Gastón Malgieri: “Creo en la literatura como herramienta”

Letras indies: fuimos presos de la noche con el escritor independiente Gastón Malgieri y charlamos de temas infinitos en una nota minuciosa.

Por Joel Vargas

“Quiero devenir indie. Quiero transpirar indie. Quiero desearte indie. (…) Me pondré una gorra, y juraré que me la ha regalado Michael Stipe después de besarme en una plaza de Athens, Georgia, el invierno del ’83 justo antes de sacar Murmur. Justo antes de amar Murmur“. Estas hermosas palabras son pequeños retazos de “Cadencia Indie” y desnudan el alma de su autor, Gastón Malgieri. Recuerdo que la primera vez que leí ese texto me quedé maravillado por la perfecta combinación de música y literatura, un matrimonio que nunca debería separarse. Ese momento fue la entrada a un mundo melómano y cinéfilo de pulóveres rayados, mujeres con bocas bien rojas, vidrios empañados, cigarrillos consumidos y amores en polvo. Es como un sueño vintage que parece anclado en algún tiempo y espacio donde las décadas del noventa, ochenta y setenta suceden al mismo tiempo. La banda sonora es una playlist de lo mejor de The Cure, Echo and The Bunnymen, The Smiths, Nick Drake y R.E.M. En ese universo parece ser que siempre hace frío, Morrissey podría ser un detective de poca monta que toma café barato en un barcito y Joan Baez su seductora clienta. Las letras de Malgieri parecen que se escapan de ahí o por lo menos saben de lo que estoy hablando e imaginando.

Hace algunas semanas empezamos vía mail esta entrevista que fue mutando a lo largo del tiempo, un poco por parte de él y otro por parte mía. Fue una conversación casi siempre nocturna porque somos de la misma especie, presos de la noche. En esa adicción noctambula hubo cafés, humo de cigarrillos ardiendo en nuestras gargantas y un hermoso insomnio. Malgieri es marplatense de nacimiento pero reside actualmente en Córdoba. Por eso fue necesaria la comunicación a través de un medio frío como Internet, aunque con el correr de los días eso no se notaba, nuestras voces eran las letras del teclado. Tratamos de tocar varias aristas de los intereses de él. Digo tratamos porque cuando uno entrevista a un escritor las notas se escriben a cuatro manos. Seguro se nos escapó algo pero eso es inevitable, los temas son infinitos y las notas son minuciosas. La literatura independiente, el rol del escritor, la fotografía, la diversidad sexual, la música y el periodismo dicen presente. Tal vez faltó hablar un poco más de política y de cine, pero como dije antes los temas son infinitos y las notas minuciosas.

Sus textos fueron publicados por varias editoriales independientes argentinas, entre ellas Dársena 3 y Difusionalterna. Hasta fue editado en Puerto Rico, Italia y Estados Unidos. También se destaca por co-dirigir Di/Verso Taller, junto a Vanesa Almada Noguerón, desde el año 2009. Este taller de lecto- escritura es sobre la diversidad sexual y tiene como propósito constituirse como un espacio abierto de reflexión y producción poética sobre la temática de la representatividad sexual en Argentina y en el mundo. Se orienta a la creación de textos poéticos y narrativos que busquen reflejar la pluralidad de voces del colectivo. Di/Verso Taller es un fiel reflejo de los tiempos que corren, donde el arte es fundamental para la expresión de aquellos que casi nunca son escuchados. Por suerte existen propuestas como éstas, que brindan herramientas y disparadores artísticos. El taller se dicta en Córdoba, en Mar del Plata y de manera virtual.

AZ: ¿Cómo surgió Di/Verso Taller?

GM: Di/Verso (que en principio se llamó Poética Del Deseo Homosexual) tiene por lo menos, dos orígenes. Por un lado, una propuesta de trabajo concreta que me hiciera la escritora marplatense Evangelina Aguilera, una amiga personal. A partir de su lectura sobre algunos textos con los que estaba trabajando en esa época (hablamos de marzo/abril de 2009), y que estaban de alguna manera circunscriptos a mi visión acerca de las experiencias deseantes no hetero-normativas, Evangelina me invita a publicar algunos de esos textos en el Suplemento Cultura del diario La Capital de la ciudad de Mar del Plata -de donde soy oriundo-. En el contexto de las reuniones que mantuvimos como parte del trabajo de selección de esos textos, se me plantea el desafío, enorme, de poder rastrear la ausencia de un espacio en la ciudad que versara sobre la representatividad del deseo homosexual en la literatura, y hacer algo al respecto. La propuesta concreta era coordinar un taller, un espacio, donde confluyeran otras voces que vinieran con búsquedas similares a las que venía trabajando como escritor.

El otro origen responde a la propia necesidad de colectivizar la experiencia deseante, la forma en que veía el mundo como parte de un colectivo que no tenía, hasta ese momento, representatividad en la ciudad balnearia, fuera de los espacios de sociabilización en los que jamás me sentí cómodo: el bar, el boliche, la vida nocturna. Venía viendo que las llamadas “minorías sexuales”, fuera de las grandes urbes, eran volcadas a esos espacios de vinculación, casi en forma excluyente. O al menos eso creía en ese momento. Y estaba convencido de que ésas no podían ser las únicas formas de interrelación con otrxs similares. Por la forma de expresión que había adoptado desde hacía años, la literatura era la manera, era el camino a tomar para responder a esa necesidad. Y decidí operar al respecto.

Creo en la literatura como herramienta. Con ese sentido se empezó a delinear Di/Verso.

AZ: Esa herramienta que es la literatura ¿Cuándo empezaste a usarla? ¿Cómo surgió la necesidad de escribir?

GM: Justamente ambas cosas se dieron a la vez, me refiero a comenzar a escribir, y el hacerlo como una necesidad de decir, de poner en palabra, de romper el silencio al que muchas veces somos condenadxs. Cuando digo “somos”, me refiero a las personas con una construcción de género/deseo/corporal, distinta a la hetero-normativa.

Tengo el recuerdo de la adolescencia como una etapa de muchísimo dolor e introspección respecto a mi propio deseo. Y creo que la literatura, como otras artes que disfrutaba como espectador, me permitió crear mi propio refugio a tanta agresividad, a tanto rechazo. Escribía y decía lo que no podía poner en palabra, en tanto discurso. Había probado siete años como actor, tuve alguna incursión en la plástica, pero fue en las letras donde encontré el espacio de creación, o al menos, el lugar donde me sentía más libre creando, más auténtico. Creo que concientizarme de la literatura como herramienta vino con el tiempo, pero quizás haya sido el motivo, la razón por la que empecé a garabatear los primeros cuentos, los primeros versos.

AZ: ¿Di/Verso es como la superación de “La poética del deseo homosexual”? Ya desde el nombre parece eso.

GM: Respecto a la mutación del nombre del taller, me resulta interesante que me preguntes si se trató de un cambio superador. Quizás recién ahora, a partir de tu pregunta, lo puedo ver así. Cuando como autor, y como ser humano, comencé a ver que no solo lxs oprimidxs éramos los homosexuales, que me faltaba mucho recorrido, muchísima información para entender desde mis ojos, desde mi historia, que también había otras opresiones operando. Decidí ampliar la mirada y por ende, el campo de acción del taller como tal.

Por eso pasó a ser Di/Verso, para incluir, para sumar, para diversificar las voces. En ese momento no lo tenía tan claro. Simplemente fue un cambio de nomenclatura -casi me atrevería a decir- inconsciente. Un cambio incluyente, claro, pero hasta este momento no había racionalizado el porqué de esa inclusión. Aprender a escuchar en principio otras realidades distintas a la mía, realidades que desconocía, pero que tenía ganas de escuchar y a las que por sobre todas las cosas quería difundir.  Tenía con esas otras realidades deseantes, el común denominador del silencio (auto-impuesto y social, claro). Y supongo que ese cambio operó superadoramente en ese contexto: rompiendo otros silencios similares.

AZ: Hablemos un poco de  música. Tus textos están atravesados mucho por ella ¿Es algo que buscas o sale naturalmente?

GM: Tengo un costado absolutamente melómano. Hay música donde quiera que esté. Todo el tiempo. No concibo la vida sin música. Supongo que hay un costado de músico frustrado en mí, o más bien de musicalizador, en términos cinematográficos. Creo que una escena, un relato, un capítulo de una novela se termina de construir mejor con una canción.

Soy curioso, me gusta husmear en nuevos registros musicales todo el tiempo. Creo que esa influencia musical en mis textos cambió radicalmente el día que vi “Alta Fidelidad” (High Fidelity) del director inglés Stephen Frears. La utilización que hace Frears de las canciones para contar la ruptura entre el personaje de John Cusack (Rob) y de la actriz danesa Iben Hjejle (Laura) me pareció y me sigue pareciendo brillante.

Encontré en la construcción del relato que hace Frears, un norte. Y quise, a partir de ello, jugar a armar pequeños sountracks o bandas de sonido para las historias que elegía contar. Algo de ello se convierte en explícito en el blog/novela que llevo escribiendo hace algunos meses: indiepolaroid. Fue en ese espacio donde me permití jugar con la idea de “banda de sonido” con la que venía coqueteando en otros textos que nunca he editado. Cada capítulo de indiepolaroid está musicalizado de forma tal que, o bien forma parte del relato o bien es accesorio a éste, como si se tratara de la música incidental de un film que jamás filmaré. El film es indiepolaroid.

AZ: Hace un año editaste a través de Difusionalterna, unos relatos pertenecientes a la saga de Medio Pelo Sidecar. ¿Qué es lo que te lleva a escribirla? ¿De dónde surge este personaje?

GM: Mediopelo Sidecar surgió en medio del conflicto entre el gobierno argentino y las patronales agropecuarias entre marzo y julio de 2008. En ese entonces trabajaba en una empresa multinacional de telefonía celular y circulaba entre mis compañerxs de trabajo una especie de River/Boca esquizofrénico, que en realidad era la representación a escala de la esquizofrenia que planteaban los medios masivos de comunicación y que se expandía como una gripe por los grandes centros urbanos del país. Tenías por un lado, compañerxs de cierto corte progresista, que tomaban partido a favor del gobierno kirchnerista, diciendo que las patronales agropecuarias eran el enemigo que quería quedarse con todo el poder, poniendo a dicho gobierno en el lugar de la figura inmaculada y popular, y por otro, compañerxs que demonizaban al gobierno con argumentos tan insostenibles como que querían convertir al país en la próxima Cuba. Algo de esto tenía que ver, por supuesto con la construcción antojadiza que hacían ambas partes del conflicto, respecto a sus reales intereses. Y los medios ayudaron a amplificar esta disputa de poder, y banalizarla a tal punto que no sabías si lo que estabas viendo era dicho conflicto o una copia barata de “Gran Hermano” donde lxs televidentes tenían que elegir uno de los dos finalistas, mandando un mensaje de texto. Como escritor este simplismo del conflicto me parecía sumamente enriquecedor. Y Mediopelo Sidecar es justamente mi intento de dejar plasmado ese simplismo, con el que no estaba, ni estoy de acuerdo.

Fue mi manera de no prenderme en esa histeria tan de la clase media. En medio de ese ámbito de trabajo te juro que era casi imposible. Volvemos a lo que hablábamos antes de la literatura como herramienta. Antes de quedar pegado a esa dicotomía, elegí adueñarme de ella como autor y exacerbarla, casi al borde del absurdo. Siempre presentí que Mediopelo fue una liberación. No solo en términos de personales, sino como escritor. En esos textos me permití jugar, reírme, incomodarme con lo que decía. Reírme de algo que no me causaba gracia en lo más mínimo.

AZ: La literatura y la política siempre están atravesadas: ¿cuánto de vos hay de militante político en tus textos?

GM: ¿Cuánto hay de militante en mí? No lo sé. Si por militante te referís a que hay una mirada política puntual sobre el estado de las cosas de las que elijo hablar, pues entonces sí. Me interesa dejar en claro desde donde hablan los personajes de mi narrativa y desde dónde surge el “yo poético” de mis versos. Si eso es militancia o no, no lo sé. Sí hay una postura política particular. Por supuesto que la hay. Como lector, generalmente los autores a los que leo son aquellos que pueden hacerme ver el mundo desde un costado político/social que por otros medios, no logro vislumbrar. Es probable que como autor algo de esto circule. No sé si llamarlo militancia. Es una posibilidad. Sí quizás haya en la coordinación de Di/Verso Taller y en su continuidad una necesidad de militancia. En ese sentido creo que pluralizar las voces, poner en palabra, es una forma de militar.

AZ: ¿Quiénes son tus referentes en la literatura? ¿Qué artistas te motivan?

GM: Es raro. Nunca me puse a pensar quiénes eran mis referentes. Sé que hay autores que circulan o están presentes en lo que escribo de formas más o menos evidentes y con los cuales he intentado, vanamente, establecer un diálogo. Esas referencias son muy variadas. El primer golpe literario me lo pegué cuando en el secundario leí Rayuela, de Julio Cortázar.

En mi casa no había biblioteca, ni nada que se le pareciera, con lo cual no vengo de una familia donde se cultivara el placer de la lectura, ni tenía, por ese entonces, marco referencial sobre qué leer y por qué leerlo. Más bien todo lo contrario. Se miraba cine. Mucho cine. Sobre todo cine catástrofe. Había cierta pasión por ver reiteradas veces “Infierno en la torre” con  Steve McQueen y Paul Newman, o “Aeropuerto” con Burt Lancaster y Dean Martin. Pero no, leer no se leía.

Y fue una profesora de literatura latinoamericana en cuarto año quien me hizo leer al citado Cortázar, a Galeano, a Borges.

Luego, una búsqueda digamos más pos-adolescente, me topó con una colección que editó Planeta durante los 90’s: “Biblioteca del Sur”, donde me crucé con La Pasión en Colores de Carlos Bernatek y con dos o tres novelas de Antonio Dal Masseto. También apareció Bajar es lo peor de Mariana Enríquez, una novela fundamental para mí. Y Osvaldo Soriano. Todo Osvaldo Soriano. Una sombra ya pronto serás y su última publicación La hora sin sombra, fueron y seguirán siendo esos libros que cada tanto me encanta releer. No sé cómo han influenciado esas primeras lecturas en lo que escribo. No era tan consciente de eso, por aquel entonces.

Hoy, el panorama es muy distinto: luego de esa primera búsqueda, aparecieron Puig, los primeros poemas de Perlongher, Pedro Lemebel, Copi, Arenas y, los que creo, resultaron ser dos autores fundamentales en mi experiencia como lector y, por supuesto, como escritor: Alejandro Urdapilleta, con su Vagones transportan humo y Fernando Noy con Hebra Incompleta. Quizás fue de ellos (y de Susy Shock, con su Poemario Trans Pirado) de donde tomé cierto devenir de la performance, de la poesía y la narración poética para ser dicha, puesta no solo en la voz, sino en el cuerpo. No quiero decir con esto que sienta que mis textos pueden acercarse a estxs autorxs. Para nada. Pero sí veo cierta convivencia con sus formas de ponerle cuerpo a los versos, a lo dicho, a lo escrito.

Esta última parte de la búsqueda fue mucho más reflexiva. Digo, se trató de una búsqueda personal y a conciencia.

AZ: Me interesa rescatar la figura de Osvaldo Soriano y volver a plantear la militancia política en los artistas ¿Cómo pensas esta idea? ¿El artista tiene que jugársela por una ideología y mostrarlo públicamente? ¿O tiene que quedarse como un censor, observando y esperando el error, o sea ser crítico?

GM: En principio una de las cosas que más me llamó la atención de Soriano, fue el ataque que se le hizo (y aún hoy se le hace) desde lo académico. Recuerdo que dos años antes de que falleciera, y sin que hubiera tenido acceso a su obra, fui a verlo en una charla que brindó en el Aula Magna del Complejo Universitario marplatense; de puro curioso. En esa charla, Soriano, entre otras cosas, renegaba en cierta medida de ese ataque constante desde el ámbito académico. Por ese entonces, y desde hacía un tiempo, circulaba la idea de que su obra tenía una calidad literaria cuestionable, por el solo hecho de vender mucho, de ser un best seller. Y sé, que de alguna manera, esa charla, esa reflexión, me hizo interesarme mucho más por su literatura. Yo reniego de los tronos. No solo el académico, de los tronos y los laureles en general. Por supuesto, después de leerlo no solo no compartí la postura endemoniada de los popes de la corrección literaria respecto a las novelas de Osvaldo, sino que además advertí que entraban a jugar otras cosas en esto que parecía una simple discusión esteticista de su creación. Entre ellas, la postura ideológica que Soriano plasmaba por escrito. Sobre todo en No habrá más penas ni olvido y su descarnada mirada del peronismo.

En cuanto a la “militancia política” de lxs autores, la verdad es que no se las exijo. Digo, como lector. Y de hecho, no creo que la obra de un autor tome mayor cuerpo, mayor relevancia simplemente porque refleje o no su postura ideológica o su militancia en forma pública. Sí es cierto que hay en mis búsquedas como lector, cierta mirada crítica, como te decía antes. Pero no creo, para nada, que la militancia sea ese algo impoluto e incuestionable que jerarquiza a un artista o lo hunde en el olvido. Conozco muchísimos artistas “militantes” cuya obra no me llama la atención en lo más mínimo, y sí podemos coincidir políticamente hablando.

Por último la idea de censor, el tipo que espera el error para opinar, me parece una figura desdeñable. Un poco como operan ciertos programas de la televisión actual. Digo, por un lado reflejan una realidad que quizás los llamados “medios hegemónicos” no reflejan, por proteger sus intereses económicos, claramente; pero también esos programas (678, TVR, Duro de Domar, todos de la factoría del productor Diego Gvirtz) lo que en definitiva hacen es construir sentido con fragmentos de discursos. Construir sentido para defender sus propios beneficios, sus propios intereses económicos, que los tienen, aunque renieguen de ello. No sé, no me parece interesante esa idea que esgrimen: “pisá el palito, que yo termino de construir el sentido con lo que vos acabás de decir”. Operan, me parece, como censores, como paladines de la corrección política bien pensante, y llega un punto que se les nota la hilacha.

 

 

Gastón Malgieri from ArteZeta on Vimeo.

 

Arecia_Octubre

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