Ay, Mastodon

En Once More ‘Round the Sun, los jinetes del vortex del final del universo pierden el control y ahora parece que los que se caen en el agujero negro son ellos.

Por Pablo Lakatos

Estamos ante un Mastodon que busca en Once More ‘Round the Sun ampliar su espectro. En The Hunter (2011) teníamos un rarísimo experimento pop: temas cortos, gancheros, con más groove que impacto violento y la presencia del productor Mike Elizondo, afamado por hacerle temas a los Maroon 5 y co-escribir “The Real Slim Shady”. Lo que parecía una fórmula para el escándalo quedó pronto en el olvido. Palo y a la bolsa papá, The Hunter es indiscutible.

Ahora les toca el paso siguiente, el disco después. ¿Y ahora adónde vamos? Al igual que con el pasaje de Blood Mountain (2006) a Crack the Skye(2009), la respuesta parece ser continuar la directriz estética primaria, e intensificarla. Reducir la violencia y el machaque, y volcarse al costado más progresivo y contorsionado.

Once More… presenta a Mastodon intentando avanzar en un terreno que sabe cartografiar mejor Baroness y que ha tenido como víctima más reciente a los suecos de Ghost. El disco se para en gran parte, desde “The Creature Lives” y se va armando como una obra controlada, que prioriza las melodías vocales. De cierta forma se ha perdido esa violencia de la naturaleza, esa cosa de fuerza totalmente inconciente y salvaje. Y no se trata de una simplificación del planteo. En absoluto, hay una búsqueda pensada de un tipo nuevo de canción. Algo más claro que antes, menos abrasivo, más permeable. Mastodon siempre fue un monstruo arrollador y ahora, pareciera que cansados, decidieran quitarse la armadura y debajo quedaran solo cuatro gringos desnudos, pura carne y nervios a la vista, que se cuelgan sus instrumentos e, igual que siempre, se ponen a roquear. El resultado es mixto: el disco se siente genuino, fresco en sus mejores momentos, pero descentrado, falto de foco.

Siguen siendo Mastodon en cuanto siguen sonando como tal, pero también suenan distinto, nuevo, raro. Esa es la esencia de Mastodon. Entonces en “Asleep in the Deep” hay recuerdos de sus mejores “baladas” y en “High Road” hacen sus caracteríticos riffs que cargan revoluciones como motores del infierno y siempre rompen hacia arriba con estallido, otro clásico de marcha infernal de esos que estos pibes de Atlanta saben hacer bien. “Chimes at Midnight” es un vuelo sobre el cielo rojo de una ciudad post apocalíptica antes de volverse repentinamente tormenta, huracán, tempestad.

El final del disco con “Ember City” y (salteando “Halloween”) “Diamond In The Witch House” es de antología, y cierra el disco en una nota altísima. En “Ember City” tenemos quizás el mejor hijo de esta “profundización” de The Hunter: guitarras que estallan como soles, pero con color de las nebulosas. Andrómeda rosado y el caballo naranja, luz blanca de big bang y sobre todo, vuelan infalible las voces del coro preguntando“¿Qué te digo? ¿Qué te digo?”.

En sus mejores momentos (en varios no tan buenos también), este es el disco más espacial de Mastodon: “Una vez más alrededor del sol” no solo es pensar el último día de la vida, sino pensarlo desde una perspectiva cósmica. Esta idea es reforzada por el arte de tapa, ese demonio japones-cosa del pantano-bebe de 2001-multicolor flotando en el espacio nos lleva a la tapa de Saucerful of Secrets, de Pink Floyd. Sus ojos son soles superpuestos, uno de ellos se proyecta hacia el infinito en una repetición de multiverso. Al mismo tiempo, es la primera vez que hay una presencia vegetal tan marcada en uno de sus artes de tapa (por eso cosa del pantano). Y aquí aparece nuevamente vez el tema central del disco: ¿Hombre planta flotando en el espacio? ¿Qué onda Mastodon? ¿Cuál sos: “hombre planta” o “flotando en el espacio”? Mastodon ha mezclado imposibles antes pero nunca de forma tan dispersa y desconcentrada.

Porque por cada golazo, como el gigantesco y apocalíptico final del disco, hay un traspié. El tibio arranque del disco con “Tread Lightly” y “The Motherload” no tiene la fuerza para marcar el camino de forma clara y consistente. En cierto momento estos dos temas hacen pensar en Kiss, y en ese intento de generar algo más accesible desde un espacio de rock pesado. “Feast Your Eyes” se pone interesante muy tarde, pero a la vez es demasiado corta. “Halloween” se entiende pero se siente cansada, a medio cocinar, y destaca únicamente cuando el solo delira sin razón. Un caso aparte es la inexiplicable/totalmente explicable “Aunt Lisa”. El mejor metal es aquel que no se toma muy en serio, aquel en que se siente el disfrute de la música, se lo siente primar por sobre otras cuestiones accesorias, un cierto humor sobre todo el asunto de las calaveras, los monstruos, diablos, los cuernos en el aire y las caras de malos. Este es en cambio el horrible caso de cómo una canción genial puede ser cagada por un sentido del humor mal dirigido, mal ejecutado.

Once More… es un buen disco, pero es quizás, el peor, el más disperso de los discos de Mastodon. Quizás en unos años se revele como un disco adelantado y marque la nueva dirección de la banda, o genere una reacción totalmente opuesta que los lleve a un lugar nuevo y emocionante. Por ahora, un puñado de canciones buenas que al final (cuando pongo play a los primeros tres segundos de cualquiera de sus otros discos) solo nos hace decir: “¡Ay, Mastodon!”.

Arecia_Diciembre

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