Chary : “El rock siempre fue un cartón pintado”

Con casi tres décadas sobre los escenarios, Loquero presenta el domingo en Salón Pueyrredón su último disco, Fabulosos creadores de paranoia. “El rock es una payasada discográfica”, sostiene Chary, su cantante. 

Por Agustín Argento

“Disculpá que no puedo hablar en otro momento. A la tarde estoy en la sala de terapia intensiva del Hospital Regional de Mar del Plata”. Chary, enfermero de profesión, atiende a ArteZeta en la fila de espera de un banco. Tiene el número 70 y van por el 30. El sistema, pareciera, lo atrapó. Pero, a renglón seguido, uno se da cuenta de que este cantante, uno de los mejores letristas que dio el rock argentino, encontró las hendijas por donde escapar. “En el hospital hago doble turno y me tomo los días para tocar. Cuando hacemos giras largas, aprovecho las vacaciones. Siempre estoy laburando”, dice entre risas.

Los Loquero (Yamandú/Anteojo, histórico guitarrista; Horacio Langois, baterista; Aku Almada, bajista) parece que tuvieran quince años. Durante la semana hacen su quehaceres domésticos y ensayan para salir a la ruta a partir del viernes. Nada les fue regalado y todo hace pensar que el futuro será igual. “Para otros el éxito, quizá, es tocar en River, pero para mí, ya no. Mi éxito sería que mis hijos entiendan mi vida; que siempre los amé, pero también que siempre hice lo que sentía”.

En lo que resta del año, Loquero se presenta el viernes 13 en Neuquén, el 14 en Cutral Co, el 15 en el Salón Pueyrredón de Capital Federal, el 20 en Lomas de Zamora, el 21 en Ramos Mejía, el 27 en Jujuy y Salta y el 28 en Tucumán. El ajetreado fin de año también los llevará al porteño Uniclub, a su natal Mar del Plata y a José C Paz. “No somos los únicos. Los 2 Minutos, Flema y Boom Boom Kid también tocan en todos lados. Vamos adónde nos llaman”.

La historia de Chary y Loquero es más bien conocida. Que son de Mar del Plata; que tuvo una infancia complicada; que vivió un tiempo en la FORA; que cuando se vino a Buenos Aires dormía en casas, pero también en la calle y plazas; que giró por Europa; que coqueteó con el mainstream; que sonaba en la radio; que le hacían reportajes en medios nacionales; que rechazó todo y se mantuvo como él/ellos quiso/quisieron. “Nos invitaron al Cosquín Rock y a otros shows importantes, a los que no fuimos porque eso no fue hecho para nosotros. Somos una banda undergound y nos asumimos así. Mucha gente me felicitó, pero no sé qué pensar, no digo nada de eso”, aclara Chary.

“El rock siempre fue un cartón pintado”, dice con soltura. “Cuatro gays con disfraz de payaso, como dijo Marilyn Manson. No creo que haya cambiado mucho ese pensamiento de que es una payasada discográfica. Es un negocio y un entretenimiento, pero para nosotros fue una catarsis y un estilo de vida. Uno es auténtico porque lo es, no por medio del rock. Si uno es un choto, lo va a ser en todos lados. Se supone que el rock es un movimiento que se enmarca dentro de los adalides de la libertad, pero no lo creo. Hay un límite muy fino entre lo auténtico y lo estúpido o careta”.

Con Club de solos, su segundo disco de 1999, Loquero llegó a Buenos Aires. Con Fantasy (2001), pegó el salto. Ya se había unido a bandas como Boom Boom Kid, 2 Minutos, Flema y Embajada Boliviana, lo que le valió la (falsa) etiqueta de punk rock y hardcore. “Somos una banda que hace música, 2 Minutos y Flema son punks reales en música y actitud. Nosotros somos unos burgueses ‘aggiornados’. Somos los Rolling Stone del punk y tenemos ese público”. Chary se caga de risa de él, de su banda, de la escena, de los prejuicios, del rock y de todo. Pero también de todo habla con seriedad.

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Acaba de sacar Fabulosos creadores de paranoia, un disco doble, algo muy jugado para el mercado actual de la música y en el que, como si la cuidada edición física no fuera suficiente, mete temas a lo Babasónicos, una cumbia, vals, bolero y rap.

“Una vez escuché a Miguel Abuelo decir que lo más punk del mundo eran los pibes que hacen malavares en la calle y viven al límite; yo pensaba que no tenía nada que ver con eso ni con Miguel. Pero con el tiempo me di cuenta de que tengo que ver con todo eso. Nada es seguro para siempre”. Chary cita a Miguel Abuelo (“es lo máximo”), “pero también al gran José Larralde, a Marilyn Manson, a Moris, a Henry Miller, a Cafrune, etc”.

“Yo estaba en el ambiente punk de Mar del Plata. Nos juntábamos a leer y hacíamos otras cosas, como investigaciones psicodélicas. Hubo gente que se hizo profesional y siguió su vida por otros carriles. Esas experiencias son valiosas para las personas. Que haya gente que vive en el reviente, bueno, son elecciones personales de cada uno y me abstengo de hacer un comentario de ellos. Se puede ser reventado y culto a la vez, como yo lo fui. Me la pasaba leyendo y muchos me creían un reventado”. Aunque, aclara, eso no es ni de cerca lo más importante: “Ricky (Espinosa) era un punk reventado, pero con valores humanos únicos, que no encuentro en muchas personas cultas, que saben de bandas contraculturales como Weezer, pero que no tienen ninguna reserva buena de persona. No creo que lo reventado disminuya la calidad de persona”.

A su pasado de drogas y reviente, se le contrasta el actual con mayor tranquilidad y con ganas de renunciar a la banda e irse a vivir al campo (“La otra vez le decía a Nekro que me quería ir y el loco me dejó regulando. Me dijo que haga como Cafrune: que agarre una guitarra, un caballo y salga a tocar. La barba me la estoy dejando”). Jura que hace años quiere dar un paso al costado, pero que sus compañeros de Loquero lo terminan convenciendo para salir de gira y grabar un disco. “Antes sólo me importaba tener una banda y hacer mis canciones. Ahora mi familia y mis hijos me importan más que Loquero, incluso. Si no hubiera cambiado, sería un boludo”. Chary se confiesa, algo que tampoco le cuesta, habidas cuentas de la sensibilidad que salen de sus letras.

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“La exposición me trajo problemas. Cuando uno se expone mucho, cierta parte de la gente se fija en lo que te duele; como es gente de mierda van ahí, con su alfiler, a pincharte porque vos te expusiste. Cuando te desnudaz, es fácil destrozarte. Trate en otros discos de guardarme un poco y no puedo. Es muy difícil estar en mi cabeza un rato. Empieza a dar vueltas sobre lo mismo y eso me detiene. Me intranquiliza no avanzar. ‘Abrumado en pensamientos’, como dice ‘Feligrés'”.

“Esa exposición -afirma ArteZeta– hace que te pregunten sobre las canciones que, en cierta forma, son tu vida privada”. Chary responde: “Vos no me pusiste un revolver en la cabeza para que escriba lo que escribí. De alguna forma yo quería que llegue a tus oídos. Estaba en un cuarto con una guitarra desafinada y le ponía las letras encima para decirle a la gente lo que sentía. Las preguntas las vivo de forma natural, no me molesta eso, me expuse porque quise”.

Pero no todas son pálidas en esta desnudez. El Facebook de Loquero recibe cientos de fotos con las letras de Chary. Con eso que él sacó en alguna noche de insomnio, en alguna habitación vacía. “Cuando veo los tatuajes pienso, ‘¡Hijo de puta, estás re loco!’, pero es algo satisfactorio. Que se tatúen frases y no el nombre de la banda es algo muy lindo, porque quiere decir que, en cierta forma, los ayuda en la vida”. “¿Cómo  hacés también en el hospital?” pregunta ArteZeta. “Sí -no lo dice muy convencido-. Quizá, en un punto, lo que hago con la medicina tenga alguna relación con lo que hago con la música”. Y, al toque, retoma el tema de la lírica: “Soy bastante responsable con las letras, aunque mandé mucha fruta también y he dicho cosas muy estúpidas. No hay egocentrismo en esto, no quiero ser más de lo poco que soy. No soy leyenda. Mañana me muero y el domingo con con River y Boca nadie va a hablar de mí”, sostiene Chary, sin recaer en que su poesía, los discos y los tatuajes quedan para siempre.//∆z

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