El arte de pintar con sonidos

Juan Atkins, uno de los integrantes de la santísima trinidad del techno, lejos de dormirse en los laureles con la importancia de su participación en la historia de la música electrónica, volvió a los ruedos con una producción tan futurista (¡es posible!) como lo fue su aparición en los años 80’. Creado junto con Moritz von Oswal,  Borderland nos introduce nuevamente en el imaginario futurista de una sonora odisea en el espacio.

Por Alan Ojeda

Juan Atkins, también conocido por su pseudónimo Model 500. Todos habían pensado que su rol en la historia musical ya estaba cumplido. Cabeza fundadora del Detroit Techno, creador del sello Metroplex -uno de los pioneros del género- y leyenda de las bandejas. Si hay algo que cabe destacar, es lo que significa el Detroit Techno para la historia de la música o, ampliando aún más, a la historia del sonido. Hay un corte, como el de un trueno dividiendo un árbol, entre la aparición de Kraftwerk –de por sí disruptiva para la escena musical de su época-, el synth-pop británico entre los 70 y los 80 y lo que sucedió después del techno. Con la tecnología no llegó sólo el futuro sino también la posibilidad de explorarlo en los espacios infinitos de la imaginación. De un par de chicos cantando con muchos sintetizadores, pasamos a un solitario ingeniero-arquitecto del sonido. Ya no bastaba con usar sonidos raros, había que organizarlos, dar textura, profundidad, eco, algo que, como el sonido del radar de un submarino nuclear, dijera “esto es profundo”.  Borderland nos lleva nuevamente a ese espacio oscuro futurista y de dimensiones infinitas en el espacio. No sólo con la imagen se puede “esculpir en el tiempo”.

Muchos podrán acusar al álbum de repetitivo, pero ¡por favor! nadie se quejaba con los temas eternos de Pink Floyd que nos hacían flotar en un mar de éter, como si volviéramos al útero materno o al mismísimo centro de la creación. Para transitar un paisaje sonoro, hay que tener paciencia, como en todo viaje.

Electric Garden (Jazz in The Garden Mix) abre –o puede que haya existido siempre y solo se nos haya develado- un camino hacia una odisea sin fisuras. Lento, con golpes profundos, ecos espesos y una base rítmica repetitiva, el track explora el camino de la “mínima diferencia”, como cuando nos estamos por dormir, de pronto algo cruje en el silencio de la habitación y nuestro cerebro genera un mapa del origen del sonido sin que nosotros tengamos la voluntad de buscarnos. De esta manera el oyente dice: ¿Dónde estoy? Y algo que lo rodea y lo envuelve le dice “entrando en el sonido”.

Electric dub comienza como sin diferencias. Si uno no viera al reproductor cambiar de tema diría que Electric Garden es eterno, pero no. Electric dub se mete en la lista como un fotograma disfrazado en un montaje cinematográfico.  A casi mitad del tema (dura 11 minutos) un sonido de hi-hats aparece y se intensifica  como en una pendiente vertical acompañado por un ritmo profundo y cargado de groove.

Footprints introduce un sutil cambio narrativo. Más rápido y bailable, agiliza el paisaje con más variantes sonoras sin abandonar el efecto tridimensional de que algo está pasando en primer plano, pero en verdad lo interesante pasa atrás.

Electric Garden (original mix) es un track que necesita de paciencia. Hay que tomarse en serio el trabajo de pretender ser ciego y que tu verdadera vista sea una experiencia auditiva. En este tema Daredevil podría escuchar los grillos escondidos, el aire golpeando las hojas de los árboles, la reverberación del viento entre troncos inmensos, el eco de una cueva en una noche primaveral.

Treehousees una joya funk minimalista. Mucho más bailable y groovero que Footprints, este track agrega nuevos sonidos. El ritmo de base mezclado con las delicadas apariciones del sintetizador con sonido wah-wah y las percusiones generan la sensación de un suave andar de música disco, como John Travolta en Fiebre de Sábado por la Noche, pero con más estilo.

Mars garden hace honor a su nombre. Si se pudiera explicar en dos palabras sólo habría que mencionarlo. Similar en estructura a Electric Garden, pero con los sonidos más distorsionados, como una turbulencia espacial, una interferencia magnética.

Digital Forest tiene un comienzo lento pero los sonidos se acoplan de a poco, como soldando circuitos en al aire o armando constelaciones con el dedo en pleno cielo estrellado. Soldando y armando, en gerundio, porque la acción es sutil pero continua. Ya avanzado el track, podríamos definirlo como deephouse, lento pero bailable, sin dejar de lado ese efecto visual de los sonidos que incitan a cerrar los ojos.

Afterlude cierra, sin apuros, este viaje por un mundo lejano. Lento, como se leen las últimas páginas de un libro. Dura solo 2 minutos y 9 segundos. El tempo es aún más lento que en Electric Garden. La intuición nos dice que será una gran oda final, soberbia, pero no. Todo acaba antes de que se lo espere. Pequeñas distorsiones, sonidos de escenas de tensión en una novela de sci-fi, algo que parece ser una persona que camina escondida y agazapada.//z

Arecia_Octubre

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