Santiago Capriglione: “Nada parece auténtico cuando viene del mercado”

Santiago Capriglione cuenta cómo fue grabar su primer disco solista, una de las joyitas de 2011 y nos habla de cómo el mercado discográfico atenta contra los artistas.

Por Martín Barraco y Joel Vargas
Fotos de Pablo Lakatos

“¿Dónde carajo estaciono?” Es la pregunta que sale disparada del Renault 6 que conduce Santiago Capriglione una tarde de sábado en la intersección de Avenida Córdoba y Julián Álvarez. Autos por todos lados, gente que aprovecha la tarde agradable para pasear en familia o en pareja y ver vidrieras de comercios. Tras varias idas y vueltas, logra estacionar y posa divertidamente para nuestra sesión de fotos, tan colorida como la tapa de su disco Subibaja, cuyas once canciones son una bocanada de aire fresco, un sonido personal, distinto y atrevido, que lo pone por primera vez al frente de un proyecto con un futuro prometedor.

Nuestra misión con el bajista es otra: hablar con él sobre su carrera y proyectos, sobre su primer álbum Subibaja y sobre su rol dentro de la movida musical de la zona oeste del Gran Buenos Aires. “La verdad que cuando lo grabé no pensé demasiado en la repercusión porque lo quería hacer, era una cuestión personal. Era como dar el primer paso y ver de qué se trataba”, comenta ya sentado en un bar, recordando los primeros pasos allá por 2009 en el subibaja que es sacar un disco solista. “Lo empezamos a grabar con Leo (Ghernetti) en el 2009, me parece. Tardamos un montón por tiempos de ambos. Después hubo un impasse muy grande de mezcla, y debo decir que Leo me colgó un tiempo largo”, dice entre risas, haciendo más distendida la charla.

 

AZ: lo ponemos de título: “Leo me colgó”.

S: me colgó, sí. Está bien, tuvo un hijo en el medio, entonces no lo terminábamos de mezclar más y empezó a salir mucho laburo. Cuando empezamos estaba con mucho menos trabajo, pocos discos y después hizo veinte discos. Y después el mastering… todo es largo, todo es un proceso sobre todo cuando hacés todo vos solo. Yo no había armado banda. El disco lo armé yo, demié yo, todo en casa. Terminé llegando a Leo y empezamos a grabar entre los dos, invitamos a músicos y así fue. Todo hecho en casa.

AZ: ¿Por qué justo en esa época? ¿Por qué no lo sacaste antes el disco?

S: porque te cuesta mucho abrirte y enfocarte a hacerlo. Yo muchos años toqué con mucha gente, con Shambala y todas las bandas Yatay, y ese tiempo dejé de hacer canciones. También me puse a estudiar música y dejé de escribir, y hasta de escuchar música cantada. Fue como un proceso personal que te pasa. Escuché mucho Jazz y Piazzolla. Era fanático de eso, me encantaba y un par de videos musicales son de ahí. O sea, no tiene nada que ver con lo que hago pero como que me parece increíble.

AZ: ¿Vos ves algo de eso en el disco o es puro Capriglione?

S: no, nada que ver, hacían otra música. A mí parece raro cuando preguntan cuáles son tus preferencias y dicen Debussy, Bach, Ravel, un poco de los Rolling Stones… y vos escuchás, decís “nada que ver”. Sí, a mí me encantan y está todo bien, pero no. Me parece que no tiene nada que ver (risas). Ellos nunca enchufaron una (guitarra) eléctrica. Piazzolla alguna vez pero haciendo otra cosa, otro mundo musical. No sé, te lo dejo a vos…

AZ: recién mencionabas la movida Yatay, que tocaste con Shambala, con Guille Beresñak, y tu disco se escapa de lo que es el sonido que envuelve a esas bandas y es una sorpresa, teniendo vos tanto contacto con esa escena. ¿Cómo viviste vos el proceso de colaborar con ellos y cuál fue la reacción de ellos con Subibaja?

S: por eso yo siempre me fui de las bandas, porque tocaba cosas que del todo no me cerraban, no me gustan del todo. Me gustan de otro palo quizás. Me sorprende más otra cosa.

AZ: no te convence el reggae, el tropi-core latino…

S: no me copa mucho, no. Bob Marley lo escuché mucho en su momento, y cuando empezaba a tocar reggae, que después toqué mucho y que me gusta tocar mucho, ya no lo escuchaba más. Después toqué todo Shambala, después en Tamarisco… y ya casi estaba escuchando bandas nuevas. Me decían “salió el disco nuevo de Aston Barrett”, y yo decía “ah bueno”. Como que ya estaba en otra música, porque lo que me pasa con el reggae es que escucho y los discos nuevos tienen sus cosas buenas pero siguen siendo muy similares a otros en muchas cosas. Entonces me sorprende menos y me aburre… como que todo el tiempo estoy buscando, ver qué cosa nueva escucho y que me cope.

AZ: ¿Te sorprende la explosión del reggae que hay acá en Argentina?

S: justo ahora no estoy metido. Mi cuenta bancaria lo lamenta (risas). No sé, acá todo explota tarde en comparación a otros lados. Por ese lado, sería como razonable también, porque el reggae en el resto del mundo pasó hace veinte años y ahora acá… y así varias cosas. Es algo que también tenía que pasar en algún momento porque hay muchas bandas buenas que tocan bien y que suenan bien, que están buenas, y hay mucha gente escuchándolas. Y las grandes compañías dijeron “vamos a apostar acá”. Y con eso, bueno, las revistas… Sumo vuelve a ser una banda de culto, se vuelven a vender discos o iTunes, o lo que sea y, bueno, son todas estrategias comerciales. Acá nada parece auténtico cuando viene del mercado porque es como… los productores que laburan mucho no son tipos que te cambien, no te hacen flashear con lo que hacen. No son, este…

AZ: … Danger Mouse, Pharrell…

S: o Nigel Godrich, el de Radiohead… esos tipos que siempre están buscando una. Te puede gustar o no, algunos son buenos o malos, pero acá es como que va la receta, lo que funciona. Y si escuchás la radio te das cuenta.

AZ: más que sorprender, van con un plan…

S: parece un plan. Yo lo veo y para mí es un plan, sin dudas. Es una cuestión de marketing.

AZ: también fijémonos cuando explota el reggae acá. En una escena post Cromañón, y era un ritmo más tranquilo y no tan de agite como el rock chabón o de bardo. Si lo mirás de ese lado…

S: eso es más sociológico, más profundo. Puede ser.

AZ: volviendo un poco más a tu carrera. Vos tocaste y tocás en diferentes proyectos. ¿Cómo es acoplarse a esos proyectos y estar a la vez en todo, tocando con diferentes personas?

S: es re difícil. Estás rebotando… está bien, está buenísimo, pero llega un momento que te cansa, y aquí mi cara (risas). Porque tenés que ensayar, tenés que tocar… yo cada vez pongo un poco más de límites porque no te queda otra. Si pudiera lo haría todo el tiempo, pero también hay que laburar, pagar las cuentas, todo y muchos proyectos no te dan plata. Tocás porque sí prácticamente, porque la plata que ganás no te sirve para nada, más como está hoy todo. Es a puro huevo.

AZ: ¿En cuántos proyectos estás ahora?

S: estoy tocando con Guille, con mi proyecto, con Palo Pandolfo y con Marcelo Ezquiaga.

AZ: si tuvieras que describir a los jefes de cada proyecto, Guille, Palo, Marcelo y vos como jefe de tu proyecto, ¿Qué podrías decir de cada uno de ellos?

S: ¡todos dictadores! (risas). Y cada uno tiene su particularidad. Es todo un tema estar ahí adelante, ¿eh? El músico en general es medio trabado y con su ego… todos tenemos un ego ahí y en la sala con el instrumento es como que no te podés meter. Es como si fuera “a mi novia no la mires”,  y a veces se pone medio así en la sala. Te ponés así. Y es como rarísimo. Lo pensás de afuera y es erróneo, estás haciendo algo para compartir, para que circule, y estás como encerrado. Es un problema de los músicos creo. Capaz que en otras estructuras pasa, pero en los músicos es muy claro. La vía comunicativa vertical puede fluir o no, depende de cada uno, pero solamente esa. El resto, la mayoría son todos trabados, increíble… complicadísimo.

AZ: pero estando vos en las dos veredas, ¿entendés vos decisiones que capaz fueron en tu contra y ahora como cabeza de proyecto ves las decisiones que tenés que tomar vos?

S: depende para qué. Si vos me decís “hago esto para pegarla”, es decir, si lo hacés con un objetivo, está bien. Hay veces que la música la hacés porque sí. Entonces como medirlo de ese lado cuesta. Después a lo que pregunta sobre cómo es ese rol, cuando yo empecé a armar la banda, al principio dije “de los que grabamos el disco, acá en la sala no hay ninguno. Por distintos motivos no hay ninguno, entonces hagamos las canciones como querramos”. Pasaron seis meses, y no había nada. No había nada. Y todos decían “¿Qué onda boludo?” O sea, todos tocan fenómeno, todos tocan en otras bandas y no podemos sacar un tema que ya está? De última, esto está bueno, sale y lo tocamos así, esto no… no pasaba nada.

AZ: alguien tiene que ponerse en ese rol…

S: sí. Nos pusimos a charlar y dijeron “está bueno que vos nos digas…”. Hay que ponerse la cinta de capitán y levantar los brazos como Roger Waters, y así. Me sorprendió en su momento, porque además ponerte ahí cuando estuviste del otro lado, es como raro. Porque ves eso que decís si les molestará o no sé qué. En definitiva cuando estás en esa gimnasia, empieza a fluir. Y eso que nosotros somos un grupo de trabados importantes.

AZ: ¿Por qué los invitados, esos invitados? Porque hay varios, especiales…

S: preguntame cada uno y te digo.

AZ: por ejemplo Artifex. ¿Lo invitaste porque iba para esa canción?

S: si, yo te diría algo así. Fuimos, vinimos que no sé qué, iba a venir algún amigo mió, más amigo. A Artifex lo conozco hace mucho pero nunca fui amigo. Está todo bien, pero no soy amigo así que me junté con él toda la vida. Me lo crucé en alguna fiesta. Y un día apareció porque Leo le hizo los discos. Entonces apareció ahí, le dijimos, se copó, le gustó y tiró unas cosas así, ligado a la temática. Fue más por Leo que por mí. Lo hizo Leo eso. Y todo el zapeo que hizo es absolutamente de ahí, de zapeo. De él, lo cual para mí es buenísimo. No le dije nada. O sea, tiró algunas ideas primero por un lado. Al escuchar la canción tiró una idea por un lado y le dijimos que iba más para otro lado. Tiró otra, armamos ahí y quedó eso que cierra. Me re copa. Así, fue casual. Yo estaba abierto a que venga y toque gente con la que no solía tocar, para que no me suene como sonaba todo, ¿entendés? Sino suena todo igual siempre.

AZ: más allá de eso, también está Juanito…

S: Juanito está…

AZ: está Guille Beresñak…

S: no, Guille no está. En un momento lo iba a hacer cantar algún tema y las voces las terminé grabando yo en mi casa, solo. Porque estábamos ahí medio trabados con Leo, no avanzábamos nunca. Él había empezado a laburar y dije que las grababa yo así nomás y me puse a grabar solo, que fue un laburo… yo no había cantado nunca en la vida y grabar solo es peor, porque no hay nadie que te aprete Rec. ni que te dé una indicación. Entonces era grabarte, escuchar, decirte “esto está bueno… esto es un garrón, es una mierda… Esto va por acá, vamos de nuevo”. Terminás eso, la primer voz, y después los coros… días en un cuartito. Yo vivía en Caballito, tenía un cuartito, la típica piecita de arriba. Ahí con la compu, un mic para grabar y ahí dándole en el cuartito, horas. Y me quemé el bocho. Además tuve que elegir después. Tenía tres tomas por cada uno… y estás todo el día. Deben haber sido dos o tres meses de eso y de pulir otras cositas, y solamente yo haciendo eso. Creo que fue un verano. Además me cagué de calor… enero, febrero de 2010. Sin aire, sin nada, durísimo. Era prender el ventilador, apagar, escuchar, Rec.! (risas) Terminabas la toma y gotas. Gotas y gotas de sudor, en cuero… durísimo.

AZ: y las letras… se refieren a la vida en general ¿Las letras del disco son auto referenciales?

S: sí, muchas son auto referenciales. La mayoría es auto referencial. De un momento x. Alguna no… alguna quedó afuera. Tampoco pensaba… son cosas que tenían que ver conmigo, no fue como cuando contás una historia de otro. En algunas sí.

AZ: ¿Y cómo fue el proceso de escribir?

S: estuvo bueno. Lo empecé a hacer antes… creo que en 2005 o 2006, en esos momentos en que se te cruza todo. Yo siempre de chico… Me gusta leer mucho, libros de toda índole.

AZ: ¿Por ejemplo?

S: Kundera. Es un ídolo. La Insoportable Levedad del Ser es de los libros que más me gustaron en la vida. Y La Risa y El Olvido de Kundera también es increíble. Y después leí una bocha. No sé… García Márquez, de chico lo leí una bocha, todo lo que había sacado… de Borges leí un poco. No me gusta tanto Borges, pero leí bastantes libros. Sábato… cuando los leí a los dieciocho me encantó, leí tres libros y un par de ensayos. Dostoievsky… Escribía cosas de chico. Cuando empecé a tocar dejé de escribir, viste que te decía antes…

AZ: ¿escribías letras o cuentos?

S: escribía letras antes de dedicarme a esto. Yo tocaba la guitarra de fogón y había hecho alguna canción (risas). Y me copaba, pero no… yo me dedicaba a otra cosa. Después de años, ser músico, sacar un disco. Abrís la puerta y decir “bueno, este soy yo” es difícil. Es muy difícil.

AZ: es complicado poner el nombre también. Si es una banda es otra cosa, pero acá es Santiago Capriglione.

S: sí, sí. Poner el nombre fue… no sabía que nombre poner. Nico Pulso me decía “¿Por qué no ponés tu nombre?” La primera vez que toqué, tocamos con él y él me decía. Le hice caso a él creo. Tenía alguno que podía ser pero como que no me terminó de cerrar, de crear ese personaje.

AZ: ¿Salir con otro nombre es construir una nueva identidad?

S: puede ser. Hay algunos que tienen otro nombre y… Guille (Alonso) es Coiffeur y también… el primer disco son canciones auto referenciales, pero él decidió salir como Coiffeur. Le cerró por otro lado, yo capaz que no encontré algo que me cierre así o no busqué tanto quizás, no sé. En un momento dije “bueno ya fue”. Aparte no es tan importante de última, ya fue…

AZ: las que hablan son las canciones digamos…

S: sí, es así. Si fuera tan importante ponerte un nombre, Soda Stereo no hubiera existido como la banda increíble que es. Rolling Stones, Redonditos de Ricota… Cualquier banda, vos ves los nombres y decís “¿Qué es esto?”. Los nombres son patéticos. Entonces ya fue.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *