DIFERENTES MANERAS DE CONJUGAR MÚSICA Y POLÍTICA: 1987-2014

Por Fernando De Leonardis

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Pibes de entre 8 y 15 años tiran piedras contra tanques de guerra. La batalla es desigual: de un lado pibitos hambrientos, huérfanos, sometidos a vejaciones diarias; del otro adultos recién salidos de la adolescencia alimentados balanceadamente que permanecen protegidos dentro de los tanques, hijos de papás empresarios y mamás profesionales, que someten todos los días a miembros de otro pueblo. Luego de muchos minutos, los pibitos, exhaustos y cercados, con lágrimas en las mejillas, levantan sus brazos y los mantienen alzados.

Uno de esos niños está retratado en la remera. La foto es muy famosa, casi como la imagen del Che Guevara con boina capturada por Korda. Sé que la imagen fue tomada en 1987 en Palestina durante la Intifada contra el sionismo, hacia el final de una de las seguidas y constantes redadas callejeras contra la población palestina, cuando Massacre Palestina grababa su primer disco en Argentina.

Esa foto impresa en mi remera es la que fue reproducida en el homónimo primer disco (EP) de Massacre Palestina.

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¿Desde cuándo tengo esta remera? No lo recuerdo con precisión, pero la tengo desde algún momento del año 1994 o 1995. La compré en una disquería de la ciudad de Buenos Aires mientras revolvía entre bateas en busca de compact discs. Detrás del mostrador donde atendía el vendedor había una vitrina. Allí, diseminadas entre cajas de edición limitada de compactos y vinilos, estaban exhibidas tres remeras que reproducían portadas de discos: la del LP London Calling deThe Clash, la del single God Save The Queen de Sex Pistols y la del EP Massacre Palestina. Desde entonces la uso una o dos veces al año: así logro mantener con vida a la remera y también es la doméstica vara con la que mido si estoy excedido o no de peso…

La foto reproducida atestigua la última vez que la usé: el 18 de abril de 2013 en la presentación de una de las sesiones del ciclo de poesía y música Otoño Antropoético que aún organizo.

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En 1987, cuando Massacre Palestina grabó su primer disco, yo tenía 15 años. (¿El EP salió en 1987, 1988 o 1989? No encontré la caja de zapatos que, estoy seguro, alberga al casete Massacre Palestina junto a otros de la época –los dos de El Corte, el de Los Pillos, el de Los Encargados y algunos otros de los sellos Radio Trípoli y Berlín Records– y en consecuencia no puedo confrontar la fuente, pero la diferencia de tres años no modifica en nada la reflexión que leerán a continuación: en ese lapso de tiempo aún coexistían en el mismo orbe civiles palestinos asediados por soldados israelíes y Massacre Palestina). Entonces me gustaba que un grupo de rock se llamase Massacre Palestina y que en plena rebelión popular palestina contra el Estado sionista se animara a publicar un disco debut con la imagen de uno de los tantos niños que protagonizaban la Intifada.

Y es que al denominarse así, el grupo no se refería a una simple masacre sino a una doble massacre: quienes masacraban a los palestinos antes habían sido diezmados como pueblo por los nazis; los sionistas se comportaban en Palestina como auténticos SS; masacrados massacradores: tal la paradoja de la Historia. Además, la limpieza étnica que aplican los israelíes desde que la ONU legalizó la ocupación sionista de Palestina, como cualquier política de exterminio, no distingue edad ni sexo: de ahí la impactante crudeza que irradia el humillado niño de la portada del disco debut de Massacre Palestina.

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Luego del debut discográfico el grupo dejó de usar el apelativo Palestina. Según Walas y El Tordo –cantante y guitarrista originales, respectivamente– la lengua popular suprimió el segundo término del nombre: pasaron a ser reconocidos simplemente como “Los Massacre”. Sin negar la importancia secundaria de esta explicación, el grupo se dio cuenta de que portaba una identidad política definida que no estaba dispuesto a sostener. Identidad política en esta doble dimensión: al interior de la escena hardcore-punk y en el contexto más amplio de las relaciones políticas internacionales.

Con respecto al primer término, la escena hardcore-punk de la ciudad de Buenos Aires de la época se identificaba políticamente en tres sectores ideológicos claramente diferenciados –grosso modo y de izquierda a derecha–: “anarcopunks”, “indiferentes” y “skinheads”. Sólo para ejemplificar con algunos nombres dicha coyuntura: dentro de los “anarcopunks” estaba el grupo Miles de millones de cadáveres de niños negros muertos de hambre y de frío (así se llamó en 1986, luego autodenominados Cadáveres de niños y finalmente Cadáveres al momento de su disolución en 1995) donde tocaba la bajista Patricia Pietrafesa, quizá la portavoz más destacada de esa tendencia ideológico-musical. En el otro extremo estaban los “skinheads” con Comando Suicida como una de las bandas más conocidas, grupo que desde su formación en 1984 nunca negó su ideología nacionalista (en “Ultimo recurso”, canción incluida en el disco Invasión 88 que reunía canciones de grupos hardcore-punk, cantaban “Ni izquierda ni derecha, tercera posición”), siendo su cantante Sergito uno de los referentes más conocidos. Por último, entre los “anarcos” y los “skins” se ubicaban los “indiferentes” en términos políticos, grupos que no enarbolaban explícitamente ninguna de las dos banderas ideológicas precedentes: aquí podríamos incluir a Massacre Palestina. Si bien el grupo estaba en contacto con la subcultura anarco punk, sus canciones estaban centradas en el yo que recorría el asfalto porteño montado sobre una patineta mientras imaginariamente surfeaba las olas de California. Era raro que un grupo de estas características tuviera un nombre tan inflamable en términos políticos…

El otro aspecto político es internacional. En Argentina y en todo el mundo “occidental”, en 1987 el genocidio perpetrado por el Estado sionista era denunciado casi exclusivamente por sectores de la izquierda política clasista o de derechos humanos. Desde que fue proclamado como Estado en 1948, Israel fue reconocido en primer término por Inglaterra y Estados Unidos más el apoyo de la entonces estalinista Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, pero con el correr de los años fue saludado por casi todos los países no árabes, la República Argentina incluida, y así seguían las cosas en 1987. Además, particularmente en Argentina, el lobby sionista era y es muy influyente: off the record un miembro de la primera formación de Massacre Palestina me reconoció que integrantes de organizaciones sionistas les hicieron saber que no les gustaba el nombre; y el segundo disco (primer LP) del grupo, Sol Lucet Omnibus, publicado algunos meses después del atentando de enero de 1992 contra la Embajada de Israel en Buenos Aires, fue firmado simplemente como Massacre.

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Los miembros originales de la banda habían coqueteado con un nombre que, se dieron cuenta casi enseguida después del debut discográfico, nada tenía que ver con la propuesta artística que querían comunicar y por eso quitaron “Palestina”.

Pero en 1987 (y asimismo en 1988 y 1989), en plena Intifada, yo me consideraba un izquierdista decididamente antisionista; en 1994-1995, cuando compré esta remera, también; y ahora, en 2014, me considero un impertérrito ultraizquierdista antisionista. Y tanto en 1987 (¿o fue en 1988 o 1989?) cuando vi la portada del disco en aquel momento aún no reproducida en ninguna remera, como en 1994-1995 cuando advertí la fotografía de la portada del disco debut reproducida en la prenda que me compré y comencé a usar, como en 2014 que la sigo vistiendo, la imagen del asediado niño y ese apelativo (Massacre Palestina) se me revelan revulsivamente esclarecedores.//z

Fernando De Leonardis (Vicente López, 1972) es sociólogo, editor de libros, gestor cultural, músico y escritor. Escribe sobre literatura, música y sociedad en el diario Clarín y en las revistas Rolling StoneLos InrockuptiblesADN del diarioLa Nación y Ñ del diario Clarín. Es autor de varias entradas del Diccionario de punk y hardcore (España y Latinoamérica)(VV. AA., Fundación Autor, Madrid, 2011), del poema “Fausto” incluido en Himnos nacionales: antología poética mundialista (VV. AA., Añosluz, Buenos Aires, 2014) y de la plaqueta de microficciones entre la tristeza y la nada y otros incidentes e intervenciones textuales de ultraizquierda (Casi Incendio La Casa, Buenos Aires, 2010). Este año se publicarán dos volúmenes de poesía de su autoría: diamantina (Milena Caserola, Buenos Aires) y un palito ortega por cada millón de tucumanos hambreados (Añosluz, Buenos Aires). Gestiona el Ciclo Antropoético https://www.facebook.com/Antropoetic

Crédito de la foto:  Fede Gall 

Arecia_Diciembre

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