CINCO DISCOS PARA ESCUCHAR AHORA MISMO III

Arecia_Junio

Nueva entrega de discos recién salidos de la escena independiente argentina.

Por Pablo Díaz Marenghi y Juan Martín Nacinovich

Pozo divino – Las Edades (2018) 

“Yo sé de lo que estoy hecha/ yo sé de lo que estoy presa”, admite apesadumbrada Lea Franov en las primeras líneas de “El aprendiz”, el track que inicia el segundo disco larga duración del ahora sexteto que hace base entre La Paternal y Villa Crespo. Hay una melancolía palpable en este nuevo registro de Las Edades que refleja el vaivén cotidiano, la vida desde una perspectiva mundana, desde su costado más real y desconcertante. Pozo divino se agiganta mientras avanza en medio de un cancionero caótico pero elegante. En “El gerente”, Franov confiesa: “Si yo pudiera ser un poco más sincera/ no sería la serpiente que hoy tu cuello enreda”, mientras las guitarras de Nicolás Miranda y Fernando Palazzolo se funden en una sinergia pavementeana. En la segunda mitad del disco cobran protagonismo las voces masculinas; primero Miranda en “Mañana de viento”, luego Palazzolo con el tándem “El mundo es horrible” y “Me voy de casa”, un groovy de corte western que comienza con el bajo de Ezequiel Rivero marcando el rumbo hasta la deformación con cierto paralelismo ascendiente a los Sonic Youth. Entre odas amorfas al desamor, una lírica movilizadora y un despliegue de guitarras tan sutiles como estruendosas, es un misterio que Las Edades todavía mantenga cierto estatus de banda secreta. / Juan Martín Nacinovich

Retorno a Yatay – Yataians (2018)

He aquí, de nuevo, un poco de clima caribeño para dilatar todavía más este otoño tardío. Retorno a Yatay es el flamante álbum de los Yataians, número tres en su haber. El sexteto trae once nuevas canciones de espíritu festivo, guitarras reverberantes y riddims tropicales. Reggae roots, de raíz, influenciado por la cepa de finales de los sesenta y principios de los setenta del rocksteady de The Ethiopians y Derrick Harriott, aunque interpelado desde un panóptico contemporáneo, también sumando arreglos cercanos al rock. Con las tres voces de Ugo Tyburczy, Nicolás Gutiérrez y Guido Loustau armonizadas al frente, la novedad radica en el nuevo tratamiento lírico, ahora abrazando la lengua madre de casi toda la banda: el castellano (Popa Ugo es francés y fue criado en medio de una tribu kanak en Nueva Caledonia, pequeña isla de Oceanía). Es así como “Fuego”, “El momento” o “Dame tu amor” cobran otra dimensión, expandiendo el espectro de una banda que desde la aparición de O Tulop (2011), su primer opus, inyectó una bocanada necesaria de oxígeno en la escena. A base de climas bailables propios del dancehall, texturas herméticas, de trance jamaiquino enarbolado en Buenos Aires, Yataians, hoy más que nunca, se consolida como uno de los pilares del reggae nacional. / Juan Martín Nacinovich

Fuego en las Naves – Tobogán Andalúz (2018)

Liderados por Facu Tobogán, cantautor minimalista e introspectivo, la banda fue puliendo su sonido disco a disco. Pasaron de sonar rabiosos y bien noise, a la Pavement, en Corazón Congelado (2011) y Viaje de Luz (2012) para alcanzar un sonido más hi fi en Luz Satelital (2016) y potenciar, aún más, su búsqueda sonora en su nuevo disco Fuego en las Naves. Esto se evidencia por la pulcritud y la pureza de estos nueve tracks y por la masterización del chileno Francisco Holzmann (Arcade Fire, Alex Anwandter). En este nuevo álbum, Tobogán consolida una formación que surgió debido a las giras y viajes y conserva su espíritu de juventud febril, letras melancólicas y ambiguas. Sus canciones construyen escenas de cantantes sólos, botellas de vino derramadas y giras por bares de madrugada. Las guitarras eléctricas coquetean con lo acústico y suman teclados, como en “Tango” y hasta se permiten construir un tema que se mete con la coyuntura: “Lágrima Plateada” se inspira en el caso de Higui, la chica que terminó presa por matar en defensa propia a uno de los ocho hombres que intentaron violarla. Hay destellos de rock cuyano, quizás producto de su hermandad con los Mi Amigo Invencible, fieles compañeros de aventuras. Melodías más acompasadas, con vetas post rock, como “Juventud”, se combinan con programaciones y bases de tecnopop que homenajean a The Postal Service (“Ego y Distorsión”). Sin dudas, un paso adelante para una banda que continúa apostando por la reinvención en lugar de la repetición de una fórmula exitosa. / Pablo Díaz Marenghi

Forestal Tape – Las Luces Primeras (2018)

Mariano Peccinetti es el cerebro y alma mater detrás de Las Luces Primeras, un sofisticado proyecto calado por el dream pop y la neo psicodelia que en febrero lanzó Forestal Tape, su segundo disco. Guitarras punzantes, beats electrónicos y órganos y sintetizadores analógicos que revisitan un poderío grandilocuente de teclas de finales de los ‘60. Pero a no equivocarse. Lejos está Forestal Tape de sonar vetusto; por el contrario, hace de sus meticulosas excentricidades un acto de modernismo. Ya sin la formación anterior de Sensualista (2015), ahora con Juan Attori en batería, Peccinetti grabó todo él mismo en una de las habitaciones de su departamento donde montó un estudio casero. Sabe cuándo ponerse seductor, inclinarse hacia un costado soft o atmosférico para pronto despegar hacia escenarios lisérgicos. El ejercicio, que por momentos se emparenta al de Kurt Vile o Unknown Mortal Orchestra, se traduce en un universo quimérico rodeado de montañas y bosques, en un viaje naturista atrapante donde brota el surrealismo de la mano de tortugas voladoras, caballos con alas de mariposa, volcanes y una flora multicolor. Sonido e imagen se fusionan en un trance volátil, exquisito. El álbum no tiene fisuras y mantiene un nivel alto durante sus 36 minutos. Hacia el final, en “Abre tu portal”, el mensaje queda decodificado: “Abre tu portal/ con tu imaginación/ descubrirás nuestra dimensión”. Touché. / Juan Martín Nacinovich

Raíz – Cuatro Tres Dos (2018)

Formados en el barrio de La Boca por Javier Cibotti en guitarra y voz, Isobella Abate en bajo y voz, y Gustavo Barragán en batería y percusión, Cuatro Tres Dos lanzó Raíz  su segundo álbum. Si bien se autodefinen como rock ancestral, el power trio potencia la tradición rockera más vernácula y, al mismo tiempo, amplía la palestra de géneros que habían mostrado en Animé (2015). Es así como en “Electrosweet” aparecen las primeras pinceladas electrónicas de encaje new-wave, con Cibotti gruñendo en clave mantra: “Elegí ya no esperar/ decidí ya despertar”. “Jilguero”, uno de los puntos más altos de la placa, reluce la fuerza valvular que la banda logró llevar del vivo al estudio. También hay lugar para el folklore en “Raíz” y para el reggae en “Basta para mí”, canción que acompaña un videoclip con una bella imagen de un televisor siendo arrojado a un volquete. “Siguiendo solo hoy” tiene una base psicodélica que gravita alrededor del universo Cerati de Fuerza Natural (2009), mientras que “Abismo”, el track  que cierra el álbum, se cobija sobre una pulsión de corte más stoner. Con más aciertos que irregularidades, Raíz es un interesante paso adelante para el trio de República de La Boca. / Juan Martín Nacinovich //∆z

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