El amor después del amor

El invierno llega después del otoño, la primera película de los directores Malena Solarz y Nicolás Zukerfeld,  muestra con sencillez que hay vida después del amor.

Por Sofía Speca

El film de Solarz y Zukerfeld comienza con el reencuentro entre Pablo (Guillermo Massé) y Mariana (Marina Califano), dos treintañeros que se reúnen tiempo después de haber terminado su relación. A partir de allí, sus caminos vuelven a dividirse y las escenas siguientes muestran a Pablo, atravesando el otoño entre fiestas, búsqueda de trabajo y acercamientos románticos; y después a Mariana, que luego de rendir un examen comienza sus vacaciones de invierno, acompañada de sus amistades y su nueva pareja.

Ambos jóvenes están  inmersos en el ambiente de la escritura y el arte, marcados por las críticas y la inestabilidad laboral, donde la cocaína aparece como fuente de inspiración, dispersión e ingresos. Recorren las calles porteñas en busca de libros, oportunidades de trabajo y encuentros con amigos, siempre manteniendo una actitud seria y reservada. Seriedad que por momentos se convierte en frialdad y dificulta la conexión con dos personajes que parecen no verse afectados, de alguna forma, por los acontecimientos y las personas a su alrededor. Sólo Pablo deja ver su costado más vulnerable al intentar mantener el contacto con su ex pareja- que ya no lo nombra ni parece interesarse en mantenerlo en su vida- enviándole el recorte de un diario con un artículo escrito por ella y con anotaciones suyas y un libro que había comprado días atrás.  Si Mariana recibe o no el paquete es uno de los tantos interrogantes que la película abre pero no resuelve.

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Solarz y Zukerfeld trabajaron junto al director Matías Piñeiro en el largometraje A propósito de Buenos Aires (2006) -entre otros proyectos- y la influencia del cineasta puede encontrarse en la temática de esta película, ya que suele situar sus historias en el mundo del arte y la literatura con personajes “intelectuales” de mediana edad, como puede verse en La princesa de Francia (2014) y en El hombre robado (2007).

La juventud, la incertidumbre y la bohemia son temáticas que envuelven este drama con el que debutan los directores. Sin salirse de las situaciones cotidianas de la vida de sus protagonistas, embellecidas por el trabajo de fotografía de Fernando Lockett, el guión tiene pequeños momentos de reflexión y humor acompañados por buenas actuaciones. Con rasgos de la nouvelle vague francesa, el film aborda la búsqueda de certezas y compañía de los jóvenes adultos, sin demasiada profundidad ni pretensiones.

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