La academia O’ Konor

Arecia_Junio

Semiólogos, filósofos, licenciados en comunicación y sociólogos se prestaron al juego de analizar las canciones del último disco de Él mató a un policía motorizado.

Producción periodística: Pablo Díaz Marenghi y Joel Vargas

Casi desde el origen mismo del rock existe un debate en torno a su crítica. ¿Cómo se debe analizar un fenómeno que atraviesa de raíz a la cultura popular, la juventud y el mercado? En el texto Prensa, periodismo, crítica el reconocido crítico cultural Pablo Schanton echa luz al final del túnel. Escribe: “El crítico necesita sacudir los clichés periodísticos si quiere ser realmente alternativo; (…) el crítico se deja naufragar en un mar de posibilidades igual que un escritor ante el papel en blanco. No en vano, la crítica a veces deriva en literatura o samplea recursos poéticos. No desvía así los objetivos informativos, no escribe ‘cualquier cosa’. Elige una forma más sutil– más artística– de brindar información. Cambia la comunicación convencional por la comunión estética”.

Con el interés puesto en qué y cómo se debe criticar un producto cultural – en este caso una de las bandas más importantes de la escena independiente, la que funcionó como el mascarón de proa para el crecimiento de muchos músicos que le dieron forma a un sonido y a una estética – ArteZeta convocó para la ocasión a voces distintas a las habituales.

Es el turno de que los académicos (muchos de ellos, atentos desde siempre a la relación entre cultura rock y juventud) analicen La Síntesis O´Konor (2017), el sexto disco de la banda platense. Desde la filosofía, la sociología, la semiótica o las ciencias de la comunicación, cada uno de los convocados ahondó en el aspecto que más lo sedujo. Hay espacio para lo estrictamente musical y temático pero también para la parte poética e incluso anecdótica.

En el texto citado al comienzo, Schanton también afirma: “Un crítico no es un universitario aficionado al rock. En todo caso, es un exuniversitario afectado por el rock. En general, los académicos ‘bajan’ al rock ‘a ver si analizamos un poquito ese fenómeno juvenil’, para arrimar más síntomas a sus conclusiones. No pueden incorporar la ESTETOSCOPÍA (visión estética con ritmo de vida) rockera donde la experiencia artística consiguió incluirse definitivamente en la cotidianeidad adoptando y adaptándose a las leyes del Mercado”.

Queda en el lector decidir si los consultados, en el marco de este ejercicio lúdico que proponemos, lograron sortear el desafío con destreza. A modo de establecer algún tipo de orden decidimos encargarles a cada uno un breve análisis de alguna canción particular del disco. Y, al final del texto, se adjunta una breve biografía suya.

Track 1: El tesoro”, por Rafael Blanco*

Agregué “El Tesoro” a una playlist que armé para el primero de una serie de viajes cortos; le presté más atención cuando la escuché a la noche en el colectivo de larga distancia con auriculares, en repetición. Hago compilados casi desde que tengo mis propias bandas y solistas; junto canciones que escucho en determinado momento con algún criterio para nada musical: los motivos son siempre caprichosos, biográficos. “El Tesoro”, con el paisaje reiterativo de una ruta que hice mil veces de fondo, me preció un hermoso y conocido  lamento obsesivo (“ay, ¡paso todo el día pensando en vos”! / “ay, ¡todo lo que hago es para vos!”), culposo (“¿qué hay de malo en todo esto?” / “Vos pensás que pierdo el tiempo/ perdón si estoy de nuevo acá”), melancólico (“Me gusta estar de nuevo acá/ aunque no hayas preguntado por mí/ Voy a quedarme un poco acá/ cuidarte siempre a vos en la derrota”), pero sobre todo: una mínima y reconfortante canción de desamor (“Es la depresión sin épica”).

Este compilado que llevo en el teléfono se llama “Primavera 2017”, no hay sorpresas ni misterios, es uno más en la serie de otros anteriores que repiten nombre de estación – año, como Otoño 2017, Primavera 2016 y así. En esta lista, El Mató no comparte espacio con las bandas con las que suele conformar “un fenómeno emergente”, “la escena indie”, o las que asimilan los algoritmos de las plataformas de streaming según comunidades de gustos. Agónica, insistente y en serie con ese qué-placer-esta- pena, motivado por mi humor, El Tesoro viene después de “Influencia” de Charly y antes de la que cierra el playlist: “Your Silent Face” de New Order.

*Es Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Se especializó en el estudio de la experiencia estudiantil universitaria contemporánea. Actualmente es Docente Regular de las materias Comunicación y Educación, y Taller Anual de la Orientación en Comunicación y Procesos Educativos de la Carrera de Ciencias de la Comunicación, Facultad de Ciencias Sociales, UBA. Es Investigador Asistente del CONICET. Dirige e integra proyectos de investigación sobre experiencia estudiantil, juventudes, géneros y sexualidades. Editó recientemente el libro Universidad íntima y sexualidades públicas. La gestión de la identidad en la experiencia estudiantil (Miño y Dávila, 2014).

Track 3: “La noche eterna”, por Gustavo Varela*

Es un tipo de tema road movie. De no terminar, de ir siempre, de dejar atrás. El tema no termina solo, no se acaba solo, es de cierre obligado, de clausura. Alguien sentenció que el tema termine.

Me hizo acordar al tema de Spinetta llamado “200 años” (del último disco de Invisible). Un recorrido en barco por alta mar. Y las olas, que en la música son una sinuosidad permanente, una vibración. La noche eterna es un tema de olas, de navegar. De seguir y seguir.

Celebro el modo en cómo está grabado. Lo escucho desde You Tube, que es como escucharlo con un compresor de un Fiat 600, y el sonido, igual, envuelve grosso. Señal que puede caminar por el barro y no ensuciarse. Salud a la banda por ello.

La letra, no sé. Soy un poco viejo para valorar el presente. Esta letra es puro presente: hoy, voy a robar, sé que el cosmos cuida. “Voy a derrumbar mi casa y empezar de nuevo” me gusta. Son todas metáforas vitales; esta frase, en cambio, me parece de mudadora, de camión enorme. Empezar de nuevo no es cambiar, es salir de cero. Como una casa, más un destino que una elección.

*Doctor en Ciencias Sociales, investigador, docente de la Universidad de Buenos Aires y de la Fundación Universidad del Cine. Es director académico del posgrado de Historia Social y Política del Tango Argentino en FLACSO. Ha dictado conferencias y seminarios en distintas universidades extranjeras. Es autor de los libros Mal de tango (Paidós, 2005), La filosofía y su doble: Nietzsche y la música (Libros del Zorzal, 2008), Tango, una pasión ilustrada (Lea, 2010), La Argentina estrábica (Godot, 2013), Tango y política (Ariel, 2016).

Track 5: “Las luces”, por Ornella Boix y Pablo Semán*

De una complejidad a otra, del rock que suena a motores a las máquinas, de la tierra al cielo, “Las Luces” es un recorrido recordado, expuesto y al mismo tiempo actuado. Las referencias sonoras son citas de autor, pero también de oyente: de Sonic Youth a Embajada Boliviana, Los Planetas y el krautrock. Autobiografía existencial que atestigua también la eficacia de las plataformas culturales de una época: al archivo sonoro potencialmente infinito se le agregan tecnologías de grabación impensadas tiempo atrás y ahora democráticamente disponibles, puestas a trabajar en redes de amistad, música y gestión, como lo son los sellos musicales independientes.

No es posible hacer oídos sordos al sonido inicial, un arranque en el sentido más literal de la palabra, a la velocidad crucero en que se instala la canción en la mitad del camino y la desembocadura que es un ascenso a un punto de mira más alto y retrospectivo. Del rock como música de máquina industrial a las máquinas digitales habitando el corazón del rock. “Las luces” es un punto de quiebre en un disco que continúa el sonido y el universo de sentido de El Mató, incorporando en el centro de su trabajo sintetizadores, teclados y toda una serie de detalles producidos digitalmente. Esta novedad, junto con la calidad del audio -una preocupación “profesional” ya presente en La Dinastía Scorpio y en muchas bandas de su camada otrora cultoras del lo fi-, vuelve a señalar que el indie siempre fue más una manera de hacer y de habitar, acomodada a sus emplazamientos, que un código estético fijo o una forma de identificarse.

Como en un círculo concéntrico contenido en la música, pero dinamizador del recorrido, la letra es un juego de oposiciones irresolubles entre la tierra y el cielo, extremos recurrentes en la temática y el espíritu de sus discos anteriores. No como lugares geográficos sino como espacios anímicos: la tierra del desánimo y las frustraciones contra la tierra intuida, pero todavía no halada, del remanso al que la música anuncia como se anuncia el fin del mundo o la tierra prometida: siempre un poco más allá.

*Ornella Boix es Licenciada en Sociología, Magister en Ciencias Sociales y Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de La Plata e investigadora de CONICET. Su tesis de maestría se titula: “Sellos emergentes en La Plata : Nuevas configuraciones de los mundos de la música”. Forma parte del libro Gestionar, mezclar, habitar: claves en los emprendimientos musicales contemporáneos (2017), EPC Ediciones.

 *Pablo Semán es sociólogo de la Universidad de Buenos Aires y doctor en Antropología social por la Universidad Federal de Rio Grande do Sul. Escribió y compiló junto a Pablo Villa el libro “Cumbia, nación, etnia y género en América Latina” y, junto a Guadalupe Gallo  Gestionar, mezclar, habitar: claves en los emprendimientos musicales contemporáneos (2017), EPC Ediciones.

Track 7: Destrucción”, por Jimena Jáuregui*

¿Cuánto nos importa lo que los demás opinan de nosotros? ¿Cuánto nos afectan los comentarios en tiempos de redes sociales e hiperconectividad cuando esa única respuesta que esperamos tarda en llegar? Si lo que digan te destruye, te paraliza, no te deja salir, esta canción moviliza a reconstruir e intentar nuevos comienzos.

Ideal para escuchar con auriculares y enfrentar el afuera, se disfruta desde la primera vez y no permite quedarse quieto. Viajando, caminando, avanzando. El ritmo se mueve arriba y a lo largo de una especie de metrónomo bailable que recuerda que todo pasa rápido pero que si el día está perdido otro está por llegar.

Y porque también es música de su época, se sostiene autónoma, se desprende del disco. Danzante, envolvente, entre aplausos. La guitarra por delante y el sintetizador que llega sobre el final liberan el germen de una zapada que invita a imaginar una versión extendida y en vivo.

“No me dejes así, quiero volver a empezar”, se canta al inicio y así son las ganas de que vuelva a sonar. El tema no te suelta, es un hit, es un loop, se renueva con cada escucha y con cada intento de dejar de oír aquello que destruye.

*Licenciada y Profesora de Enseñanza Media y Superior en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires. Participa del proyecto UBACyT Letra, imagen, sonido. Convergencias y divergencias metodológicas y teóricas en el estudio de las relaciones entre los medios y el espacio urbano, en cuyo marco es becaria de doctorado en Ciencias Sociales, dirigida por José Luis Fernández. Desde sus comienzos en la investigación como becaria estímulo UBACyT se ha dedicado al estudio de la historia del tango en los medios de comunicación. Se encuentra realizando el Doctorado en Ciencias Sociales (UBA).

Track 8: Excalibur”, por Amparo Rocha Alonso*

Repetición y diferencia

¿Por qué?, me pregunté todos estos días, desde que me encargaron que escribiera sobre “Excalibur”, canción del último álbum de El mató a un policía motorizado. ¿Por qué?, repite la canción, y poco más: ¿Por qué tuviste que decirme eso?

Enigmático, y desafiante también. Una banda que conozco solo por referencias y una canción que termina apenas empieza. Y lo más difícil: la propuesta toca mi almita de garaje que tengo guardada desde la adolescencia, pero aquí estoy en función de un presunto saber académico. (¿Por qué habré agarrado viaje?)

En fin: consultas y escucha de discos, por esto de texto, contexto y cotexto, hasta que, angustiada y con la página en blanco, vuelvo al ejemplo de Wallander, de Harry Hole y del maestro Peirce: la primera impresión. Y acá vamos.

Selección y combinación: toda producción de sentido se hace sobre estos dos ejes. A partir de un repertorio de posibles sonidos (timbres, colores) y posibles palabras se toman algunos y se combinan en sucesión y en simultaneidad. Tan simple como eso. Y en este tema, que suena muy simple, la elección ha sido menos es más.

Repetición y diferencia: toda producción de sentido es también lo dado y lo nuevo. La percepción, la mente agrupan, reconocen, se alegran con la vuelta de lo conocido y, en la redundancia, con la irrupción de la novedad. (Pobre Funes, condenado a vivir en la infinita multiplicidad de lo único). Nosotros, pobres mortales, sentimos placer cuando a la guitarra pelada y dulce se le suman hacia el final unos tecladitos y efectos de lo más naif. Dentro y fuera: junto con el tema que da nombre al disco, “Excalibur” hace diferencia en el álbum: en su caso, por melancólico y minimal.

Elogio de lo pequeño: “Excalibur” viene a cumplir el papel del tema pequeño pero entrañable del álbum. Todos tenemos nuestra lista personal de aquellos poemas-manzana que no compiten con el gran tema, pero que atesoramos principalmente por eso, por recordarnos que lo pequeño es bueno y saludable cuando el mundo nos acosa con tanta inflación de palabra y sonido.

Y sí… me encantó la banda.

 *Licenciada en Letras, (Facultad de Filosofía, UBA). Adjunta de Semiótica de los Medios II de la carrera de Ciencias de la Comunicación, Facultad de Ciencias Sociales, UBA) y Adjunta a cargo de Sociosemiótica de Comunicación, FACSO, UNICEN. Participa en investigaciones sobre discursividades mediáticas, música y procesos sociales y dispositivo pantalla. Ha publicado artículos sobre música, cine, discurso político y semiótica general.

Track 10: “Fuego”, por Ricardo Terriles*

No es la primera vez que la banda remite al fuego en el título de sus canciones: me entero que otro de sus discos cierra con un tema que se llama “El fuego que hemos construido”.

Gastón Bachelard decía que en la amplísima poética del fuego (que atraviesa a todas las culturas) éste aparece como “un dios tutelar y terrible, bondadoso y malvado”. Así se entiende la ambivalencia del fuego, que puede darte calor, pero también te puede quemar.

Al escuchar “Fuego”, uno sospecha o imagina que hubo un fuego que ardió y dejó su huella. Un fuego que alimenta la cadencia suave pero a la vez firme de la canción, una pulsación regular que crece en intensidad a través de la voz de Santiago Motorizado.

Contra la insistente tendencia a encontrarle un significado preciso a la letra de una canción, debemos recordar que a veces una palabra vale más por su sonido que por su sentido. Así y todo, uno puede pensar que “Fuego” nos cuenta una historia de desencuentros, de búsqueda y de redención. Hay alguien que lucha, que no puede quedarse dormido porque de ello depende el orden del mundo. “Ahora soy mejor, te juro, soy mejor”: en la fragilidad de toda promesa yace también su fuerza, su apuesta por demostrar que esta vez sí, esta vez todo estará bien.

*Docente de la Universidad de Buenos Aires, Jefe de Trabajos Prácticos de la Cátedra Gasssman de la materia Teorías y Prácticas de la Comunicación III, especialista en análisis del discurso. //∆z

One thought on “La academia O’ Konor

  1. en serio hay que ser “semiólogo” para escribir “deal para escuchar con auriculares y enfrentar el afuera, se disfruta desde la primera vez y no permite quedarse quieto. Viajando, caminando, avanzando. El ritmo se mueve arriba y a lo largo de una especie de metrónomo bailable que recuerda que todo pasa rápido pero que si el día está perdido otro está por llegar”

    es de capusotto esto muchachos. déjense de joder

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