La bomba

Arecia_Junio

Por Gustavo Grazioli

En una época las horas me alcanzaban para hacer muchas cosas y, entre tanto, una de ellas era hablar de música con mi gran amigo Adrián Coba. Un brillante guitarrista y artista de Aldo Bonzi. El tiempo, disciplinador de las elecciones, después nos distanció un poco, pero los recuerdos siempre están y me llevan a esas tardes en las que un nombre no paraba de sonar de su boca. Javier Martínez, repetía con esmero. “¿Nunca escuchaste el disco de la bomba?”, me preguntó sorprendido. Al ver que solo atiné a una especie de balbuceo, agarró la computadora, seleccionó YouTube y en el buscador puso la palabra Manal. Entre todas las opciones salió una que decía: “1970 – Manal – Manal (full álbum)”. Puso play y lo que se escuchó fueron los acordes encantadores de “Jugo de tomate”. “Como puede ser que no hayas escuchado esto”, insistía, mientras tarareaba la parte donde explica como triunfar con las mujeres. “Tendrás que ser un poco inteligente/ tener dinero y buena voz”.

Aquel momento fue un antes y un después, porque de ahí en más ese disco fue el leitmotiv de muchas situaciones de mi vida. Tuvo espacio en todos los estados. Caminatas, viajes, peleas de pareja, mientras estudiaba o mismo cuando escribo alguna nota. La voz de Martínez y sus letras pasaron a ser el punto de partida de las cosas que me embarqué a hacer. Por eso, para terminar de sellar un amor incondicional, fui en busca de la remera del disco de “la bomba”. Pasaron años hasta que esa búsqueda cesó. No fue hace tanto (cuatro años diría). Caminando por Av. Corrientes, como suelo hacer cuando salgo del trabajo, pasé por la puerta de una disquería que está casi llegando a Av. Callao. Ahí había varias remeras que colgaban arriba de una batea de vinilos. Hurgueteando las perchas, pasé distintas, todas comprables y llegué al objetivo deseado. La remera amarilla con las tres caras formando la bomba.

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Debo reconocer que la usé poco para que no tenga que pasar por esa cámara torturadora de algodón que es el lavarropas. Hasta ahora conserva muy bien el dibujo y la estampa no agrietó. En la jerga de las madres, si pasaba esto de tener ocasiones de uso, se decía que era la que se designaba para salir. La realidad es que las pocas veces que hice uso de la remera fue para ocasiones que consideré especiales. Por ejemplo tocar con mi banda Manzanitas o para ir a hacer una entrevista en la que sentía muchos nervios. En todas las oportunidades el amuleto Manal no falló. Todavía conservo ese recurso, ya sea para momentos apremiantes o en los que hay lugar para relajarse y ver qué pasa. Este trío, considerado como fundacional de nuestro rock, fue el termómetro de momentos y pensamientos. En este universo vestido de música y letras empecé a fabricar parte de mi cosmovisión. Y mi remera no es más que un homenaje a todo eso.

Esto lo esperé tanto/ que casi no sé que hoy llegó/ Trampas de vivir siempre/ sin ninguna explicación/ No miro el techo para ver más que yeso/ y la ventana me sirve para mirar/ un edificio con gente que desayuna/ se peina y fuma en la rutina de continuar, cantaba Martínez en “Informe de un día”. Una canción que se lubrica de una mirada existencialista y que va en busca de quebrar el horizonte acotado de la cotidianeidad. Que mejor entonces que tener como portada de una remera a uno de los mayores poetas de esto que denominamos rock. Y tal vez, como apura el estribillo de este mismo tema, esta reflexión solo me sirve/ para tomarme un café/ y el amanecer que ahora me espera/ es garantía de mi fe.

Gustavo Grazioli: Nacido en el ’87, hincha de River. Realizó estudios de comunicación social pero no los finalizó. Por orden de la desesperación existencial se lanzó a la escritura y sin concebir otra forma de aceptar lo absurdo de la vida, no hace más que malgastar noches tratando de escribir. Al leer los diarios de John Cheever comenzó a dedicarse al periodismo cultural y colabora en distintos medios como Sudestada, La Agenda de ideas y cultura de la Ciudad, Brando, diario Popular, Acción, Haciendo Cine, Billboard, Crisis, Viva, entre otros. No participa en concursos de escritura porque nunca gana y ahora prepara un libro de cuentos que no sabe cuándo lo va a terminar porque lo vive corrigiendo. Publicó los libros de poesía “No Es La Muerte De Nadie” (Wu Wei) y “Luchando Por El Metal” (Peces de ciudad). Canta en la banda Manzanitas, oriunda de Aldo  Bonzi.

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