Almafuerte 20 años – Segunda parte

ArteZeta eligió las veinte mejores canciones de la banda de Ricardo Iorio. Hace unas semanas publicamos la primera parte. Con ustedes la segunda parte de la selección, nuestro homenaje.

Fotos de Rodriguez + Mansilla Fotógrafos

“Sentir Indiano” – Mundo Guanaco (1995)

Un riff de guitarra demoledor. Golpes de batería, acompasados, hipnóticos. El Tano Marciello lo destroza todo a base de distorsión mientras Iorio, todavía con el bajo colgando, escupe un reclamo milenario por los pueblos originarios asesinados en la Argentina.”Sentir indiano en mi corazón, canción ha parido. Para el que siente o quiere sentir, orgullo nativo” canta mientras, quizás sin saber, consolida la forma más argenta posible de hacer heavy metal. Ese Metal Pesado, que se suele relacionar con sus proyectos, se consolida en esta canción de 3.59 minutos de duración que canta “Madre tierra, padre sol. Dioses vivos, hoy por hoy. Grandes testigos silentes, de la humanidad inconsciente”. Un reclamo contra el supuesto progreso del hombre blanco y su avanzada contra las raíces nativas masacradas desde la colonización europea. Cuando muchos callaban y santificaban la pizza y el champagne durante los noventa, Iorio reivindicaba a los pobladores nativos de nuestro suelo en pleno saqueo económico y social. Olvídalo y volverá por más. P.D.M.

“A vos amigo” – A fondo blanco (1999)

Hay que verlo en el insólito videoclip de la canción: ahí está todo. La historia que se cuenta en la letra y el temario (y los delirios, y los gestos, y el histrionismo…) de Ricardo Iorio se resume en “A vos amigo”, página que el hombre dedicó a su compañero Marcelo Tommy Moya, manager y camarada de toda la vida (ese muchacho pelilargo que sonríe con Iorio en la mesa de un bar mientras ve tocar… ¡a Almafuerte, claro!). Además de ser uno de los pocos temas del grupo que sonó en las radios, esta oda a la amistad (inspiración constante de un viajador: “Amistades de tierra adentro”, “Allí en San Juan”, “Pa’ Pelusa” y un largo etcétera) presenta las marcas de agua de un estilo, esa apertura de Iorio a melodías más amables que hicieron del grupo el bastión de un género siempre en los márgenes. Claudio Marciello tiene mucho mérito al respecto: a sus bestiales violas eléctricas, suma un color esencial, el de las guitarras acústicas que dan a Almafuerte un brillo que el negro chupa. De ahí, el clásico. S.S.

“El visitante” – A fondo blanco (1999)

Si Iorio cree o, mejor, sabe que “no olvidar es grave y fuerte” (“A vos amigo”), resulta lógico que el repertorio de Almafuerte incluya entre sus temas más notables una canción dedicada a los ex combatientes de la Guerra de Malvinas. Incluida en la película del mismo nombre (protagonizada por Julio Chávez y Valentina Bassi, con guión de José Pablo Feinmann y cameo del por entonces trío Iorio-Marciello-Martínez), “El visitante” les habla en primera persona a aquellos combatientes que, como el del filme, cambiaron de trinchera pero no de dolor: ahora se refugian en su habitación solitaria. En toda la obra del ex V8 y Hermética se evidencia un nacionalismo a ultranza, algunas veces con un tufillo derechoso. Pero no es el caso: el Ricardo Iorio de “El visitante” suena espeso y afligido, a la vez que denota cierto orgullo por la convocatoria, con la convicción de que está haciendo lo correcto (aquello de “fui elegido para cantarte/ por quienes quieren olvido restarte”). Y no se equivocaba. S.S.

“Las Aguas Turbias suben esta vez” – Piedra Libre (2001)

El compromiso social en la música es una cuestión delicada. Pese a la tentación inmediata de ponerse a escribir en el registro de la crítica-social, es mejor apartarse del hecho periodístico y dejar que el silencio hable. Es fácil decir que todo está mal, lo difícil es hacerlo con la elegancia necesaria para interpelar al que escucha. Con todo, existen buenas canciones que apuntan a referencias concretas. Esta es una de ellas. Pero hay que prestar atención a que el trabajo de distancias lo hace acá –como en casi toda la obra de Iorio- la violencia del sonido, que destruye cada momento en el que la lírica puede desinflarnos y llevarnos a la indignación moral estéril. Es el metal y los procedimientos técnicos -quizás afortunados y que incluyen el humor solapado- los que en última instancia logran elevar las canciones. En “Las Aguas Turbias…” la precisión realista y oscura pero a la vez la distancia, la descripción y la elegancia de las palabras y su fonética maridan bien con el azufre de la distorsión, la velocidad percusiva y la voz, inapelable, de Ricardo Iorio. S.M.

“Orgullo argentino” – Piedra Libre (2001)

Ni bien comienza el riff del Tano entendemos que estamos ante algo grande. Y si hablamos de cosas grandes, sabemos que Ricardo Iorio domina como nadie el perdido arte de la desmesura. ¿Quién más que él podría gritar a los cuatro vientos Orgullo argentino quiero expresar/ con este recite que supe heredar/ por ser quien no olvida y no ha de olvidar/ patria, bandera y sentir nacional? Iorio, el gaucho, el payador, el loco malo que vive aislado de la urbe. Iorio, el que sufre en carne propia las inclemencias del clima (sic) allá en el campo, donde hay una casa cada tantos miles de metros. ¿Quién más diría No es cualquier cosa tener razón/ es dar la vida poniendo el pecho/ no te enrosques con la ficción/ arma que esgrime el mentidor? Iorio, el que inventó su propia voz, su autoridad. Nosotros nos sumergimos en el clima patriótico y nos dejamos llevar tanto por las verdades ricardescas como por la poderosa melodía del estribillo para terminar cantando todos juntos en nombre de Juan Perón.  J.A.C.

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“Por ser yo” – Piedra Libre (2001)

En una balada de cuatro minutos aparece el Iorio que más nos gusta, el letrista sensible que coquetea con la derrota (“Soy quien ayer cantó sé vos, hoy por ser yo, transito errante”), y que insiste, con la misma potencia de siempre, que “de nada vale llorar lo que fuera entonces”.  Cuando el Tano Marciello baja la intensidad, Almafuerte se vuelve intimista en la voz de un tipo que pone su lado confesional al servicio de la canción. A.V.

“Ruta 76” – Ultimando (2003)

Según Wikipedia “la Ruta Provincial 76 es una carretera argentina pavimentada de 315 km, ubicada en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires y se extiende desde el empalme con la Ruta Provincial 51 en el Partido de General La Madrid hasta el límite con la Provincia de La Pampa.” El viento que pelea por el espacio contra la Nada a la que tanto temían Sarmiento y Alberdi. Hoy, a cientos de años de distancia, nuestra idea de la pampa es la misma: la lucha contra la Nada circundante. Pero hay alguien que pisa el acelerador mientras lee esas soledades y encuentra vida. Un tipo siempre arriba de la camioneta que enclava su casa en el medio de esa Nada para relatarla con canciones. Para rascar el suelo duro y encontrar la huella que había sido transitada por los pies que ya no pisan más. Ricardo Iorio logra lo que muy pocos paridos en el cemento podemos: hacer hablar a las piedras viejas y los árboles muertos. S.R.M.

“Toro y Pampa” – Toro y Pampa (2006)

Ya lo dice Ricardo Iorio, “todo es en vano si no hay amor”. El arpegio que da inicio a este enorme tema de hard rock es amor, es decir te quiero, es “lo bueno y lindo de estar contento”. El abrazo fraternal es para todo aquel que lo precise, nadie se queda afuera de este himno de la alegría. Porque eso es lo que no entiende tanto indignado compulsivo defensor de quién sabe qué cosas en concreto: Almafuerte es amor. No sólo de furiosos pétalos de sal ni muchachas ojos de papel está hecho el amor en la música argentina. Hay algo más allá de pequeñas honduras o napoleones; hay un amigo en la caja negra, vayamos a rescatarlo. Dejá para después el levante y la pose, gil. Y el que no coma carne que se traiga el tupper con ensalada. S.R.M.

“Debes Saberlo” – Toro y Pampa (2006)

Si Almafuerte buscó desde sus inicios, sin siquiera saberlo, hallar una canción de amor, la encontró en esta composición. Una letra que versa acerca del ataque de la duda en un mal momento y la búsqueda de respuestas desde la contención cotidiana –solo es un mal día/repite mi amor- hasta la iluminación espontanea, mística –yo despunto el vicio/ buscando la intuición-. Una música de rock que nos lleva a media velocidad hacia el momento cumbre donde Iorio arroja La Verdad, su grito máximo: “Debes saberlo/si no hay amor se pierde siempre/si no hay amor no hay razón/ si no hay amor mejor bajate /si no hay amor nunca habrá sueños /si no hay amor se muere antes /si no hay amor se pierde siempre/debes saberlo” La entrega a una llamada invisible y la fe, nos sin estremecimiento ni dolor, en que todo no se agota en el viejo y duro esquema comer, cagar, dormir. Está el amor, y tras él, andamos todos. S.M.

“Donde está mi corazón” –Toro y Pampa (2006)

Iorio otra vez le rinde homenaje a su patria chica, el Oeste del Gran Buenos Aires. Ya con Hermética (“Desde el Oeste”) había descrito como nadie la mística, flora y fauna de esa parte del conurbano bonaerense. Esta vez vuelve a realizar un paralelismo con Pedro Bonifacio Palacios, mejor conocido como Almafuerte, porque el poeta también es oriundo de esa zona. “Donde está mi corazón” es una declaración de principios, rock and roll y barrio. Ricardo Iorio es uno de los hijos pródigos y un embajador nacional de donde está el agite. J.V.

 

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