Estallido Punk en Flores

Buzzcocks logró nuevamente demostrar porqué es una leyenda

Por Joel Vargas

Fotos de Martín Benavidez

En la esquina de Pergamino y Avenida Rivadavia, el viernes por la tarde, podían divisarse remeras punks de todos los gustos: The Clash, RAMONES, Sex Pistols, Embajada Boliviana, Flema, entre otras. La celebración era inminente. Había un calor en el ambiente! Los presentes estábamos ansiosos, y algunos pocos calmaban sus ansias pogueando con Mamushkas.
Pero una calma más rabiosa llegó pasadas las nueve de la noche, cuando Los Violadores irrumpieron en el escenario del Teatro de Flores. Pil Trafa (con una remera que decía Punk Lives) y sus secuaces, entregaron una lista plagada de hits punkys. En los ya casi 30 años de la banda, Mercado Indio, Represión y 1, 2 Ultraviolento suenan tan vigentes, que sorprenden mezclándose con dos canciones bastantes nuevas en el “ADN violador”: Bajo un sol feliz y Fashion Revolución. Las pantallas del Teatro rezaban “Los Violadores: los padres del punk-rock en español”, y así sigue siendo, guste a quien le guste. Un público en llamas despidió con aplausos abrumadores a la banda, para luego ponerse más ansioso…
Mientras pasaban videos de punk clásico, también se anunciaba la visita a la Argentina de la banda “The Boys”, en abril próximo. Cuando la calma empezaba a reemplazarse por la ansiedad, un “Olé olé olé” sono detrás del telón. Era el guitarrista y cantante Steve Diggle! La gente empezó a corear con él “Olé olé olé, Buzzcocks”, y paso lo que tenía que pasar: se abrió el telón, la gente del fondo se mandó para adelante empujando. Los Buzzcocks dijeron presente nuevamente.
Lucieron camisas de diferentes estilos: Steve de impecable blanco, infectada con lunares negros. Pete Shelley una verde, donde podía leerse Buzzcocks en un verde más claro. El batero Danny Farrant llevó una camisa con motivos florales y el bajista Tony Barber, más bien sobrio, portó elegante camisa negra y corbata rosa. Abrieron con una catarata de clásicos, uno tras otro: “I Don’t Mind”, “Whatever Happened To…?” y “Autonomy”. En este último tema, en medio del pogo, cuando la batería machaba con una autoridad solemne, un chico se sacó su camiseta de Boca y la mostró como una bandera victoriosa, sin moverse, mientras todos se pegaban. Steve lo señalo y le sonrió amablemente.
Escuchando canciones como “Promises”, puede entenderse un poco más sobre las raíces del rock alternativo de los ochenta y noventa. Entender donde abrevó Pixies para construir sus melodías, o cómo Kurt Cobain construyó esa rabia simpática para los oídos (Los Buzzcocks fueron teloneros en la última gira europea de Nirvana). La voz de Pete Shelley merece la mitad de un párrafo aparte. Una voz aniñada y diabólica (incoherente con su aspecto de viejo) es su gusto adquirido. No podrían estar mejor ilustradas esas canciones si no fuera por esa voz. La banda tampoco podría ser nada sin el carisma de Steve Diggle, que derrocha punk-rock en cada uno de sus movimientos. Su guitarra aullaba a través de un amplificador envuelto en una bandera británica, con su nombre impreso en ella. Cien por ciento inglés, de pura cepa. En “What Do I Get?”, la gente enloqueció y las parejas que antes se besaban, dejaron de hacerlo. Los chicos que descansaban a un costado se acercaron nuevamente al escenario y los que tomaban cerveza alternaron sus tragos entre espacios de tiempo más prolongados. Desde el primer piso del Teatro gritaban. Todos cantaron ese emblema del punk rock de los 70.
Escupidas van, escupidas vienen, los muchachos se entretienen. Todo puede ser en un show punk. La sucesión de temas hizo vibrar al público para concluir en un final impecable con “I Believe”, que duró como 10 minutos. La gente gritando “I BELIEVE”, lo tomó como un grito de guerra, demostrando que el punk está más vivo que nunca. A lo largo del tema, fueron yéndose uno a uno los integrantes, mientras los que aún quedaban seguían tocando. El primero en irse fue Pete Shelley, que con total parsimonia entregó la guitarra a uno de sus asistentes. Su contraparte Steve Diggle tiró la suya al piso y la pateó dos veces. Quedaban nomás el bajo, la batería y la gente gritando. Tony Barber se retiró, quedó solo Danny Farrant, que terminaba de tocar el tema con la bata. Cortó y gritó“I BELIEVE” con todas sus fuerzas.
La gente quería más, solo un poco más. Se pedían los bises. Varios temas de Another Music in a Different Kitchen, Love Bites y A Different Kind of Tension habían sonado estridentes y, como este era un show de clásicos, se eligieron tres de ellos. Steve sale y dice: este tema se llama “Harmony in My Head”. La gente escupió, saltó y pogueó. Pegadito a este tocaron “Ever Fallen in Love (with Someone You Shouldn’t’ve)” y la gente seguía saltando, escupiendo y pogueando. Por último, terminaron con “Orgasms Adict”, quizás una de las canciones más punks del punk. Ahí si que la gente escupió, saltó y pogueó con toda su fuerza, alimentando eso que piensa mi amigo poeta Cj: “esa música se oxida, sangra, última, en el corazón blanco de lo silenciado”1 . Así, los viejos se fueron escuchando el Olé olé olé Buzzcocks, agradeciendo y deseándonos buena suerte.

ArteZeta agradece a AW Shows por la cortesía de haber hecho posible cubrir el evento.

[1] Óxidos e impurezas, en el aura del sauce. Cristian Franco, colección Escrituras Indie, 2009, Pág. 25.


2 comentarios en “Estallido Punk en Flores

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *