Cuando escribe Uruguay

Arecia_Junio

Montevideo es la ciudad invitada a la Feria del Libro de Buenos Aires de este año. En ArteZeta hacemos extensiva la invitación y elegimos, a modo de recomendación, entre clásicos y contemporáneos, algunos autores uruguayos para leer.

Por Juan Alberto Crasci, Pablo Díaz Marenghi, Joel Vargas y Alejo Vivacqua

Todo termina aquí, de Gustavo Espinosa – HUM (2016)

ESPINOSA

La revista 3 Puentes le encarga al profesor Gustavo Espinosa documentar diversos episodios de la historia de “nuestro pago menos occidental”. Ese pago es la ciudad uruguaya  de Treinta y Tres, escenario de gran parte de la obra del autor. Y, para comenzar, Espinosa se embarca en la tarea de reconstrucción de la vida de Fernando Electrón Larrosa, docente de física, y la de su amigo y guitarrista Hebercito Mondongo Espel, integrantes de un dúo de blues primitivo en el que resuenan los antiguos bluseros del Mississippi y la cultura musical de los ‘50, ‘60 y ‘70, con constantes referencias a Norberto ‘Papo’ Napolitano, Muddy Waters y Los Iracundos. Novela dolorosa, aún con las dosis de humor y delirio características del autor, que sigue el derrotero de los músicos en la enfermedad y pérdida definitiva de Anita Culo, pareja de Larrosa y amor loco de Espel. Autobiografía, crónicas, entrevistas y cartas de lectores dan forma a esta novela coral que desdibuja los límites entre ficción y realidad y que a medida que transcurren las páginas se transforma en una novela de viajes, que concluye dramáticamente –final preanunciado por la tristeza del blues como género – en el sur de Chile. Todo termina aquí fue ganadora del Premio Bartolomé Hidalgo 2016. Juan Alberto Crasci

El gato y la entropía #12 & 35, de Ramiro Sanchiz – Estuario Editora (2015)

SANCHIZ

Ramiro Sanchiz alguna vez afirmó que su santísima trinidad era Thomas Pynchon, William Gibson y Philip K. Dick. Estos tres autores lo marcaron a fuego, y en su obra pueden encontrarse algunas esquirlas. Sanchiz viene desde hace años escribiendo una macronovela: doce libros que se conectan entre sí y relatan, entre la ciencia ficción, la cultura pop y el rocanrol, las aventuras de Federico Stahl.  El gato y la entropía #12 & 35 es una muestra perfecta. Una novela mutante, llena de microhistorias, con extensas notas al pie que duran varias páginas (un guiño a La Broma Infinita, de David Foster Wallace) y una celebración a la amistad.  El espíritu de Dylan sobrevuela el libro, ya que el #12&35 viene de una canción suya, “Rainy Day Women #12 & 35”. Esto también es parte del soundtrack ideal del multiverso de Sanchiz. Joel Vargas

La Sagrada Familia, Ercole Lissardi – Añosluz Editora (2018)

ERCOLE

Un escritor deja todo y se interna en una casucha en el medio de un pueblo luego de una decepción amorosa. Lo define como “inxilio”. La fórmula es conocida. Hasta remite al auto exilio de Henry David Thoreau en los bosques de Walden, intentando alejarse del infierno tan temido de la civilización. La potencia de esta nueva novela de Lissardi, referente de la literatura erótica rioplatense, radica en la voracidad con la que cuenta los devenires y peripecias que atraviesa el protagonista, también llamado Ercole. Instalado en un pequeño paraje llamado Yéregui, recibe la ayuda de la Ñata y Milton, la “Sagrada Familia”. Dice, sobre su vínculo: “me sentía como una pila que, colocada (…) entre ellos dos (…) me recargaba con la leche de su bondad, curándome de todas mis heridas, liberándome de todos los pesos con que la vida me había ido aplastando”. A la vez descubre que su nuevo hogar esconde secretos. La caza de un misterioso jabalí comienza a obsesionarlo y, mientras tanto, el culo de la Ñata, la matrona que lo auxilia en los quehaceres hogareños, lo atrae cada vez más. Con el fulgor rabioso de un diario íntimo, el narrador intercala sus dilemas en torno a la profesión con escenas de sexo salvajes:  tetas, semen y fluidos desbordan las páginas dejando en jaque a toda corrección política posible. La novela funciona también como puerta de entrada al universo Lissardi, que, sin tapujos, ya puede colgarse los pergaminos de escritor de culto a fuerza de una escritura maldita, furibunda e irreverente. Pablo Díaz Marenghi

El hermano mayor, de Daniel Mella – Eterna Cadencia (2017)

MELLA

Esta es una novela sobre la muerte. O, mejor dicho, sobre cómo procesarla. En este caso es una muerte íntima (la del hermano menor del protagonista) que enciende la mecha de la culpa: ¿Por qué se murió él, el deportista/alegre/optimista, y no yo, el derrotado/pesimista/vicioso, intento de escritor? Daniel Mella, en uno de sus textos más autobiográficos, juega con los tiempos verbales, se mueve del pasado al presente y al futuro para contar su derrumbe personal. “Voy a fumar más que nunca durante las semanas que siguen, preguntándome qué carajo está pasando”, arroja. Con la paciencia de un arqueólogo hace foco en cada uno de los integrantes de la familia de Alejandro, el guardavidas que murió por la caída de un rayo en la casilla de Playa Grande donde dormía. Mella intercala su propio fracaso, amoroso y personal, con el dolor por la muerte de su hermano. Piensa que para dejar de ser hijo hay que tener hijos. Reflexiona sobre su ex mujer y su amor trunco. Todo está atravesado por un velo de melancolía y patetismo. A su casa natal la llama “La madriguera”, y cuestiona los vínculos e interacciones de una familia peculiar, signada por el surf (su padre fue pionero en Uruguay de aquel deporte). Expone miedos propios y ajenos, delineando con ellos un gran relato que se sostiene por sí solo y sin necesidad de estar dividido por capítulos. A la vez, termina narrando el renacer de un escritor que supo ser un niño mimado de la crítica (publicó su exitosa primera novela a los 21) y encuentra su misión en la literatura, en la misma línea que lo hiciera, por ejemplo, Pablo Ramos con La ley de la ferocidad (2007). “Yo no quería llorar dos lágrimas iguales. Quería que cada lágrima valiera de algo. Iba a escribir sobre eso”. Pablo Díaz Marenghi

Mario Levrero x 3

Irrupciones – Criatura Editora (2013)

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Muchos conocen al Levrero narrador, creador de mundos inclasificables, en algunos casos  fantásticos y otros autobiográficos. ¿Pero se conoce al ensayista? Irrupciones recoge las columnas que el escritor montevideano escribió entre 1996 y 2000 en la sección Cultura de la revista Posdata. Entre las páginas se acumulan reflexiones cotidianas,  relatos por entregas donde la columna se convierte en una suerte de folletín (“Las aventuras del ratón Mouse”, por ejemplo), pequeñas minucias y también –lo más interesante- reflexiones sobre “la literatura y algunos de sus aspectos prácticos y sociales”. En ellas, Levrero indaga en cómo hay que despegar la literatura del libro, la distinción entre escritores “amateurs” y profesionales y cómo influye el mercado editorial  en los “literatos”, entre otras cosas.  En una de las columnas que recoge este volumen (para ser más preciso, en la “57”) Levrero confiesa que estar en una feria del libro (un espacio lleno de luz, ruido y mucha gente)  es todo lo contrario de lo que uno piensa cuando piensa en un libro. Totalmente cierto. Es un Levrero auténtico. Joel Vargas

Historietas reunidas de Jorge Varlotta – Criatura Editora (2016)

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La viñeta perturbadora

Es el aspecto menos reconocido de la obra de Levrero. Sin embargo es interesante cómo el autor se apropia de un lenguaje expresivo como el de la historieta para volcar allí sus obsesiones. El sexo, el humor, la identidad uruguaya o la reflexión sobre lo humano aparecen con una originalidad notable. Criatura Editora rescató, en una edición de lujo, toda la obra ilustrada de Levrero (bajo su nombre real, Jorge Varlotta), e incluso su labor como guionista junto al dibujante Lizán. Es en esta dupla donde aparecen sus historietas más logradas: “Santo Varón” y “Los profesionales”. El primero es un personaje de anteojos y nariz larga dibujado sobre un fondo blanco despojado. Allí se va encontrando con diferentes personas, desde una niña, una señora, el diablo, un marciano o  una mosca. Le irán preguntando cosas a este ser que casi se mantiene en la misma posición en todos los recuadros. Los Profesionales, publicado en las revistas Humor y Fierro, es un grupo de delincuentes que intenta robar diferentes bancos o negocios y nada les sale bien, con resultados de lo más bizarro. El humor es clásico y bien logrado. Acompañan a este volumen otras historias no tan conocidas y más oscuras. Como “De los elefantes y sus aconteceres” (1967), una reflexión mediante garabatos de un paquidermo de circo que aborda la supremacía del hombre sobre la naturaleza. En “El infierno de la vista” (1972) aparecen seres andróginos, atravesados por sus propios penes, que abordan el costado más mutante de la sexualidad. Declaraciones y frases sueltas entrelazan las imágenes, que oscilan entre lo misterioso y lo siniestro. Es un primer plano de la genitalidad. “La nueva lógica” (1973) funciona como una metáfora de la alienación, una especie de ojo que todo lo ve. “Lo que quería decir y no podía por culpa de la nueva lógica”, dicen sus personajes, presos de un sopor geométrico. Una primera imagen, la de un hombre fusionado con banderines, esquemas y mapas, remite al surrealismo. Árboles, ventanas, edificios y anzuelos abren este relato en una especie de Guernica onírico. Las aventuras del ingeniero Strudel (producida en los ‘70 e inédita hasta los 2000) son para leerlas casi a simple golpe de vista. Levrero lo explica en una introducción incluida en este volumen.  El ingeniero se enfrenta a su enemigo, Matias Duval, coquetea con la Condesa y se perturba con las visitas de Mr. Gestalt. No vale mucho la pena encontrarle el sentido, más bien conviene dejarse llevar por el sinsentido de esta obra. Los extras son una exquisitez editorial, al incluirse en un agregado de papel pequeño que parece pintado a mano con fibra. “El llanero solitario” (1978/79) muestra a un elefante enmascarado que es una especie de antecedente de Bojack Horseman: un ente que deambula perdido en la abulia más absoluta, despotricando contra la psicología, haciendo dieta y sufriendo por todo. Sin dudas, las historietas de Levrero ocupan un lugar fundamental en su vasta producción. Su desaparpajo a la hora de crear, sus dibujos casi infantiles y sus reflexiones convertidas en parodia son perturbadoras tanto por el formato como por la temática. Una manera inusual, atractiva y 100% levreriana de componer una viñeta. O, mejor dicho, 100% Varlotta. Pablo Díaz Marenghi

La máquina de pensar en Gladys – Criatura Editora (2016)

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El suave ronroneo habitual

A fines de 1970 se publicó esta antología de cuentos que pasaría a ser una de las más célebres del autor. No son muchos los casos de autores que deslumbren con su primera recopilación de cuentos. Quizás uno de los casos más conocidos sea el de Julio Cortázar, con Bestiario (1951). La referencia no es casual. Cuesta creer que esta obra no haya impactado en Levrero. En sus primeros cuentos se puede rastrear una impronta cortazariana en cuentos como “La calle de los mendigos” en donde un hombre desarma un encendedor y lo describe minuciosamente, así como supo hacer el escritor argentino con las “Instrucciones para subir una escalera,  o un suéter o un reloj. En otro, como en “La casa de pensión”, también resuena el autor de Rayuela en ese juego linguistico de aposiciones y descripciones interminables. Por supuesto, Levrero también construye los cimientos de su propio universo. Su literatura coquetea con diversos géneros, como la ciencia ficción o el realismo mágico, y se diferenciará del Boom Latinoamericano por su rareza, en términos del crítico uruguayo Ángel Rama. El metrónomo de estas sinfonías es el cuento partido en dos, casi como un yin y un yang, que le da nombre a este libro. “La máquina está enchufada y produce el suave ronroneo habitual”, narra Levrero, y dice muchas cosas resumidas en una línea. Hace una reflexión profunda sobre la nostalgia y sus claroscuros. Realiza una crónica del derrumbe, tanto introspectiva como material. Plantea, casi de un modo cyberpunk, una reflexión maquínica, distópica. Y ambos cuentos, el primero y el último, son perfectos opuestos complementarios. El día y la noche. Una perfecta ilustración de lo que siente una persona cuando acaba de perder a su ser amado. Uno de los cuentos más logrados es “El sótano”, una reinterpretación formidable de Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas en donde aparecen personajes que hacen las veces del sombrerero o la reina de corazones, como el jardinero, el abuelo macabro o el tragafierros. El tiempo se dilata, se estira y se contrae. Al protagonista, un niño, le salen canas y bigotes, y mIentras deambula por el jardín de su casa (que parece interminable) intentando averiguar qué se esconde en su sótano. Levrero maneja el suspenso y el misterio atrapando al lector con toques de surrealismo y exageraciones a lo Lewis Carroll. Otro punto alto es “Gelatina”, en donde plantea un mundo post apocalíptico (un adelantado) en el que se tiene sexo en las cloacas, el alcohol es un bien codiciado y la humanidad se redefine en medio de la resistencia más desoladora. Levrero también se nutre del absurdo y el humor en “Ese líquido verde” o “El rígido cadaver”, del misterio en “Historia sin retorno nª2” o de lo fantástico en “La casa abandonada”. Estos cuentos funcionan como una excelente puerta de entrada a un universo extraño y tragicómico. Una literatura que tuerce y deforma los lìmites de lo convencional casi hasta el extremo. Mientras tanto, la máquina sigue enchufada y continúa aquel suave ronroneo habitual. Pablo Díaz Marenghi

Habitaciones privadas, de Cristina Peri Rossi – HUM (2014)

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La palabra adecuada aparece en la contratapa de este libro publicado en 2014, una obra que engrosa la extensa bibliografía de esta escritora montevideana que vive desde hace décadas en Barcelona. Allí, en un extracto de una nota publicada en el suplemento cultural del diario El Mundo, el crítico madrileño Ernesto Calabuig escribe: ‘El lector se encuentra aquí ante una sucesión de estampas absolutamente contemporáneas’. Hay libros de cuentos que dejan ver su unidad – la idea que los atraviesa – de forma más clara. Esas estampas de las que habla Calabuig están diseminadas en este libro a lo largo de diez relatos cortos que funcionan como un muestrario en el que Peri Rossi plasma su forma de ver la vida occidental en el siglo XXI, una época en la que, por ejemplo,  hay hombres y mujeres que chatean hasta entrada la madrugada, profesionales que asisten a congresos en hoteles lujosos y se entregan al ocio, mujeres que se internan en hospitales psiquiátricos y calman la angustia con chocolate y pastillas o padres que despotrican contra sus familias y se distraen jugando compulsivamente en la computadora. Todos ellos, que se pasean por escenarios casi siempre cerrados y están atravesados por la soledad, la incomunicación, la pérdida de la libido y el malestar constante, conviven en un ambiente en el que no se terminan de acomodar y en el que aparece, construido con sutileza y de forma omnipresente, la hostilidad y voracidad del sistema económico actual. Es el síntoma de época que la ficción del nuevo siglo viene reflejando y que flota sobre el ánimo de cualquiera que tenga la empatía para percibir el clima de desconcierto en las sociedades actuales. Sobre este período de la historia, que se balancea entre la certeza de que el mundo ha cambiado de forma radical y la noción de que lo que cambia no son los problemas esenciales del hombre sino los canales por donde se filtran, habla, a su manera, Habitaciones privadas, un libro que, aún estando lejos de lo mejor de la obra de Peri Rossi, integra otra pieza del collage narrativo del comienzo del nuevo siglo. Alejo Vivacqua

El astillero, de Juan Carlos Onetti – Eterna Cadencia (2017)

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Esta novela (publicada originalmente en 1961)  es una crónica de la derrota de Larsen, mejor conocido como Juntacadáveres, protagonista de la trilogía de Santa María construida por el autor uruguayo. Su universo literario tiene su epicentro en este paraje rural donde los personajes padecen del dolor de la vida hasta lo más hondo de sus huesos. Larsen vuelve, luego de haber sido expulsado por el gobernador, y se suma a un astillero venido a menos (propiedad de Jeremías Petrus, su némesis) a trabajar como empleado. Se gana la confianza a cuentagotas de sus dos compañeros y de la esposa de Gálvez, el director administrativo, una mujer embarazada con la que vive en un tugurio. Juntacadáveres se va enterando, de a poco, de secretos cada vez más macabros, maniobras oscuras -matufias- que se desarrollaron para mantener la existencia del astillero. Uno de estos hallazgos es el as bajo la manga que el protagonista  de esta historia guarda casi hasta sus últimos días. Su final es trágico, y hay momentos para la irrupción del amor, la muerte, la soledad y el deseo. Todo al ritmo de la prosa onettiana que supo darle un ritmo propio a la retórica rioplatense. Oraciones largas, que a veces abruman, pero que intentan contagiar la sensación de agobio de este pequeño universo. Onetti construye personajes sinceros, desesperados, y una geografía salvajemente cotidiana que devora todo. Pablo Díaz Marenghi

Bonus- Daniel Mella y Ramiro Sanchiz recomiendan:

Daniel Mella: “Hay tres autores que voy a mencionar:

Inés Bortagaray, que tiene dos libros maravillosos: Pronto, listos, ya, y Ahora tendré que matarte. Ella es guionista también. Los libros son maravillosos porque nadie hace lo que Inés hace tan bien como Inés. Leyéndola, uno se descubre respirando frescura.

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El segundo es Leandro Delgado, que tiene varios libros. Mis favoritos: Adiós Diomedes y Ur. Adiós Diomedes es una novela lacónica, ochentosa, melancólica, que funciona como por sustracción. Ur es lo contrario, si es que puede haber un contrario para Ur. Es la imaginación liberada. Por muchos momentos, mientras la leía, tenía la sensación de que el lenguaje estaba haciendo algo que yo nunca había visto, ni siquiera imaginado posible.

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El tercero es Álvaro Pérez García, o Apegé. El tipo tiene dos libros, Injuria y Provinciano. Hace unos años escribió una serie de columnas semanales que se llamaba Ciudad Ocre, y luego la continuó con otra que se llamaba Decirlo todo. Por primera vez en mucho tiempo alguien se acercaba literariamente a Montevideo, buscaba despertar el espíritu de la ciudad por medio de la palabra similar a como hacen los tambores de los negros durante las llamadas. Su estilo es prodigioso, tanto en los libros como en las columnas, que algún editor inteligente habrá de recopilar alguna vez en forma de libro”.

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 Ramiro Sanchiz:

“Agustín Acevedo Kanopa. Los cuentos de Agustín (los de Historias de nuestros perros, sobre todo) son fascinantes y deformes, destellos en la estela postfosterwallaciana: se instalan como una maraña de palabras desde la que van poco a poco asomando escenas y contornos de personajes que se nos vuelven inquietantes a la vez que mantienen su distancia, como si en su literatura cada hijo de vecino escondiera una historia de horror y a la vez una historia de humillaciones y vergüenzas, sepultada a veces no tan en lo profundo. Esas historias, sentimos, están a punto de contaminarnos; pero los seres de palabras que crea Agustín se mantienen en otras órbitas: no les importamos.

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Gabriel Peveroni. No puedo pensar en una novela uruguaya reciente más deslumbrante que Los ojos de una ciudad china, de Gabriel. Allí está todo lo que late y vive en la narrativa del siglo XXI: allí se habla del presente y del futuro inmediato (como en William Gibson), allí se intenta ver qué está pasando y qué seguirá. Una narrativa coral, envolvente, de la que es imposible despegarse; Los ojos…, a su vez, es la primera parte de un proyecto de una ambición única en la literatura latinoamericana contemporánea.

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Fernanda Trías. Tensa, minuciosa, austera y amarga, la narrativa de Fernanda habla de las ciudades del siglo XXI y la gente atrapada en ellas. Y también de la gente que escapa y se mueve por el desierto de lo real, cruza océanos, amasa tiempo y se envuelve en vidas mezquinas y hermosas. Hay que empezar por la novela La azotea y seguir por su crónica novelada La ciudad invencible; después, sólo después, estalla su talento para el relato breve en No soñarás flores. Tres libros imprescindibles de la nueva literatura uruguaya.

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Bonus Track, solo nombres y libros: Amir Hamed (Troya blanda); Martin Lasalt (Pichis); Mercedes Rosende (El miserere de los cocodrilos); Mercedes Estramil (Washed Tombs); Carolina Bello (Urquiza)”. //∆z

 

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