AZ Presenta: Puna Punch

Melodías urgentes, canciones histéricas, Facebook y joyitas de amor punk conviven en la mente de Martín Brossard.

Por Joel Vargas

Punapunch suena sucio, desprolijo y hasta glamoroso en su debut lanzado el año pasado, un EP de 10 canciones. En el disco, Martín Brossard – ideólogo del proyecto – relata ficciones mutantes tan certeras que cualquier parecido con la realidad no es pura casualidad. La militancia pop se hace manifiesta con guiños al santo duo del pop argentino: Cerati – Melero. Pero las melodías de Punapunch mutan, son un puñado de canciones finas desprolijas a base de cerveza tibia que hablan de la vida aburrida de unos chicos en una ciudad sombría de metal. Sí, lo que necesitas para tratar de conquistar al mundo: la canción pop perfecta.

AZ: ¿Cómo surge Punapunch? ¿Por qué la decisión de ponerle nombre de banda, si solamente está integrado por una sola persona?

Martín Brossard: Punapunch fue un trío punk por unos meses, cuando aún no había canciones grabadas. El nombre lo puso Sofía Massud. Nos juntábamos los fines de semana en su casa de zona Sur, ahí tocábamos y hacíamos maraña de ruidos, a veces caían amigos y dudosos personajes, pilotos de tormento. Todos eran bienvenidos, había tráfico de música, películas, libros e ideas. Pero se tornó macabro, aparecían cada tanto algunos yonkis con planes turbios que, al menos yo, ya no tenía ganas de acatar. Así que volví solito a mi casa de Capital a estudiar unos programas menos amateur, y me compré una guitarra roja, porque una noche de verano me habían robado la otra, la mutante, que tenía partes de dos o tres guitarras. Pero antes de aprender algo y de conseguir la guitarra roja, grabé unos demos con la mutante sobre bases pirateadas de un programa de dj para jugar. Al toque los subí al viejo Myspace.

AZ: ¿Qué te acerco al mundo de la música? ¿Y más que nada al pop que se presenta en Puna Punch?

MB: a los 13, 14 años, quería vivir música, con todo lo que implica, no sólo tocar. Pero eso estaba a trasmano de la ruta familiar. Entonces quedaba escaparme de casa para ir a ver bandas. Recuerdo pogos sudorosos y explicaciones que no le cerraban a mi vieja. Eso me dio el primer impulso, también mucho presente y pasado musical de aquí y de todas partes. Me atraía la canción pop, pero, si estaba mugrienta y tóxica, mejor. Pasé el secundario en ese plan, luego entré a estudiar Comunicación, Periodismo. Cursaba y escribía canciones. Me recibí y grabé el primer ep.

AZ: yo catalogaría a Punapunch como “Pop agridulce”, por las letras que reflejan relaciones fallidas, ¿Estás de acuerdo con la etiqueta?

MB: sí, por momentos. Me gusta el conflicto novela de la tarde en las letras. Y en la música, ese aprieto se traduce en mezclar bases dance mínimas, discurso seudo poético y guitarras Roña Castro.

AZ: “Días indies” está inspirado en la película 500 días con ella ¿Por qué elegiste esa película? ¿Qué otra película contarías en una canción?

MB: terminé de verla, estaba en la casa de zona sur con una amiga que había traído la copia, y dije: ¡ya tengo la letra! Bueno, no tan efusivo, pero estaba contento. Destruí el borrador original de la canción y salieron las líneas, los versos, ahí nomás, con la facilidad de esas canciones que parecen estar hace tiempo. El Cisne Negro, por ejemplo, con una historia que, a pesar del caos onírico o sentimental o lo que sea, se cierra. Pero las ficciones mutantes me atraen mucho, esas que divagan, se confunden y se abren.

AZ: en “El Ninguneo” hablas de Facebook  y de las relaciones en la web 2.0  ¿Qué te inspiró a escribirla? ¿Qué opinión tenés al respecto, sobre el histeriqueo digital?

MB: la música tenía otra letra y sonaba caribeña, bueno, tan caribeña como puede hacerla sonar un pibe de Buenos Aires, luego se transformó en bolero tóxico. La idea surgió de una pelea por un malentendido para tres: Yo solía molestar en las redes sociales a una chica que me devolvía la molestia redoblando la apuesta, pero aquella vez se me escapó la viveza y se enojó feo, con insultos y todo. Esto pasó en Facebook, en el muro de un contacto que teníamos en común, así que pedí disculpas vía in box a la dueña de esa cuenta, que sospechó mal mis palabras y también se enojó; me largó como castigo ironía tras ironía, todo gratis. En fin, cuando le contestaba, refutando cada latigazo, noté que ese devenir de mensajes tenía la gracia de una letra de rock. Efectivamente parecía escrita con esa intención, armonizaba con la melodía, entraba cómoda en la métrica. Me asusté un poco. Después comprendí que esas situaciones se dan a menudo, sólo se debe estar atento. De la primera chica, nunca más tuve noticias. De la segunda, la dueña, sé periodísticamente que está grabando otro disco con su banda. Les deseo lo mejor.

AZ: últimamente el término Indie está en boca de todos ¿Qué pensás sobre esto? ¿Pura moda, o una movida real? ¿O finalmente las grandes compañías van a captar a estas bandas y van a dejar de ser indies?

MB: creo que nadie en su sano juicio quiere tocar por tres monedas, o, aún peor, pagar anticipadamente para subirse a un escenario ante 25 personas en un claustro húmedo-caluroso-hermético dispuesto para la tragedia; o que bajen eterna y totalmente gratis tus canciones; o grabar discos en la misma habitación donde dormís, comés y te tratás sexualmente con tu novia. Pero nadie que hace rock está en su sano juicio. Indie, en parte, es todo eso. Lo aceptás y procurás dejarlo atrás o vivís con el insulto al día o bien andás despreocupado de lo que los otros esperan de vos el resto de tu vida rock útil.

AZ: ¿No te parece qué se cataloga Indie a varias bandas que no lo son? Ya que indie no es un estilo de música si no un modo de comercializarla ¿Estás de acuerdo con esto? ¿O crees qué existe un estilo indie?

MB: sí, por supuesto, es un modo de acercar las canciones a la gente, de organizar las fechas de los shows, de encarar las grabaciones, etc., en la coyuntura que nos toca en suerte.

AZ: más allá de las influencias notorias de Cerati y Melero, noto rastros de Julián Murias en tus canciones ¿Esto es así? ¿Qué otras influencias confluyen en Punapunch?

MB: ellos son dos tipos inevitables para disfrutarlos, desarmarlos y reconstruirlos con materiales propios; que enseñan sin proponérselo; y que tienen el don del presente. Como Babasónicos. Como 107 Faunos, Los Reyes del Falsete o El Mató a un Policía Motorizado. Y tantos otros. Sobre Murias no sé explayarme (sí sé que está muy bueno lo que hace). Pero hay una confusión con respecto a Cerati-Melero. Yo no quiero emular nada de eso. Todo comenzó cuando una novia me pedía que le hiciera una versión de Soda, y la hice. Era Danza Rota, que parecía un cover de Flema con bases electrónicas, la voz afectada de Gustavo y la mutante pudriéndolo todo. De ahí que el primer EP tenga esa impronta, pero mucho más pulida que los demos originales. Sacarles la mugre fue un error, confunden. Pensándolo bien, está bueno que confundan, aunque corra el riesgo de quedarme abandonado con el chiste como el Náufrago y la pelota Wilson.

Las influencias más poderosas de Punapunch son inenarrables, llegan al inconsciente sin consultar, bajan a las canciones cuando se les da la gana y en la forma que desean. Se van como esas personas que de repente recuerdan que se les hace tarde, y uno se queda con la sensación de que siempre se les hace tarde para algo misterioso y espléndido.

AZ: hablando de Melero ¿Cómo surgió la participación en el disco Es Desesperante, Es Hermoso – Variaciones Sobre Daniel Melero?

MB: Mäuss, el productor del disco, se contactó conmigo tras toparse con la variación que hice de “Quiero estar entre tus cosas”. Es muy lindo estar en ese disco.

AZ: ¿Cómo llevas al vivo las canciones?

MB: las pocas veces que presenté estas canciones en vivo lo hice con algún músico amigo controlando las pistas y / o aportando guitarras, teclados, la carga sonora que amerite el momento. Yo, casi con el mismo aporte, además de cantarlas.

AZ: ¿Cuál es el futuro de Puna Punch? Vi varias canciones en Soundcloud, ¿disco nuevo quizás?

MB: los temas que están en el Soundcloud, desperdigados entre los del Ep 2010, son algunos demos y covers, lumbres que subo para mantener la calidez del sitio. Hace unas semanas que estoy trabajando en algunas canciones y escribiendo otras, traficando letras y melodías entre amigos y no tanto, pensando un EP para diciembre o enero, cuando sienta que estén listas,  cuando me convenzan sus convicciones. Creo que se llamará Ponele. Ya hay tres demos, uno que grabé hace unos días, “El Armador”, y otros de hace unos meses, “Nubeluz” y “Armas de otoño”; quizás vaya por esos caminos, o no.//z

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