro, que fue productor de todas las bandas de hardcore punk…

GM: Grabó Anesthesia de Fun People, Extremo sur de NDI, “Ya no sos igual” de Dos Minutos… cosas re grosas. Era groso estar ahí, pero me parece que ahí ya todo lo que era efervescencia de la movida se había aplacado. En cambio en el 97 estaba que explotaba, le quedaban un par de años largos de mecha.

AZ: Y viéndolo en retrospectiva, ¿Sienten nostalgia por esas épocas?

GM: Yo soy historiador y no preservo nada de la banda. No guardo los discos que sacamos, nada. Eso habla muy mal, porque nos perdimos muchas cosas. Ahora estábamos pensando en reeditar todo esos discos y agregar cantidad de sesiones de demos que las perdimos en realidad. Pero yo la verdad que vivo muy en el presente, justamente no siento desgaste, no siento que hayan sido veinte años, que cuando decís “veinte años” no la podés creer. Y por ahí también va que nunca paramos de tocar y eso es muy importante. El volver a tocar después de haber dejado, eso sí tiene que carga de nostalgia. El haber continuado en el proceso tiene más una carga de resistencia. Yo lo veo más desde el presente, pensar adónde vamos, siempre para adelante.

RO: Me preguntaban hace poco qué esperaba para Eterna, cuál es la meta. “Esperar qué cosa, si así estoy bárbaro” (risas).

GM: La meta para mí es Días tristes en el 97. Yo sentí que ya había hecho todo con la banda ahí: edité afuera, grabé en un estudio que era el más groso. Todo lo que vino después fue de regalo.

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