¿Quién mató a Rosendo?

En época de tiempos violentos entre sindicalistas y gobiernos de facto, el periodista Rodolfo Walsh reconstruyó la historia de un crimen, edificando, a su vez, el mito de su propia persona.

Por Julieta Redondo


Amistades dudosas, sindicalismo corrupto y un tiroteo entre dirigentes que termina con tres vidas, son el eje de ¿Quién mató a Rosendo?, del escritor y periodista Rodolfo Walsh. El libro reúne notas del autor que fueron publicadas en el semanario de la CGT durante 1968. Por aquellas épocas, el semanario era clandestino y lo editaba un grupo de gremios peronistas, opositores a la dictadura de Onganía.

En 1966, Augusto Vandor era secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y todavía el mayor referente del sindicalismo peronista, pese a que su vínculo con Perón estaba extremadamente deteriorado. Desde España, el general criticaba duramente las políticas en favor de intereses personales y el amiguismo de Vandor, el abandono del obrero y las negociaciones sucias con los patrones de la industria. El sindicato metalúrgico perdía miles de afiliados año a año. Walsh condensa, en una sola frase, el método vandorista: “El que molesta en la fábrica, molesta a la UOM; el que molesta a la UOM, molesta en la fábrica”.

A medida que Vandor perdía popularidad y se aferraba al poder, su mano derecha, Rosendo García, ascendía en su carrera política. García era secretario adjunto de la UOM y se barajaba su candidatura para la gobernación de Buenos Aires por el peronismo vandorista.

El 13 de mayo del 66, Vandor, García y un grupo de colegas metalúrgicos se reunieron en la confitería La Real de Avellaneda, donde también cenaba un grupo de trabajadores y delegados de la resistencia peronista. Un intercambio verbal, a raíz de miradas desafiantes, terminaron en peleas a golpes y un tiroteo, en el que murieron Rosendo García, del grupo de Vandor, y Domingo Blajaquis y Juan Zalazar, del grupo de la resistencia.

Para esta no-ficción, Rodolfo Walsh encaró una investigación que reunió datos de pericias balísticas, testimonios, declaraciones de los propios sobrevivientes del ataque y dichos posteriores de los sindicalistas. Las palabras de Francisco Alonso, Nicolás Granato, los hermanos Raimundo y Rolando Villaflor -del grupo de la resistencia, presentes en la balacera- y de su abogado defensor Norberto Liffschitz, permitieron al autor conocer una versión no manoseada por los metalúrgicos ni los medios. Con precisión y su reconocida elocuencia, el autor reconstruye la escena, con la ubicación de los actores, el origen y la dirección de los disparos. Contrapone, en varias ocasiones, los datos obtenidos en las entrevistas con la información de los expedientes judiciales del proceso legal iniciado por los sobrevivientes. Unos años después, suma al relato declaraciones de un miembro del grupo vandorista, Norberto Imbelloni, que se alejó del líder de la UOM. Esta versión posterior, que se supone de notable credibilidad por haber formado Imbelloni parte del círculo de Vandor, cierra el ensayo y permite iluminar las zonas oscuras.

La pluma de Walsh es famosa por su compromiso social, compromiso que alcanzó su punto más alto tras escribir la ¨Carta Abierta de un escritor a la Junta militar¨, donde criticó con dureza los procedimientos de la dictadura de Jorge Rafael Videla, iniciada en 1976. La Carta, que firmó con su nombre completo y cédula de identidad, le costó su desaparición y su vida un año después. Es, desde entonces, ícono del periodismo, la literatura, la militancia y los valores.

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