El Mató apunta al futuro y cambia de piel

Con El Tesoro, El Mató a un Policía Motorizado apacigua la espera de su próximo disco, La Síntesis O’Konor.

Por Matías Roveta

“Nos gusta generar cosas, llamar la atención y que nuestra música de alguna forma motive a los demás”, le dijo a este medio Santiago Barrionuevo –voz y bajo de El Mató a un Policía Motorizado- en noviembre del año pasado. La cita bien puede servir para explicar, en parte, la voluntad de cambio de rumbo artístico que la banda de La Plata viene persiguiendo en sus últimos trabajos discográficos: quizá en su momento de mayor convocatoria (la serie de shows en Niceto durante 2016) y con un sonido reconocible y consolidado –el nerviosismo indie de guitarras distorsionadas que se cruzan a cada lado del estéreo, líneas de bajo minimalistas y letras escuetas de engañosa simpleza que hacen base en su imprescindible saga de Ep’s conceptuales (Navidad de Reserva, Un Millón de Euros y Día de los Muertos)-, El Mató decidió apostar al riesgo y esquivar zonas de confort. Una actitud que siempre vale la pena destacar, pero que no siempre resulta en logros artísticos interesantes: sin embargo, la reciente edición del simple El Tesoro seduce por lo novedoso y por lo fresco de sus canciones.

No es algo nuevo y el proceso, en realidad, empezó hace un tiempo. En ese sentido es interesante analizar la evolución del sonido de El Mató. La Dinastía Scorpio (2012) ya proponía un salto cualitativo importante: un sonido más complejo que sumaba matices a la base de rock de distorsión alternativa circa Pixies/Sonic Youth/Weezer y que la banda registó –por primera vez- en un estudio profesional para marcar un alejamiento de las grabaciones caseras de la trilogía; además, incorporó el teclado como instrumento clave en la construcción de los arreglos (no ya como un simple recurso decorativo) y las guitarras de El Niño Elefante –a mitad de camino entre Jonny Greenwood y Albert Hammond Jr.- encontraron espacio para crear riffs sutiles e inspirados (“Mujeres bellas y fuertes” es un hit con el que los Strokes bien podrían apuntalar su despareja actualidad) y texturas de vanguardia noise (“Dos Galaxias” como fundamental lado B de ese disco). Y si el EP Violencia (2015) rescató alguna joya perdida de los inicios (“Violencia”), también incluyó canciones que barrían con el pasado: “Rucho” era envolvente a partir de su ensoñación de arpegios y “Aire fresco” (título sugerente) tenía una base programada junto a algo de tracción a sangre.

El Tesoro lleva las cosas todavía más lejos. El principal rasgo distintivo es el sonido: prolijo y cuidado en las puntas, bien definido, el gran resultado luego de grabar en los estudios Sonic Ranch de Texas junto a Eduardo Bergallo. Algo que bien podría entenderse como éxito traducido en inversión para crecer: de habitaciones en la La Plata a un estudio mítico de Estados Unidos, una buena manera de entender todo lo lejos que llegó El Mató. El simple abre con “El Tesoro”, otra canción que trabaja sobre la base de arpegios limpios de guitarra, pero que tiene una veta pop hasta ahora bastante inédita junto a arreglos de sintetizadores con climas psicodélicos y marimbas. La voz de Santiago Barrionuevo está puesta bien en el frente de la mezcla, logra dinámicas interesantes y condensa una letra que toca tópicos que pueden resultar familiares (“Ah, paso todo el día pensando en vos / ah, ¿qué hay de malo en todo esto? / Ah, paso todo el día pensando en vos / ah, vos pensás que pierdo el tiempo”, dice sobre un amor poco correspondido y su pedido de contención). La mayor novedad es “Madre”: una batería electrónica y con delay, orquestaciones de sintetizadores, algún piano y ninguna guitarra. La referencia podría ser Radiohead y la letra, de nuevo, es bien característica de el Chango sobre todo a partir de un pedido de ayuda nostálgico (“Ayúdame a despertar del sueño oscuro”, le dice allí a su madre y es inevitable pensar en “Más o menos bien”).

El cierre es con un instrumental de poco más de dos minutos y medio llamado “Postales negras” que fue compuesto por el Niño Elefante, quien parece hacer gala de su condición de multinstrumentista a partir de cómo cruza algunos riffs de guitarra mínimos, sonidos apenas abrasivos de sintetizadores y percusiones de marimbas. El próximo mes El Mató editará su nuevo larga duración –La Síntesis O’Konor será el nombre de la placa- y tomando como referencia El Tesoro es fácil prever más incursiones en territorios desconocidos: un gesto noble y valiente de una banda joven que busca evitar las fórmulas conocidas.//∆z

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