A nadie le importa si no vas a la fiesta…

Courtney Barnett estará rockeando igual. Con toda su potencia grunge, su sonido garage y su desparpajo juvenil hecho en Australia, fue de lo más destacado del Music Wins con un show breve pero intenso

Por Pablo Díaz Marenghi
Fotos de Matías Casal y Patricio Colombo

Cae la tarde en Tecnópolis y el sol arremete contra las pocas nubes que ya quedan en el cielo de Villa Martelli. Es una bola de fuego que se consume por detrás de los árboles que adornan el predio. Mientras tanto, jóvenes inquietos vestidos con ropas estrafalarias se cruzan de un escenario a otro para escuchar a una de las voces más atractivas surgida en los últimos años. Oriunda de Australia, Courtney Bartnett es LA cantautora indie contemporánea que vale la pena escuchar. Su forma de plantarse sobre el escenario, su frescura, su fiereza grunge, su postura garagera de tocar la guitarra y sus canciones que le cantan a la soledad, el ensueño y el alcohol, le brindaron las herramientas necesaria para dar uno de los shows más destacados del Music Wins el último domingo. En menos de una hora, Courtney demostró por qué causó tanto revuelo con su primer LP, Sometimes I Sit and Think, and Sometimes I Just Sit (2015) y dio una prueba cabal de que es una muchacha inquieta que rockeará hasta que se ponga el sol.

Matias Casal

Todo empieza con “History Eraser”, tema de su compilación The double EP: a Sea of Split Peas (2014). En esta canción Courtney cita a los Stones, a Ezra Pound, habla del alcohol, los cigarrillos y un amor del que no puede acordarse. Da las primeras pinceladas del cuadro que pinta en su cabeza y expone, por partes, en sus canciones. Mientras tanto, el público conecta de entrada con ella. La ven joven, enérgica y tocando su eléctrica como si fuera una adolescente punk mostrando sus canciones en el CBGB. Su sonido tiene bases de acordes simples, tres o cuatro, una fórmula que recuerda a Nirvana. Sus canciones en vivo se aceleran. El pogo comienza y los más cercanos al escenario saltan, levantan sus manos como en ofrenda al sol que se va y a la música que ameniza su escape. “Que hermosa tarde” dice Courtney en un inglés que evidencia sus raíces australianas. Luego vendría “Elevator Operator”, con una sonoridad que recuerda a la Velvet Underground, en donde se lucen su coequipers: Andrew “Bones” Sloane  en el bajo y Dave Mudie  en batería. Los dos engranajes que completan este power trio ruidoso, punkie y desenfrenado.

Patricio Colombo

Courtney parece que recién se levantara de la siesta y con esa energía se haya plantado sobre el escenario. Llama la atención su forma de tocar la guitarra: zurda, sin púa, al natural. Como guitarrista es moderada, no se luce con solos interminables, pero responde con los riffs que la canción necesita para estructurar una melodía, como en “An Illustration of Loneliness (Sleepless in New York)”, y le da el cuerpo necesario a la propuesta musical del grupo. Sus canciones podrían, tranquilamente, tocarse con guitarra y voz (otro punto fuerte de la cantautora es su modo de cantar, oscilante entre la suavidad y la rabia) pero ella eligió este sonido para musicalizar sus pensamientos. El show alcanza sus mayores picos de intensidad con canciones como “Dead fox”, donde Courtney canta con una cadencia Dylanesca, mostrando otra de sus influencias envuelta en un riff exquisito.  El final, con la potencia grunge de “Pedestrian at best”, la oscura y densa “Kim´s Caravan” y el hit “Nobody Really Cares If You Don’t Go To The Party” que resume en tres minutos la totalidad de la propuesta artística de Barnett: un sonido que se nutre del pasado –grunge, punk, el indie alternativo de los 90s– para re significarlo y dotarlo de aire fresco. Courtney Barnett le canta a aquellos amores que le rompieron el corazón, a la sociedad que la espantó o a los fantasmas que viven en su cabeza. Todo esto rodeado de mucha distorsión y de una cadencia melódica que recuerda a Lou Reed y sus fraseos que no parecían terminar nunca. Algunos no la conocen, otros la ovacionan. Todo se resume en un aplauso final y en una confirmación de que su potencia musical y performática estuvo a la altura.//∆z

Matias Casal

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