Capricho de la reina, de Jean Echenoz

El escritor francés publica su primer libro de cuentos, aparecidos anteriormente en revistas y proyectos dispares tales como una obra de teatro o la edición de un disco de Händel.

 Por Juan Alberto Crasci

Jean Echenoz llevaba editadas 14 novelas ―recibió el Premio Goncourt por una de ellas― cuando decidió que era tiempo de reunir algunas de sus narraciones breves y compiló siete relatos en Capricho de la reina, libro de aireadas 90 páginas ―con letra grande e interlineado espacioso―, traducido por Damián Tabarovsky y editado en Argentina por Mardulce.

Los siete cuentos conforman una unidad de aparente capricho. Siete lugares y siete historias dispersas a lo largo del planeta y pertenecientes a diferentes períodos históricos se ven unidas por la filosa y certera mano de Echenoz. De los últimos momentos con vida del almirante Nelson a la obsesión por los puentes del arquitecto Gluck; de las caminatas por la comuna de Le Bourguet en Francia a la estadía de Heródoto en Babilonia; de un viaje submarino a las estatuas de los jardines de Luxemburgo y a la panorámica de una campiña, la mirada de Echenoz todo lo abarca. Con un afán descriptivo sin igual y con precisión quirúrgica, surge su voz en los temas y personajes que, quizás, para ciertos escritores ―y lectores―, pasen desapercibidos. Y lo que para muchos resulte simplemente un ejercicio narrativo, para Echenoz es un espacio para trabajar su tono sutil, que se pasea por encima de todas las cosas y hace foco en los instantes menos esperados, siempre con el comentario justo y la fina ironía que lo caracteriza.

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Esa unión caprichosa de relatos escritos para diversos fines ―algunos, por encargo para proyectos multidisciplinarios―, encuentra su razón de ser en un trabajo casi cinematográfico: Echenoz se centra en el foco, en el punto de vista, en el lugar de partida desde donde escribe. El cuento Capricho de la reina ―que no arbitrariamente da título al libro―, se inicia con la descripción desde la mano del escritor hacia la campiña de Mayenne, para concluir en el lugar de inicio. Este travelling circular encuentra su correlato en otro de los cuentos del libro: en 20 mujeres en el Jardín de Luxemburgo y en el sentido de las agujas del reloj encontramos breves descripciones de las estatuas del jardín, siguiendo el orden y la disposición de éstas en el parque, desprovistas de cualquier narración: “Anne de Beujeau, regente de Francia, cruza los brazos sobre su pecho, la mano izquierda sostiene su antebrazo derecho, su mano derecha en pronación. Peinado: nada. Expresión: altanera sin arrogancia”. Si bien el relato está conformado por esas 20 descripciones, en el título se encuentra cifrado el recorrido, el travelling por el parque. Y en Tres sándwiches en Le Bourguet el autor recorre entres oportunidades las calles de la comuna francesa, agregando en cada una de las caminatas distintas observaciones y comparando las experiencias de los viajes anteriores.

Singular camino el de Jean Echenoz: publicar un libro de cuentos luego de 14 novelas puede parecer el trayecto inverso al realizado por cualquier escritor, que utilizaría la narrativa breve como campo de pruebas ideal para futuras novelas. Pero el francés no considera a los relatos como un trabajo menor. Quizás por eso se tomó tanto tiempo para publicar estas piezas tan exquisitas como heterogéneas.//z

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