Escritura no-creativa, de Kenneth Goldsmith

Caja Negra nos trae los ensayos de uno de los teóricos literarios de moda en el hemisferio norte. Una novedad que no lo parece desde la perspectiva latinoamericana.

Por Alan Ojeda

Copiar un ensayo de internet, entregarlo como propio, defenderlo frente a los compañeros de curso; copiar información y narraciones de internet, hacerle pequeñas modificaciones, presentarlas como producciones propias; “perder el tiempo en internet”, etc. Esas son las propuestas de Kenneth Goldsmith en su libro Escritura no-creativa (2015) publicado por la editorial Caja Negra en su colección Futuros próximos, en la que también figuran autores como Quentin Meillassoux, Boris Groys y Graham Harman. A simple vista estas propuestas de trabajo de escritura pueden parecer “políticamente incorrectas” para la ética del escritor creativo tradicional, ese que, en el imaginario de Kenneth, se encierra en su habitación a buscar un “argumento original” y entrega su vida a la pasión de crear algo único que salga de lo profundo del alma. Quien esté interiorizado mínimamente en autores de la literatura argentina (tan breve en tradición y tan grande) sabrá que eso no es algo nuevo para nosotros. Autores como Borges, Piglia, Arlt, Fogwill, Laiseca, Aira e incluso Sarmiento han hecho escuela de los comandos  insert, select, update, y delete mucho antes de que se pudiera gozar de Internet como la conocemos hoy en día.

En su ensayo “La poesía en la época de su reproductibilidad digital”, Daniel Link dice: “’Hago, rehago y deshago’, dice Deleuze. Por su parte, en su caracterización del ‘arte en la época de la recombinación digital’, Jos de Mul precisa que, ‘Although concrete media art works may differ from each other in many different respects –and for that reason show a family resemblance rather than a single essence– on a fundamental level they all share the four basic operations of persistent storage, an integral part of almost all computer software. This ABCD of computing consists of the operations Add, Browse, Change, and Destroy’, que se dejan leer en los acrónimos: CRUD (Create, Read, Update, Delete) [eufemismo por ‘crap’] y ACID (Add, Change, Inquire, Delete). ‘Esas cuatro operaciones –a las que corresponden los comandos en “structured query language (SQL)’ Insert, Select, Update, and Delete constituyen los elementos dinámicos de lo que podríamos llamar ‘una ontología de las bases de datos, nuestra ontología como seres vivos y como ciudadanos, la ontología de nuestros tiempos, de nuestra modernidad y nuestra poesía.”

Si bien esta teoría parece únicamente en la modernidad tecnológica e informativa (Google, Deep Web, Wikipedia y toda la información disponible en Internet gracias a la tecnología digital) y la aceleración de la experiencia que esta provoca, no hay que olvidarse que la experiencia no-creativa de la escritura ha sido un continuo en la producción literaria argentina y, por qué no, del mundo ¿Acaso Shakespeare dudó en usar historias clásicas y re-elaborarlas mezclando tradiciones, o Racine al escribir Andrómaca y Fedra? Si partimos de la teoría de que hay solo dos movimientos en el arte, que se contraponen y dialogan eternamente a través de los siglos, el clasicismo y el romanticismo, teniendo el primero la pretensión, como señala T. S. Eliot, de trabajar con el lenguaje heredado devolviéndolo más claro y pulido que antes, mientras el segundo posee un deseo más metafísico, intentando manifestar de forma original el estado del alma, parece más sencillo entender qué es lo que sucede. Kenneth justifica su afición por el CRUD y ACID porque “ya hay demasiada información hoy en día como para hacer algo nuevo”.  Borges y la Enciclopedia Británica, Sarmiento y la traducción errónea, Fogwill y la re-escritura de “El Aleph”, Laiseca y la utilización de la historia universal (entre tantas otras cosas) como material literario, Arlt y el folletín o Piglia emulando a Borges y a Arlt, por nombrar solo algunos de los casos más conocidos, son un claro ejemplo del ejercicio de esa práctica.

Escritura_no-creativa

¿A qué se deberá el hecho de que los argentinos seamos tan avezados en el robo? A diferencia de EEUU donde el proceso de homogeneización cultural parece haber calado hondo generando una conciencia de pertenencia e identidad pese a la heterogeneidad de los estados que lo constituyen, Argentina, como señala Borges en “Nuestro pobre individualismo”, vive en un imaginario entrópico, en el caos, en tensión continua con todas sus herencias culturales. Su solución frente a la apabullante historia y tradición fue la apropiación. La literatura argentina fagocita lo que la rodea, es una máquina de CRUD y ACID sin necesidad de ningún manual. Quizá haya llegado a uno de los niveles máximos de autoconsciencia gracias a ese viejo escritor ciego que tantos insisten en matar sin darse cuenta que muerto, la ley del padre se vuelve más fuerte.

¿Posee Kenneth Goldsmith algo que enseñarle a la literatura que parió a Pierre Menard, Homenaje a Roberto Arlt, Help a Él? Cada uno sacará sus conclusiones. Casi siempre, para encontrar respuestas, no hay que ir muy lejos. En un extraño y justificado acto de orgullo podemos dignarnos a decir que, lejos de aprender de algún profesor extranjero de moda, somos nosotros lo que podemos dar clase.

 

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