El Salmón: diez años después

“Gracias por elegir la dirección contraria: la del salmón” escribía Andrés Calamaro hace exactamente diez años, en el texto introductorio a los cinco cds que componen El Salmón, disco caótico que desembocó en su exilio de los escenarios por cinco largos años.
Pero ¿a qué dirección contraria se refiere AC?

Por Omar Sisterna

Encerrado junto a Marcelo “Cuino” Scornick y Jorge “Ñeri” Larrosa en su departamento, ambientándolo para un verdadero infierno creativo, poniendo un único reloj en el horario de Medellín, cerrando las ventanas para evitar el ingreso de la luz, con un piano de color rojo, varias fotos pegadas en la pared de los “amigos ausentes” y una porta estudio de cuatro canales, AC se propuso batir sus propios records en la tarea que un bohemio – músico tiene en la vida: componer canciones. Las largas sesiones de grabación terminaban con la porta estudio incendiada a causa del abuso de uso, en jornadas que duraban hasta la tercera salida del sol. La casa – estudio fue bautizada “Camboya Profundo” y trabajaban bajo el método kamikaze de “… evitar lecturas de periódicos, la radio, la televisión, el cine y, de ser posible, no salir de casa…”.
En aquellas sesiones participaron innumerables músicos amigos, tales como Enrique Bumbury, Pappo, Andy Chango, Ariel Rot, Gaby Carambula y Ciro Fogliatta, que se fueron sumando al proyecto de encierro y grabación promovida por el frenético AC. De esta manera, El Artista dejaba en claro que no le importaban los contratos discográficos, el mercado tradicional de la venta de discos y su éxito alcanzado con Alta Suciedad y Honestidad Brutal, tomando una nueva dirección en su carrera solista (dirección arriesgada no solo desde lo artístico, ya que el encierro que mantuvo entre los años 2000 y 2003 le podría haber costado hasta su propia vida).
El salmón fue un disco muy criticado por la prensa y el público fiel a Andrés se vio desconcertado con la salida del quíntuple, puesto que nadie aseguraba el futuro del músico ni de su presentación. Recordemos que el único video clip fue “El salmón”, donde prácticamente no se ve el rostro de Andrés, dejando más que interrogantes sobre la imagen del poeta maldito.
Cientos y cientos de grabaciones realizó Andrés en menos de un año, pero las 103 canciones que dan forma al disco están regadas de un Andrés oscuro, épico y rabioso, donde escribe y describe sus propias vivencias: habla de amor, de abandonos, de los amigos ausentes, del rencor, de los militares, de la policía, de las distintas épocas que vivió el país que lo vio nacer y crecer. Frases como “…se esconde en el Mercado Central, no vino de Taiwán, el es miedo real, el monstruo de la bonaerense, el momento en que laten los dientes…” (Jugando al límite-cd2) nos muestra a un Andrés crudo y directo como en Un poco de diente por diente, cuarto tema del disco 5: “…qué placer imaginar venganza contra para militar -urgente justicia divina porque viven en la casa de la esquina- la podría incendiar y quedarme escuchando gritar a toda su familia…”. También hay canciones que retratan aquellos días de encierro: “…voy a dar la vuelta al mundo sin salir de casa…” (100% de nada), “…estoy hecho un pálido reflejo de lo que fui alguna vez…” (Pálido reflejo-cd3), “…no voy a tomar la ruta de los sacrificios, prefiero el vicio la música y el amor…” (Días distintos-cd1) “…te muestro mi última canción de mi re re selección de canciones entre montones…” (Expulsado del paraíso-cd4) son algunas de las tantas frases que encontramos en esta obra “incomprendida” que fue El salmón.
En Noviembre de 2010 se cumplen diez años de la salida del quíntuple y, por esto y a modo de conmemoración, Andrés regaló a los aficionados del ciber espacio un disco con canciones de aquella época caótica (más canciones!): El salmón X.
Quizás esa dirección que Calamaro decidió tomar en la corriente musical sea el motivo por el cual tanto músicos como amigos lo respetan y cuentan con su colaboración, porque, si bien la música es un vasto terreno lleno de matices, de lo que sí estamos seguros es que lo hecho en El Salmon no lo hizo nadie.

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