El escritor rabioso

Un perfil de Roberto Arlt, uno de los escritores argentinos más importantes del siglo XX.

“Cuando se tiene algo que decir, se escribe en cualquier parte.
Sobre una bobina de papel o en un cuarto infernal.
Dios o el Diablo están junto a uno dictándole inefables palabras.”
Los Lanzallamas
(1931)

Por Emmanuel Gentile

En su partida de nacimiento figura que Roberto Godofredo Cristophersen Arlt nació el 26 de abril de 1900 en La Piedad 677, actual Bartolomé Mitre, Capital Federal. Hijo de Karl Arlt, un prusiano que había llegado a Buenos Aires como desertor del ejército, y Ekatherine Iobstraibitzer, una campesina nacida en la aldea de Tirol. Muy religiosa, era sin embargo aficionada a las ciencias ocultas y a la astrología, pasiones que transmitió a Roberto.

De pequeño, Godofredo quería ser pirata, inventor, bandolero: “Yo no he estado bien en ninguna parte cuando chico. No he sido un burro, simplemente estaba enamorado de una chica del barrio, a quien deseaba raptar y llevarla a bordo de un barco pirata…”. Dicen que en clase se aislaba o repetía palabras complicadas del diccionario, al que consultaba obsesivamente. Según el propio mito que Arlt construye de sí, a los ocho años escribió su primer cuento, por el que un vecino le pagó cinco pesos.

La adolescencia no le fue fácil. Se llevaba mal con su padre, que era una persona de difícil trato. Esta circunstancia aparece en algunos de sus personajes, como Remo Erdosain, protagonista de Los siete locos: “Pocas veces Erdosain retrocedía a los tiempos de su infancia. Ello quizá, se debería a que su niñez había transcurrido sin los juegos que le son propios, junto a su padre cruel y despótico que lo castigaba por la falta más insignificante”, escribió en su novela.

Por disputas familiares, abandonó su hogar en 1916 y se vio obligado a trabajar en los más diversos oficios, a los que detestaba y, en consecuencia, no le duraban nada. Realizó todo tipo de tareas: pintor de brocha gorda, ayudante en una librería, aprendiz de hojalatero, peón en una fábrica de ladrillos y estudiante fracasado de la Escuela de Mecánica de la Armada. Esta etapa de su vida se ve reflejada en la novela El juguete rabioso, cuyo problema central es la vivencia del joven Silvio Astier. Este personaje debe insertarse al mundo laboral, y es allí donde se encuentra con la explotación, la humillación y todas las consecuencias del sistema capitalista. Sin embargo, tiempo después encontrará en el periodismo y la literatura su verdadera vocación, que será definitiva. En enero de 1920, en el número 63 de la quincenal Tribuna Libre, se publica un breve ensayo: “Las ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires”. Llevaba la firma de Roberto Arlt. Seis años más tarde, mientras escribía para la revista Don Goyo, dirigida por Conrado Nalé Roxlo, se edita El juguete Rabioso, que será el comienzo de una seguidilla de novelas: Los siete locos, Los lanzallamas y El amor brujo, más una compilación de cuentos titulada El jorobadito.

eljugueterabioso

Como periodista trabajó en el diario Crítica y en El Mundo, donde publicaba diariamente sus Aguafuertes Porteñas, una serie de artículos en los que desentrañaba de manera cruda e irónica la identidad de los habitantes de aquella Buenos Aires de los años treinta (Soliloquio del solterón; Los tomadores de sol en el Botánico; La tragedia del hombre que busca empleo).

En 1931 Leónidas Barletta funda el Teatro del Pueblo y convoca a varios escritores de la época a participar en el proyecto. Arlt se suma con El humillado, adaptación teatral de un fragmento de Los siete locos. A partir de allí, su dramaturgia continuará con varias obras más: Trecientos millones; Saverio el cruel; El fabricante de fantasmas; La isla desierta, Africa y La fiesta de Hierro. Varias de sus obras fueron llevadas al cine: Noche Terrible (Rodolfo Kuhn, 1967); Los siete Locos (Leopoldo Torre Nilson, 1973); Saverio el cruel (1977, Ricardo Wullicher); y El juguete Rabioso (José María Paolantonio, 1984). Aquí, un fragmento del film dirigido por Torre Nilson e interpretado por actores de gran talento: Alfredo Alcón, Norma Aleandro, Telma Biral y Héctor Alterio.

En su obra, denota una visión carente de compasión y sentimentalismo. Fija su mirada en las cosas que no pueden ver sus contemporáneos. Registra lo que observa y se adelanta. Predice de algún modo el caos actual: “Sí, llegará un momento en que la humanidad escéptica, enloquecida por los placeres, blasfema de impotencia, se pondrá tan furiosa que será necesario matarla como a un perro rabioso…Será la poda del árbol humano… una vendimia que sólo ellos, los millonarios, con la ciencia a su servicio, podrán realizar. Los dioses, asqueados de la realidad, perdida toda ilusión en la ciencia como factor de felicidad, rodeados de esclavos tigres, provocarán cataclismos espantosos, distribuirán las pestes fulminantes… Durante algunos decenios el trabajo de los superhombres y de sus servidores se concretará a destruir al hombre de mil formas, hasta agotar el mundo casi… y sólo un resto, un pequeño resto, será aislado en algún islote, sobre el que se asentarán las bases de una nueva sociedad.” Los siete locos (fragmento). Murió de un ataque cardíaco el 26 de julio de 1942.//z

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