Guns N’ Roses en River (17/7/1993) su última vez juntos

La carrera de los Guns N’ Roses fue corta pero intensa. Su pico creativo duró tan solo unos años, desde el fenomenal disco debut Appetite for Destruction (1987) al grandilocuente disco doble Use Your Ilussion (1991). Lo suficiente como para pasar a la historia y convertirse rápidamente en una de las más grandes bandas de rock de todos los tiempos.

Por Matías Roveta

Como demostraría Nirvana casi al mismo tiempo que ellos, los grandes momentos de la historia del rock duraron, a veces, solo unos instantes. El momento cumbre para la banda de Kurt Cobain (y para el grunge en general) fue el Unplugged de 1994 grabado en New York. Si hubiera que elegir un episodio que documenta a los Guns como banda, ese debería ser alguno de los maratónicos shows que dieron durante la Use Your Illusion Tour, que los trajo al estadio River en dos ocasiones. La gira se inició el 24 de mayo de 1991 en Wisconsin y terminó el 17 de julio de 1993 en nuestro país. Duró 28 meses (durante los cuales recorrieron el mundo dando 192 conciertos) y quedó registrada para la posteridad en el álbum doble en vivo Live Era (´87-´93). Así, los Guns demostraron de qué eran capaces: shows demoledores, himnos inmortales y rockeros de ley dejando todo arriba del escenario.

Pero la intensidad con que vivían su vida Axl, Slash y compañía, aparejaba evidentes consecuencias, generando desgastes y fricciones en el seno de la banda. Guns N’ Roses era algo tan glorioso como polémico, haciendo de ese período algo tan productivo como controversial: editaron excelentes discos, pero, a causa de desproporciones y escándalos (en parte fomentados por la prensa amarilla) fueron acosados sin respiro. La lucha de egos, la incipiente locura de Axl y la delicada situación de Slash, perdido en sus adicciones, eran algunos de los problemas. Como si no bastara, el otro gran artífice de la banda, Izzy Stradlin, un prólifico guitarrista que había participado de manera decisiva en la creación de muchas de las mejores canciones, se había alejado del grupo tras discusiones con Axl, para ser reemplazado por Gilby Clarke.

En ese marco fue que visitaron Argentina, una vez en diciembre del ´92 y otra en julio del ´93. Guns N’ Roses fue una de las bandas que llegó al país en la cresta de la ola y, en esas visitas, cultivaron un gran cariño por el pueblo argentino. Para una banda de rock salvaje por naturaleza, encontrarse con un público efusivo como el nuestro significaba sentirse como en casa. Aunque también había otro detalle, no menor: el contexto socio-económico y político del país. La relación de cambio entre el dólar y el peso les permitía acumular acá lo mismo que en el primer mundo. Por otro lado, el clima alocado y de jolgorio permanente que vivían ciertos sectores durante la Argentina de los ´90, iba a tono con la filosofía de cualquier banda de rock. En otras palabras, se encontraron con un país que los alababa, al que convenía venir y en el que podían hacer lo que querían. Quizás con estas visitas, como con la primera de los Stones en el ´95 (cuando Menem los recibió en persona en la casa Rosada), puede verse parte de esa coraza festiva con la cual estaba recubierta la realidad social de la argentina menemista, para que, por detrás, tuvieran lugar actos de lo más siniestros. Lamentablemente, a veces sin quererlo, el rock es cómplice de esto.

Pero más allá de las polémicas, Guns N’ Roses era una banda ideal para ver en vivo. Una banda de hard rock que incluía, en su amalgama, desde rock and roll y blues, hasta glam metal (música pesada, calzas ajustadas, largas melenas rubias y músicos tocando “en cuero”). Pero más allá de los guiños al rock clásico, tenían en su música un componente fundamental: la crudeza y la actitud punk, esa especie de rebeldía hedonista y destructiva hacia la vida. Aunque algo de callejero y pendenciero, que definió de lleno la estética de la banda, se tradujo también en un machismo exacerbado (rozando la misoginia), transformándose en un correlato negativo. No obstante, lo importante es que la calidad de las canciones permitía no desviar tanto la atención de ellas. Tenían lo que toda gran banda de rock siempre tuvo: un guitarrista virtuoso y capaz de instalar un estilo distintivo en su manera de tocar. También un cantante sobrenatural, con una voz casi inhumana, que continuaba la tradición Plant- Jagger- Tyler, de cantantes de rock con timbres agudos y mucha personalidad escénica.

Motivos para verlos en vivo sobraban, aunque uno sería, a la postre, el detalle de color que quedaría grabado en la memoria. El show del 17 de julio de 1993 en el estadio de River Plate, fue la última vez que Guns ‘N Roses se subió al escenario con su banda completa y sus tres miembros fundadores presentes -Axl, Slash y Duff McKagan-. Luego de ese par de shows en Argentina, elegidos por el grupo para cerrar esa extensa gira de dos años que los traía a “Sudamérica” (tocarían solo acá), finalizado el tramo “Europeo”, la banda se tomaría un largo descanso. A mediados de ese año, en julio, comenzarían a grabar su último disco – “The Spaghetti Incident?” (1993) – que sería editado en noviembre. En el medio hubo algunos esporádicos shows, aunque con una banda fragmentada, donde siempre se ausentaba algún integrante (generalmente Slash). Gilby había sido despedido y Duff estaba a punto de marcharse. El verdadero desenlace en la vida de Guns N’ Roses, el final para ellos y para una era del rock, fue ese concierto en Argentina.

Durante el show recorrieron gran parte de sus clásicos: “Welcome to The Jungle”, “Patience”, con pasajes de “Pinball Wizard” de los Who y de “Imagine” de Lennon. “Sweet Child on Mine” y el eterno riff de Slash, “November Rain” y su larguísima intro de piano en manos de Axl, o “Nightrain” y los silbatos del inicio. No faltaron, por supuesto, los covers: “Live and Let Die” de Paul, “Dead Flowers” de los Stones y “Knocking’ On Heaven’s Door” de Dylan. El final, como no podía ser de otra manera, es con la potencia de “Paradise City”, esa oda a la marihuana y a las mujeres bonitas, que incluye una extensa intro con partes de “Let It Be” de los Beatles y “Mother” de Pink Floyd.

Con estas cintas piratas que registran ese acontecimiento, con tanta emoción contenida en los incesantes gritos del público, con las altísimas notas de Axl y los inolvidables punteos de Slash, se está siendo testigo de un momento único. Una cosa es clara: el audio es malo. El show enorme.


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