El futuro que viene

La escritora de Son Amores (2002) y  El sodero de mi vida (2001), Constanza Novick, se aleja de la televisión para embarcarse en su primera obra cinematográfica. Dolores Fonzi y Pilar Gamboa protagonizan esta historia que proyecta una mirada de las mujeres sobre la vida y las relaciones.

Por Sofía Speca

El futuro que viene presenta una perspectiva fresca y honesta sobre la amistad entre mujeres. Pensado originalmente como una obra de teatro, este drama aborda también la relación madre e hija desde diferentes perspectivas. Las actuaciones de Fonzi y Gamboa le dan fuerza a un relato sencillo, pero no por eso menos emotivo.

El film trata sobre la amistad entre Florencia y Romina, que comienza en la primaria  cuando las chicas comparten las mañanas en el colegio y  las tardes en la casa de Romina. Entre los cambios de la pubertad, los primeros novios y el divorcio de sus padres, irán definiendo sus personalidades dispares, que por momento se complementarán y por otros, las llevarán a tener varios enfrentamientos; Romina, reservada e inmersa en su escritura, será quien siga el ritmo de Florencia, más extrovertida y con la costumbre de desaparecer sin previo aviso para ir detrás de un impulso romántico. La amistad continúa durante su adultez. Las mujeres se reúnen en distintas ocasiones, ya no para practicar una coreografía sino para hablar de parejas, trabajos y proyectos, volviendo siempre a los recuerdos del pasado que tienen en común.

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Novick escribe sobre un tema cargado de prejuicios y estereotipos. La amistad femenina suele plantearse como una relación frágil,  caracterizada por la envidia y las puñaladas por la espalda. Sin embargo, en esta historia no hay maldad ni traición entre las dos amigas. El conflicto aparece intermitentemente pero las discusiones se originan por el choque de las personalidades opuestas de las mujeres y las diferentes etapas de la vida que ellas se encuentran atravesando. A pesar de los roces, su amistad se renueva y adapta a las circunstancias que el futuro trae consigo. Florencia y Romina discuten, se alejan pero nunca dejan de estar conectadas. Aún en los momentos de distanciamiento, Romina continúa defendiendo a su amiga frente a las críticas de los terceros, y Florencia halaga sus habilidades literarias siempre que tiene la oportunidad. Se pueden ver momentos de sororidad cuando el personaje de Gamboa se esfuerza por convencer a Florencia de retomar su escritura y luego conseguir una publicación. Desligándose de las viejas concepciones, se muestra a mujeres que, lejos de querer destruirse, buscan ayudarse e impulsarse.

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La guionista y directora pone el foco en las mujeres y sus relaciones. Los hombres aparecen en un segundo plano, primero como novios y luego como padres, sin intervenir directamente en el desenvolvimiento de la historia. El film busca derribar ciertos mitos del universo femenino; uno de ellos es el instinto maternal y todo el halo de misticismo que cubre este tema. De forma breve pero directa se presenta la idea de que la maternidad  puede no resultar tan placentera y natural para algunas, como se creía que lo haría. El personaje de Fonzi no utiliza metáforas para expresarle a Romina que de haber conocido con exactitud las implicaciones de ser madre, no habría tenido a su hija. Un planteo similar se encuentra en el film de Ana Katz,  Mi amiga del parque (2015), donde la protagonista, luego de tener a su hijo, no logra conectarse con él y desenvolverse fácilmente en el nuevo rol que le toca cumplir. Allí también, el personaje busca apoyo en otras mujeres, dando inicio a una amistad –aunque ciertamente más complicada que la planteada por Novick-. El cuestionamiento de los mandatos y estereotipos femeninos parece ser el nuevo objetivo de las cineastas argentinas.//∆z

 

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